Otra vez tú. Salinas Ulloa Portugal.

Aún conservo el olor de tu cuello, tantas veces mis dedos recorrieron tu espalda, delineando el camino hacía el placer, no buscaban la línea recta, el infinito era más tentador y en ese momento lo que nos sobraba era vida.

Y ahora, que mi cuerpo no me obedece y sólo vive de recuerdos apareces de vez en cuando y no dejo de maldecirte, al parecer nunca fuimos muy sinceros, el placer fue mentiroso por fugaz, esta ceguera blanca impidió que lo notará claramente, y aunque pretenda olvidarte,  como aún conservo el olor de tu cuerpo en mis manos, pues conservo tu presencia. No te olvido y te maldigo.

 

Salinas Ulloa Portugal

* Ilustración: Lautrec. El beso en la cama. 1892.

De los dichos. Salinas Ulloa Portugal.

De esa agua no he de beber. Dicen que no debemos decir, porque el pez por su boca muere, tal como dice la dicha, cae más pronto un hablador que un cojo, tal como dice el dicho. Somos nuestro propio juez, y el tiempo nuestro verdugo.

 

Salinas Ulloa Portugal.

*Ilustración: Bnf. ¿?

Anormal. Salinas Ulloa Portugal.  

Así, de pronto apareciste, de la nada, como efecto de un acto divino, o tal vez  demoniaco, danzabas y te contoneabas frente a mí, lo arrítmico de tus movimientos fijaban peligrosamente en ti mi mirada, sonreíste con aparente sinceridad, te acercaste aludiendo al pasado, ese mi talón de Aquiles, pero actuaste como si no hubiéramos tenido ese pasado, como el infierno está repleto de engaños satanás se hacía presente, confirmando el acto demoniaco; Y así, como llegaste, desapareciste, dejando un dolor terco  en mí,  me guiabas a otro punto en mis sueños, el dolor seguía ahí, ahora alojado en mi barriga, aun así creía que te encontraría en algún rincón de este sueño, el cual se estaba convirtiendo en delirio mientras peleaba a puño limpio, sentí un disparo en el costado izquierdo, una extraña sensación me reveló tu presencia, tú, la causa de todo, me levanté sangrando y me defendí, maté a un hombre, no recuerdo como, sólo me sentí asesino, hombres furiosos sedientos de sangre me asediaban, en la huida te buscaba, oraba por tu aparición, para que alejaras a esa multitud salvaje. En el esplendor del caos me detuve, me encontré tirado en una cama, acostado, no sé si muerto o dormido, al parecer observando desde la vigilia que precede al sueño, seguía buscando el origen del dolor, me tiré a lo más profundo, para encontrarlo, ya el sufrimiento era parte de mí, en lo consciente e inconsciente, las ruinas presentes en mi daban prueba de ello, angustia y desesperación, sólo eso recuerdo, el mal sabor de boca aun lo conservo, rondaste en torno a mi toda la noche, o tal vez algunos minutos, yo sentí el peso de la eternidad en esa larga noche, hay momentos que olvidé por mi instinto de supervivencia, nada racionalmente planeado.

El dolor que seguía sintiendo en el estómago cuando desperté dio fe de tu presencia demoniaca.

 

Salinas Ulloa Portugal.

Imagen: BnF, Français 857, 14th C.

Reino de los locos. Salinas Ulloa.

Estando en mi esquina no me revisan, es como estar en casa, por aquí tus tíos no pasan, por las calles del barrio de mi chica es muy diferente, me paran a cada rato, creen que soy el que carga los cuartos, se equivocan los azules pero me huelen la hierba, saco mi ife y siempre la misma mierda,  con ganas de correr pero digo para que, me canso de volada luego me pega la sed. Veo a los vecinos y adivino lo que piensan, estos locos son los que promueven toda la delincuencia, y aun así las ganas de morder aquellos labios siempre ganaron, pensaba que al final del juego todos vamos a la misma caja, yo peón y tu rey. No iba a quedarme en casa, si como dicen los pinches cholos, la vida es un puto riesgo.

 

Salinas Ulloa Portugal.

* La Stultifera Navis (la nave de los locos) de viaje al País de los Tontos. Grabado en madera de 1549.

 

Quid Pro Quo. Salinas Ulloa Portugal

Ya la tenía encima de mí, ella deseaba que lo hiciera pero no andaba motivado, que puto suena eso, pero era verdad, aunque le metía la mano no me sentía prendido, yo robot,  mientras ella andaba muy loquita yo no dejaba de pensar en las palabras que dijo antes de prender el porro nocturno, el previo a la gozadera, “ya no quiero que fumes antes de cojer, quiero estar al cien contigo”, puta madre pues en quien me convierto, sé que soy un cabron pero siempre soy el mismo, si ahora era un robot era por su culpa, la yesca no me cambió, unas simples palabras, ella lo notó y preguntó el clásico ¿qué tienes?, como no soy una lady no me anduve por las ramas, mamacita párale a tu carro, córtale a tu historia, eres tú y no te he cambiado, lo que soy es lo que sabes y no cambiará nada, ¿te subes al tren o te bajas?, no dijo nada, en ese momento sólo se montó al tren, pensé 1-0, favor el local, sin embargo no duramos mucho, obvio me mandó a la chingada días después, ya no no supe quien ganó.

Salinas Ulloa Portugal.

*Grabado erótico de Gulio Romano. De la serie de 16 posturas eróticas. 1527.

Lo que te hace insoportable. Salinas Ulloa.

Lo que te hace insoportable no es la indiferencia que muestras cuando te alejas, insoportable cuando regresas como si no hubieras lanzado granadas, mucha crueldad, mucho veneno hay en eso, y aun así no puedo esconderme y pensar que esto no solía ser yo, hay algo maligno en tu divinidad, porque antes de ti había otras adicciones, y nunca me atormentaron, arrumbé la marihuana y te hiciste y deshiciste de mí, como la tortura de los mil cortes, como la peor droga, ahora puedo decir sabré olvidarte, estoy fumando.

Salinas Ulloa Portugal.

 

Corazón que no siente. Salinas Ulloa.

Volví a ver a esa morrita y recordé todo, esperándola a la salida de la secu, la siete,  me gustaba admirarla y dos veces al día tenía chance de verla, la primera ella entrando y yo saliendo, la otra 7:45 de lunes a viernes, la seguía de lejos, montado en mi rila para huir en cuanto me viera, pero lo bastante cerca como para seguir admirándola, nunca pude hablarle, esa cobardía día a día me perseguía, así durante dos años, mucha agua corrió y después de un puño de años la vi saliendo del mercado, escoltada por tres chamacos  y cargada de bolsas, reconocí su mirada, de los demás no había ya nada, y por el pasado le ofrecí mi ayuda, mamacita ¿te ayudo?, se dio vuelta, me escaneó de pies a cabeza deteniéndose en mis ojos por unos segundos para sólo gritarme ¡Nunca se te quitó lo mariguano! Y se alejó velozmente, lejos de estar avergonzado, sonriente levanté el porro que había arrojado al suelo y caminé muy Felipe, ella sabía de mí.

 

Salinas Ulloa.

*Mercado fragmento mural. Diego Rivera. Palacio Nacional