La fruta podrida. Víctor Ávila.

A Claudia Ávila Velázquez.

 

La pequeña niña quería meter bajo tierra a su fruta podrida que tenía en una caja herrumbrosa. Con el rostro extrañado, abre el estuche y ve la fruta pudrirse cada vez más.

La  pequeña cava en la tierra húmeda hasta que las uñas le duelen, un gato a su lado observaba, con ojos adormilados, mientras menea la cola. La caja herrumbrosa está vacía al abrirla, la niña se ha puesto triste, sus ojos ahora son los adormilados, vuelve a tapar el hoyo y busca a su madre que espera a que su esposo vuelva con los pájaros. El gato con sus bigotes sucios, sabe qué ocurrió con la fruta podrida, y se marcha arrastrando la cola.

La niña sopla y en seguida vuela la cascarita del alpiste y pone fruta fresca en las jaulas, las nuevas aves se preguntan entre silbos quién es ella. El cóctel de fruta vieja lo pone en la caja herrumbrosa.

Al despertarse le late muy rápido el corazón y abre los ojos que le cosquillean. La caja herrumbrosa le recuerda, cuando curiosamente brilla, que le hace falta estar bajo la tierra, con su fruta podrida. La pequeña niña salta al jardín.

Debajo de la tierra ya está la fruta herrumbrosa y la caja podrida, la pequeña niña espera sentada al lado de su gato a que crezca un árbol mientras la luna los ilumina.

El árbol nunca brotará, la pequeña niña sí crecerá, el gato engordará y nuevas aves llegaran traídas por el esposo de su mamá.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Cuento publicado en el libro: Retratos en marco de piedra en el 2010.

**Qazwini (ca. 1203-1283). The Wonders of Creation. Walters W. 659 (Turkey, c. 1717 CE).

 

 

Anuncios

Carta a la pregunta. Víctor Ávila.

Me ha entusiasmado la pregunta.

¿No te interesa mi vagina?

No sólo me importa, me beneficia, tengo la convicción de su encanto sobre mi cuerpo, que junto a tus labios y tus ojos me han desprendido de la agresividad de mis puños sobre lo rostros olvidados.

(Te he visto contemplar con el espejo tu entrepierna. Dime si ves esas puertas de caras largas, dime si no quieres pedir posada en ellas. Siempre he tenido un alojo prudente; siempre que mis músculos se mortifican.)

El sexo es hilarante.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* Lyonel Feininger – “El hombre blanco” (1907, óleo sobre lienzo, 68 x 52 cm, Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid).

Fences. Denzel Washington. Víctor Ávila.

Es imposible no pensar en la dramaturgia cuando se ve Fences en el cine; esto ha sido una gran adaptación y qué mejor disfrutarla con el estómago lleno, bajo tu techo, cerca de tus hijos y la ginebra con hielos. De dialogo expresivo e hilarante, camina derecho y con claridad, así es el cine cuando es sincero, cuando hay entrega y amor.

El recorrido es dirigido por Denzel Washington, inimaginable que fuera director, pero al parecer lo hace mejor que cuando actúa. No, no es cierto, es buen actor… no, la verdad le sobra gracia, es malo, lo veo y recuerdo a Philadelphia, película que no he visto porque me da miedo Tom Hanks, sus ojos, algo esconde, se le quedó la mirada de un niño, quizá cometió un infanticidio en el Muir Woods. Después de todo, esto es un melodrama, Fences. La estampilla de lo que habita en/con el tiempo, como Efebos.

Un pie de zarzamora con queso crema para cenar.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Erotismo en VHS. Víctor Ávila.

Era un niño lindo en el verano de 1995, tenía nueve años, grandes ojos, pelo ondulado y la piel dorada. Batman Forever se estrenaba en los cines y mi tío Carlos me llevó dos veces a verla. La primera, entramos juntos y comimos nachos mientras nos reímos de Val Kilmer, nos mofamos de Jim Carrey, nos apenamos, con discreción, de Tommy Lee Jones, después sabroseamos a Nicole Kidman, que en ese entonces ella tenía unos 27, deliciosos, años. Nadie habló o dijo algo sobre Robin, ni al actor recuerdo. A la siguiente semana mi tío me volvió a llevar al cine, pero en esta ocasión, entré solo a la sala, mi tío se metió a ver Seven, la película de David Fincher, la cual yo no podía ver debido a la clasificación. Volví a comprar los nachos, volví a reír y observé la sensualidad de Nicole y suspiré en la oscuridad del cine lamentando no poder ver otro estreno, entonces descubrí entre el triste reparto a Drew Barrymore, escondida bajo un papel dulce y erótico, cándida disimulaba su voz hasta convertirla en oralidad sumisa… e inocente en un vestido blanco me recordaba algún amor lejano u olvidado en mi corta edad. Ya sospechaba a esas alturas que aquellas dos mujeres, o bien el director Joel Schumacher, querían despertar algún libido en mí, sin embargo, la curiosidad sobre Seven fue más grande y no podía dejar de pensar en que podía ser lo que no podía ver.

Hasta que tuve trece años conseguí Seven en VHS, clonada por un conocido de mi padre, en muy baja calidad como si el casete ya hubiera sido grabado varias veces… Emocionado me senté un sábado por la mañana del año de 1999 y la vi. La trama no pasó a mayores, era larga y pesada, Kevin Spacey muy bien como casi siempre, pero Morgan Freeman era encantador y pues Pitt y Paltrow igual de simples. No conmovido por ellos, ni por la historia, devoraba los restos de una pizza como si ella fuera a darme lo que buscaba: satisfacción y fue hasta el final de los créditos que otra grabación empezaba, más espeluznante, más perturbadora que cualquier suspense de los 90´s, se trataba de una parodia pornográfica de Caperucita Roja y compañía, titulada, Caperu-Cita-Roja, en la que venían varios cortometrajes de los cuentos de los hermanos Grimm y Charles Perrault dando cuerda a lo absurdo. Asustado y apenas excitado por la cinematografía hambrienta y barata que me daba una referencia ochentera, pero con actores que gozaban cualidades de belleza de los setentas, me propuse distribuirla, claro, después de disfrutarla. Una vez que estorbó el erotismo fui empujado por el delirio de tratos e intercambios entre jóvenes o adultos, convenios que favorecieran mis intereses de videos de culto o films caseros o algo extravagante por ver. Así que tomé mis dos reproductoras de VHS y copié con calma, después me fui a vagar por la ciudad y los cines.

Pronto me hice de un variado surtido de videos, de los cuales aún conservo algunos, entre ellos, uno de mis favoritos son “Los hijos”. Un mediometraje, en blanco y negro, al mero estilo casero, de una pareja que se dedicaba a asesinar a sus hijos, al finalizar las grotescas muertes, los padres se tendían en el arrebato sexual y volvían a tener otros hijos, así continuamente, dando variedad a un sinfín de escenarios mórbidos y apasionantes. Otro más se llama “La perla”. Un cortometraje, a color, donde se observa salir de una ostión enorme, que está varada en la costa de un viejo Lisboa, a una joven desnuda, viscosa y gritando con desesperación en portugués ¡Aún sigo adentro! Entre otros favoritos.

Nunca me sentí mal por el impacto audiovisual que pude haber causado entre jóvenes, adultos o quién fuera, sólo sabía que mi trabajo era el mejor, porque la gente me agradecía, en la calle me respetaban y en la escuela también, me nombraron Grimm, el Moreno: un singular joven que sonreía entre las sombras del cine.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Adjust your tracking.

Al final. Víctor Ávila.

…¿Esos ojos de jaspe? ¿Esa barba de trigo?

Este fue un caballero que persiguió a la Muerte.

Retratos (fragmento). Rubén Darío.

 

En la espera de su escape, se despedía de su amada en la mansión, mientras su hija muerta lo llamaba desde su cuarto, su hija viva lo miraba con una dulzura desconocida, y es que ella sabía.

Ya venían aquellos fantasmas que acompañan a la enfermedad.

-Adiós.

Y él corrió hacia el cuarto de su hija muerta y sonrió ante el vacío.

Subió al techo, cayó.

En medio de los árboles, acostado, vio a los fantasmas que ya se alejaban al verlo tendido sobre el pasto sin remedio. Él pasó la noche allí, sintiendo que moría. Comenzaba a olvidar todo, a su amada, a su hija viva y a su hija muerta, y las hojas siguieron cayendo hasta cubrirle la vista.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Cuento publicado en el libro: Retratos en marco de piedra en el 2010.

*The Saltonstall Family (mid17thC Tate) – a moving depiction of the stages of life.

La mudanza del cuerpo. Víctor Ávila

Algo nace de mí;

sospecho.

Ruinoso, al despertar,

escondido tras sus cabellos,

el engendro abre la boca:

¿Eres mi madre?- pregunta

Lo dudo.- respondo.

Acierto y temo

que soy su alimento.

Abajo, su Madre,

nos observa:

son mecheros sus ojos.

Algo sucumbe en mí;

recelo.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*BL, Cotton Tiberius B V.

A propósito de mi castigo. Víctor Ávila.

A bruja oriunda traté

cual bestia era comprobó

con fiereza me cambió

paso a paso me hechizó.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

*“Nature forging a baby.” British Library, Harley 4425, f. 140, Guillaume de Lorris and Jean de Meun, Roman de la Rose. Bruges, c.1490-c.1500.