Vivaldi, Carpentier y yo. Víctor Ávila.

Alejo Carpentier desde 1974 me adornaba un concierto barroco de Vivaldi de 1733. Acabada la novela fui a oír la ópera que se menciona, se llamaba Motezuma, era un drama de tres actos, la cual, en la novela, el criollo reprobó por falta de veracidad.

En somnoliento parpadeo la pomposa obra musical ya casi terminaba, cuando en el tercer acto, un notorio y popular violín me despertó de un sobresalto, atento me hundí en lo que parecía ser La primavera, justo el primer allegro de las cuatro estaciones, sin embargo, acá en Motezuma era tal el parecido que dudé si seguí en ese drama, y era cierto, seguía ahí, pero en esta ópera era un coro, era el canto de un guerrero el que repetía la famosa armonía. Para que no hubiera duda, volví a escuchar esa parte y lo comprobé, oh vaya, esto me hizo sentir alegre. ¡Entusiasmado la señalé, me reí de su variante, me sentí dichoso de escuchar como Vivaldi se reescribía, se corregía, podría decirse que se plagiaba a sí mismo! Él tenía este canto alegre para sí mismo, el cual siempre volvía a sus obras; era su pequeño retorno, su ritornello que saltaba entre obras y piezas. Que hermosa era la composición.

Les comparto primero el extracto de Motezuma, el tercer acto justo en el coro.

Ahora, la célebre primavera.

Arrebatado, como me imagino que también han de estar ustedes, decidí investigar un poco más, ver qué opinión tenían los amantes de la música ante tal composición, pero, ¡oh desdicha! aquí acaba la ensoñación amigos, aquí es donde el capricho, por querer llegar al fondo de las cosas, corrompe el buen espíritu del hombre que descubre algo y que debió quedarse ahí sin más ni menos. Quedarse con esa dicha, ser alegre y conformarse, pero no, damas y caballeros, no pude quedarme ahí y tuve que indagar.

He aquí lo que encontré, una versión bastante diferente del canto del guerrero:

Aturdido y molesto, como el criollo de la novela ante tal bochorno de que la verdad florezca, busqué porque era tal la diferencia entre la misma composición, siendo la misma obra, y pronto tropecé con esta noticia:

Motezuma se estrenó en Venecia en el Teatro Sant’Angelo, el 14 de noviembre de 1733. A partir de este momento, la ópera se dio por desaparecida. No fue hasta 2002 en que se redescubre la partitura, incompleta, de Motezuma en un archivo berlinés secuestrado por el ejército ruso durante la Segunda Guerra Mundial. Alessandro Ciccolini completó los recitativos faltantes. El 10 de diciembre de 2006 se reestrenó en Heidelberg, Alemania, en el Castillo de Schwetzingen.

(Fuente: http://www.kareol.es/obras/moctezuma/moctezuma.htm).

La primera versión, que yo escuché, es del director Jean Claude Malgoire, del año 1992. La otra versión es del director Alan Curtis, del año 2005. Ambas versiones son variables o invenciones ante la música perdida, quizá podría decirse que son aproximaciones de lo que pudo haber sido una composición de Vivaldi, pero no lo es, no es la escritura de Vivaldi la que se repitió a si misma, por tal razón estos compositores, o arreglistas, se les hizo más fácil discernir sobre ese primer allegro como el canto de victoria de un guerrero. Esto fue una verdadera decepción. Mi alegría y mi sonrisa se desvanecieron al instante.   

Irónicamente, el personaje criollo de Alejo Carpentier que le desacreditó a Antonio Vivaldi el libreto de Motezuma por ridículamente fantástico y falso, se ha vuelto tan empático para mí en toda esta desgracia, que ahora yo siento esa rabia, y aún más, soy yo el que desacredita a Jean Claude Malgoire, y a su orquesta, de que su interpretación fuera tan burlesca, artificiosa y, sobre todo, tan ilusoria que nada más vino a emocionarnos a los que amamos la reescritura, a los que cortejamos con la reinvención y que en mala hora vino a arruinar esos encuentro asombrosos, que casualmente se dan, cada doscientos cincuenta años.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: Musicos barrocos florencianos pintados por otro florenciano, eso supongo. Sí alguien sabe el pintor: digalo.

Apuntes sobre un doctorado I. Víctor Ávila.

Apretadas las lecturas, con ganas de que no sean hojas, sino ramas que aguanten el peso de los ojos.

Se sabe bien que los oídos sobran, por ahora, al menos hasta que se ocupen cuando nos veamos los rostros felices de venir, de estar y de hablar.

Los compañeros vienen a dar lo que acariciaron, sus tentativas sobre un entender, y bondadosos, los bebemos, los fumamos, los cantamos y los contradecimos.

Así de simple como afirmar, con la cabeza, lo que sí, o bien, negarlo hasta que se nos sale esa voz que interrumpe otros gritos.

En esas ocasiones se les exige callar el hocico que ladra y aúlla cuando la noche ya está adelantada.

Víctor Hugo Ávila Velázquez

*Ilustración: Rembrandt Harmensz. Van Rijn. Heads of orientals. 1635.

Hacer algo, hacer nada. Víctor Ávila.

Que de adolescentes, recuerda mi primo,

yo le sugería que el no hacer nada, algo era.

Pues muchas veces al vernos nuestros padres

que nada hacíamos, cuando quizá eso parecía,

nos llegaban sus gritos a maneras de insultos,

incomprendidos nos mirábamos porque eso hacíamos;

hacer nada era algo para nosotros, o al menos,

hacíamos algo, que podría ser todo, menos nada.

.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: Dos sátiros, 1619, Peter Paul Rubens.

El mito es la palabra. Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Andábamos por ahí, como animales, y en cierto momento, se nos ha dado la razón: la razón de ser. ¿Quién nos la ha dado? Ahí mismo nos vemos entre nosotros y con esta pregunta nos encogemos de hombros; reconocemos que no somos capaces de crearnos a nosotros mismo, mucho menos a nuestra razón y a la razón de nuestra existencia. Entonces, ya que se nos ha dado ¿qué hacemos con ella? Nos volvemos a mirar unos a otros avergonzados. Hay quienes se les ocurre que sigamos haciendo lo que ya hacíamos: andar, bien, eso está bien, pero a otros pocos se les ocurre contemplar, imaginar y crear: pensar. Adelante pues, vámonos yendo que ya fuimos prehistoria y avanza rápido la historia.

Con esos movimientos, el mito se hace presente entre nosotros, fue por medio del lenguaje, ¡oh, los cantos, los poemas y los cuentos! El fuego ilumina la cueva y sus pinturas, oramos por la caza del día siguiente, por el bien común, y es que, o somos nosotros o son esas bestias. Entonces somos nosotros. Es nuestra vida y es nuestra muerte. Ya bien lo sabemos, nos han contado lo que pasa con el hambre, lo que pasa sin el fuego, lo que pasa sin la ropa o lo que pasa si andamos solos por ahí sin otros hombres y otras mujeres. Nos necesitamos para seguir existiendo, por eso seguimos juntos por el pasado que nos cuentan. Tenemos que volver a contarnos una y otra vez las experiencias de nuestros antecesores, para nunca olvidar su existencia y su aprendizaje. ¡Oh, los cantos, oh, los poemas, oh, los cuentos!

Cantemos una y otra vez, con ese lenguaje tan propio de los virtuosos, lo que se manifiesta desde antes del origen hasta nuestros días, del tiempo fuera del tiempo. Algunos lo llamarán, a este uso del lenguaje, falacias, dogmas, embustes, mentiras, bien puedo seguir pero aquí me detengo para decirles que se llaman Mitos. El mito es aquello que ocurre en lo sagrado, y lo que en este momento nos importa es la creación de nosotros, y ¿Por qué a través del mito? porque la trascendencia de su mensaje está en aquellos símbolos que no se podrían tratar de otra forma, y esto lo hacemos y nos nace en la naturalidad de nuestra existencia, y es también en su misma incomprensión que nos da algo más, ese algo sagrado. También se nos permite, con los textos míticos, acercarnos a ese plano hermoso de sabiduría ancestral. Es lo que heredamos como especie y sería un mal ignorarlos o rechazarlos por cualquier motivo.

Abrazamos a los mitos ya que en ellos buscamos el principio explicativo de lo real. Así como también el orden donde hubo caos, o del cómo vivir en empatía y armonía, y todo a través de las palabras, así pues, las cosmogonías y las teogonías son significativas para la existencia de los hombres. Los mitos no quieren decir que estén fuera de la razón, y es que esa es una razón, una de tantas, o un razonamiento tan capaz que logramos de forma natural. Dictar o comparar mitología con o contra la razón, es una vulgaridad, es una estupidez, esto va más allá. No se trata de eso. Son cosas tan incomparables que en cualquier caso se llegan a apoyar una a la otra, armonías que van de la mano. El mito es la palabra que alimenta el qué de nuestra existencia.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: Escena del pozo en Lascaux. (En ella un hombre yaciente con cabeza de pájaro, junto a un bastón coronado con una figura también de pájaro. Frente a él un bisonte malherido por unas lanzas, en actitud de cornear o haber corneado al hombre-pájaro y al que se le escapan del vientre los intestinos.).

Cosmogonía. Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Te cuento, madre,

lo que un hombre viejo me contó.

Yo dormía y a mis sueños vino.

Él era delgado y arrugado,

me veía con sus ojos miel.

Me pedía que me acercara a escucharlo.

Hijo, me dijo,

vengo a contarte algo que quieres oír.

Así que atiende mis palabras y escucha;

“Aún no era yo,

y sabiéndome que lo era,

fui y soy.

Siendo yo,

no había nada más.

Nadie más que yo.

Entonces me escuché,

entendí que también era palabra,

y de mí, salió la voz.

«Yo soy y esta es mi voz.»

Me dije y con su ruido en la nada

iluminó el universo infinito que creaba.

Admiraba mi creación

y en ella miré tu existencia, hijo.

«Tú eres Víctor.»

Te nombré.

Y serás en el tiempo.

Contigo estaré, seremos y soy.”

Eso me dijo y el hombre viejo se marchó.

Al despertar lo he considerado

y por eso acudo a ti

¿Es cierto, madre?

 Y tú sólo me dices;

De nosotros somos.

.

Somos el origen

me respondo.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: William Blake. El anciano de los días. 1794.

Al escribir. Víctor Ávila.

Sí, claro; la prisa de un teclado es funcional, más no es su beneficio natural.

No pasará mucho tiempo, para caer en la torpeza, de cierta falta de destreza.

 

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

*Jan van Eyck. Heilige Barbara van Nicomedië. 1437

Vejez. Jaime Torres Bodet.

Me inclino hacia lo azul de ese reflejo

que, de la llama que perece, nace.

Y, de pronto, en cristal, lámpara, espejo,

miro cómo la noche me rehace.

 

¡Tribus de lo que fui! Duro entrecejo;

paralitica voz; ojo en que yace

-última luz- un último consejo.

Ardor como ése, gélido, me place.

 

Luces guillotinadas… Viejas voces

sangrando en los fonógrafos suspensos…

Segado de paréntesis veloces,

 

libro en que palpo otra presencia mía.

¡Tribus de lo que fui! ¡Trágicos censos!

El cuerpo es un fantasma que me espía.

 

*Jaime Mario Torres Bodet (1902-1974) Nace en la ciudad de México. Diplomático, funcionario público, escritor, ensayista y poeta.

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*** Fowler 1870 Vasily Grigorevich Perov (Russian 1834  –  1882)

Romance del enamorado y la muerte. Anónimo.

Romance del enamorado y la muerte. Anónimo.

 

Un sueño soñaba anoche

soñito del alma mía,

soñaba con mis amores,

que en mis brazos los tenía.

Vi entrar señora tan blanca,

muy más que la nieve fría.

—¿Por dónde has entrado, amor?

¿Cómo has entrado, mi vida?

Las puertas están cerradas,

ventanas y celosías.

—No soy el amor, amante:

la Muerte que Dios te envía.

—¡Ay, Muerte tan rigurosa,

déjame vivir un día!

—Un día no puede ser,

una hora tienes de vida.

 

Muy deprisa se calzaba,

más deprisa se vestía;

ya se va para la calle,

en donde su amor vivía.

 

—¡Ábreme la puerta, blanca,

ábreme la puerta, niña!

—¿Cómo te podré yo abrir

si la ocasión no es venida?

Mi padre no fue al palacio,

mi madre no está dormida.

—Si no me abres esta noche,

ya no me abrirás, querida;

la Muerte me está buscando,

junto a ti vida sería.

—Vete bajo la ventana

donde labraba y cosía,

te echaré cordón de seda

para que subas arriba,

y si el cordón no alcanzare,

mis trenzas añadiría.

 

La fina seda se rompe;

la muerte que allí venía:

—Vamos, el enamorado,

que la hora ya está cumplida.

 

*Anónimo. Hurtado de Antología Poética en Español. “ROMANCES NOVELESCOS Y LÍRICOS. SIGLO XV-XVI”.

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***Panel of Parentino’s Temptations of St. Anthony.

Pequeña oda a Tío Coyote. José Coronel Urtecho

Pequeña oda a Tío Coyote

¡Salud a tío Coyote,

el animal Quijote!

 

Porque era inofensivo, lejos de la manada,

perro de soledad, fiel al secreto

inquieto

de su vida engañada

sufrió el palo, la burla y la patada.

 

Fue el más humilde peregrino

en los caminos de los cuentos de camino.

 

Como amaba las frutas sazonas,

las sandías, los melones, las anonas,

no conoció huerta con puerta,

infranqueable alacena,

ni propiedad ajena,

y husmeando el buen olor de las cocinas

cayó en la trampa que le tendieron las vecinas

de todas las aldeas mezquinas

y se quedó enredado en las consejas

urdidas por las viejas

campesinas.

 

Y así lo engendró la leyenda

como el Quijote de la Merienda.

 

Pero su historia es dulce y meritoria.

 

Y el animal diente-quebrado,

culo-quemado,

se ahogó en la laguna

buceando el queso de la luna.

Y allí comienza su gloria

donde su pena termina!

 

También así murió

Li-Tai-Po,

poeta de la China.

 

*José Coronel Urtecho (1906-1994) Nace en Granada, Nicaragua. Fue poeta, traductor, ensayista, crítico, orador, dramaturgo, diplomático, historiador y fundador del movimiento literario de Vanguardia nicaragüense.

** Comparte Víctor Hugo Ávila Velázquez.

***Timbre, Coyote, Nicaragua. 1990