Estas son las últimas palabras que te escribo. Emilio Cabral.

No significa que te olvidé, sabes que no soy un cobarde, si me alejé fue para que encontraras un hombre mejor que yo en tu vida, de nada servía que tuvieras un amigo como yo, todos cometemos errores y yo ya no soy uno de los tuyos, que va, tuvimos una muy buena relación, a veces pienso en que hicimos mal, siento que nuestro único error fue amarnos de más, siempre has sido mi musa, escribí sobre tu belleza, tus virtudes, lo que me hacías sentir, nuestro amor, la felicidad, así como también cada decepción, como cada tortura, era como un latigazo en la espalda y nuestro adiós, traté de escribir todo, pero por obvias razones no pude, necesitaría más que una enciclopedia, se me acabarían las palabras, mi vocabulario no es tan extenso para escribir todo lo que sentía contigo, por eso cambiaré de musa…. y a ti, a ti te guardaré con celo en mis recuerdos, en un estante especial reservado para ti, no quiero prostituir tu recuerdo en unos cuantos poemas, perdido valor en cada palabra, mejor te llevaré en mi mente hasta que mi edad me lo permita, hasta que no me acuerde ni de mi propio nombre, te guardaré para mí y sólo para mí, no quiero tratar de explicar porque aún te amo a cada persona que conozco, por eso estás son las últimas palabras que te escribo, no te amaré por siempre pero te amaré hasta que la eternidad me lo permita, fue un gusto tenerte a mi lado, fue un gusto estar contigo y ahora es un gusto llevarte en mi corazón, llevarte como un recuerdo, porque la felicidad siempre es efímera, pero más efímero fue nuestro amor.

 

Emilio Cabral

* Widow 1865 Konstantin Yegorovich Makovsky (Russian, 1839 – 1915).

De nuevo extraños. Emilio Cabral.

Como un último suspiro, una última bocanada al cigarro, un último trago del nuevo abstemio, así fue nuestro último beso, con un sabor amargo, sin muchas palabras, con una mirada sincera y un cuerpo olvidado, miramos nuestras almas, conocimos todo uno del otro, con un poco de misericordia, sin vehemencia ni rencor tomamos nuestras manos y nos besamos, terminando ese abrazo que queríamos que fuera eterno, las cosas fueron fáciles en sus tiempos, tiempos malos y tiempos buenos, a quien le importa, pero al final nos ganó, nos consumimos completamente, simplemente agachamos la mirada, con una ligera sonrisa con la boca entre abierta para no hacerlo tan agrio o ácido, fue como una pequeña cucharada de azúcar en ese sorbo del americano, un poco de dulzura entre el alimento putrefacto, las cosas estaban perdidas y fue un gesto amable, un adiós sin palabras y un hasta nunca tácito, no lloramos, ni juzgamos, lo aceptamos, sabíamos que habíamos hecho lo posible, lo disfrutamos desde el primer día y esto nos hizo ahora de nuevo extraños sin amor, así nos despedimos con un último te quiero, una última mirada, un último beso, un último abrazo y un último adiós.

Emilio Cabral.

*Landscape with the Fall of Icarus. Pieter Brueghel the Elder (1526/1530–1569) Royal Museums of Fine Arts of Belgium, Brussels.