Gotas. Cecilia Ávila.

Sólo la muerte que ya ha estado rondando tu vida, gloriosa y maravillosa, puede hacer terminar tu dolor de esa vida que te sobrepasa.

Esa palabra la entiendo ahora yo sola. Donde no tolera la mentira. Ya no quiero mentirme más.

No soy suficiente, no soy importante y por más sanaciones que me ponga no lograré el cometido de vivir confiada en la realidad.

No tengo equipo alguno más que la miseria de vivir creyendo que el bien existió alguna vez.

Mentir es un cuchillito sin filo.

¡Pero insiste!

Verás lo que pasa.

Como la gota constante en la cabeza del preso inmóvil. Es un dolor continuo. Casi sientes que te salvas, pero sabes que te termina perforando el cerebro. La muerte a cuenta gotas.

Cecilia Ávila Velázquez.

*Ilustración: HENRI PRIVAT LIVEMONT. LA OLA. 1897.

La huida. Diego Estrada Gutiérrez.

Corriendo por los parajes iban los padres, más que correr parecía que galopaban, vestidos con sus túnicas blancas, corrían y a la par dejaban un rastro de sangre que podría ser encontrado incluso por el sabueso más inerme de toda la jauría. Detrás de los padres corrían los hijos, aquellos de mediana edad, alardeando sobre la velocidad a la que corrían sus padres y hermanos mayores, sobre la cantidad de sangre que brotaba de sus pies descalzos, sobre el diámetro por el cual se esparcirían sus órganos y las formas que crearían con sus cadáveres.

Mientras tanto en el pueblo los más jóvenes bebían, fumaban hachís, danzaban al ritmo de la música, poniendo los pies en el fuego, como prueba de su amistad, mientras se preparaban para los años venideros en que ellos emprendieran “la huida”, hacía el acantilado como los mayores lo hacen ahora.

A pesar del estado en que se encontraban, entre la beodez y la inconsciencia, podían notar como empezaba a atardecer, la música iba más lento, el silencio empezaba a hacer presencia, el día estaba sufriendo una transformación pues era hora de que la bóveda celeste ciñera su efímera belleza.

El silencio perduro, después hubo gritos de dolor lanzados al cielo y sollozos, transcurrió alrededor de una hora cuando por fin pudo apreciarse otro silencio y después todos en el pueblo notaron las antorchas de los de mediana edad y podían escuchar sus cantos, esa inspiración que recorría sus venas y agitaba todo corazón latente.

Al llegar todos pidieron un tarro de vino y un poco de hachís, parecían consternados y emocionados, sus padres y hermanos acababan de saltar al vacío, al acantilado, -extraño- recién habían observado a los mayores fallecer. Al llegar los de mediana edad el pueblo se quedaba tranquilo ellos eran ahora los jefes.

Los jóvenes acudían con el “no vivo” aquél que contaba historias de tiempo atrás, de siglos pasados, de vidas ya muertas, decían que él había sido el único mayor que no murió en “la huida”, decían que al llegar al abismo, de manera impredecible, él no sucumbió ante el abismo, se elevó.

El “no vivo” hablaba en una lengua ya muerta, una lengua extinta, conocida como “verso”, una lengua tan extraña que los mayores debían explicar a los jóvenes del pueblo como hablar por la noche, como hablar cuando la bóveda celeste se colocaba, como hablar con la melancolía.

-Los años venideros se hicieron presente-

Bebiendo y tomando hachís se colocaron los, ahora mayores, corrían por los parajes, más que correr parecía que galopaban, vestidos con sus túnicas blancas, corrían y a la par dejaban un rastro de sangre seguido por los de mediana edad, aquellos que alardeaban sobre quien sabe cuánta mierda, pero que al llegar al acantilado veían los cuerpos de los mayores esparcidos sobres las rocas negras, ásperas, los veían y debían volver al pueblo, sabiendo que después de tantos años y beodez, ya era su turno.

Morían y nadie decía nada, todos los de mediana edad y aquellos que se encontraban en el pueblo sabían que habían emprendido “la huida”.

Diego Estrada Gutiérrez.

*Ilustración: La huida. Remedios Varo. 1961.

Sin título. Jocelyn.

Mi mayor momento de intimidad no fue la noche en que nos quitamos toda la ropa.

Fue cuando me viste en mi estado más difícil.

Cuando fuiste testigo de las partes más desagradables de mí.

A medida que te mostraba lentamente cada imperfección, frente a ti como una cicatriz.

Y a pesar de todo eso, me amaste más fuerte que antes.

Jocelyn.

Ilustración: La adecuada de por ahí.

Seco. Miguel González.

Voy en el camino de terracería con Max a mi lado, siento el viento de una tormenta que se aproxima, él va feliz olfateando todo a su camino, todo el día está pensando en irse de paseo, es su momento feliz, ponerse al día con el olor de otros perros, se jala tanto que tengo que poner dura la mano para que se calme, pero él va tan feliz que me jala demasiado, en algunos momentos se detiene a oler algún recado en forma de orina que le dejo algún perro o alguna perra. Es en estos momentos es cuando pienso en mi realidad, en lo que estoy sintiendo, han sido días duros en cuestión de pensar, es difícil llegar al origen de mis pensamientos, mi primera suposición, es que mis sentimientos se fueron al carajo ¿Cómo llegue a esto? Me detengo junto con Max veo las nubes a lo lejos cada vez más cercanas, huele mucho a lluvia, y siento que estoy caminando en un campo quemado, en realidad lo estoy literalmente, unos días atrás fue quemado junto con mis sentimientos, estoy enojado conmigo mismo porque por diez años fui un caballo corriendo por el campo sin voltear a mi alrededor, solo ir derecho sin parar para conseguir una meta, una meta material y vacía, olvide ser un humano, olvide ser yo, ahora no me entiendo del todo, no entiendo lo que quiero, mis bases están siendo destruidas por mí mismo, soy un robot que solo sigue instrucciones de cómo vivir una vida vacía ¿Por qué las destruí? Porque estas fueron creadas por expectativas de otras personas, siempre sentí cobijo en estas ideas y todo lo que me hacía sentir bien lo reprimí a tal grado que ya no siento más nada, complací a otras personas y cree un ego falso, que fui alimentando con estupideces, me cree una máscara. Suspiro, Max se están jaloneando de nuevo, debo seguir adelante, veo vestigios de el pasto verde saliendo en el campo quemado, pienso en mis adentros la tierra está pasando por el mismo proceso que yo, se quemó toda para renacer de nuevo, al parecer estoy en ese proceso, sigo con Max, doblo a la esquina, levanto la cara hacia el horizonte afligido por el futuro, por cómo resolver mi situación, al fondo veo las nubes negras acercándose de una manera rápida, la tormenta viene hacia mí, sonrió y entro en mi casa junto con Max.

Miguel González

*Turner, Joseph Mallord William.

No perezcas en la caída, se sublime. No votes. Pablo Jara.

¿Votar? Aquiles nunca había pensado en ello, tiempo nunca ha tenido, el tiempo siempre le ha tenido a él, todo ha sido trabajar, ¿decidir? Aquiles solo necesita decidir qué comerá cuando despierte de un turno nocturno de doce horas, se visualiza despertando aún más cansado, recuerda que no pagó el agua y por la mañana se la quitaron, ni un maldito baño podrá darse, lleva trece días sin descanso, esos lujos no van con él, y agotado teme perder su fe, teme no poder más., Aquiles despierta a diario con un número en su mente,  300, su objetivo, su meta, su carga, él puede, yo puedo, se dice tratando de convencerse, no puede fallarse, es un chingón, un heredero de la raza de bronce, un descendiente de Cuauhtémoc, no necesita votar, hasta hoy piensa en ello y nunca pareció necesitarlo, ni marcar una diferencia en su vida.  Aquiles apenas se da cuenta que habrán elecciones por la basura de los partidos políticos que infestan las calles con rostros falsos y poses fingidas, si no es por ello no lo sabría, no le interesan las charlas en el trabajo, él está para rendir si o si, pero hoy el transporte de personal de su empresa lo dejó tirado, esos segundos en la tienda comprando su sopa maruchan y sus cigarros fueron la diferencia, maldice para sus adentros, correr tras él camión solo haría más grande la ofensa, adiós bono de puntualidad, adiós botella de licor. ¿taxi?, implicaría no comer, ¿uber? implicaría no cenar. A pesar de las maldiciones parece que su suerte cambia, solo cuarenta minutos tuvo que esperar la pública, no la acostumbrada hora de espera, sube y ve que está a reventar, adiós siesta, apretado y aferrado para no caerse observa a los candidatos, todos únicos, nuestra esperanza, hombres y mujeres desfilan para él, le dan risa esas caras de cartón, esas sonrisas falsas, impecables, tan lejanos a los que van en ese camión. ¿votar? al carajo, siente que le dará más el descanso del domingo.

Aquiles se da cuenta que no sabe quién gobierna ahora, ni antes, no ha visto diferencia, no la ha sentido, no recuerda haber visto a sus padres votando, todo ha sido trabajar. El sol va desapareciendo igual que la gente, bajan más de los que suben y por fin tiene donde descansar, escucha conversaciones somníferas, unos estudiantes hablan de democracia y de Platón, el nombre sólo le da risa y lo despierta, otros hablan de futbol, y los más encendidos al parecer hablan de las virtudes de esos candidatos, nadie habla de dinero piensa, es lo que falta, de repente escucha ofensas y no entiende la razón, al parecer no se dan cuenta que van en el mismo triste camión hacia el mismo triste destino, no entiende, siguen habiendo elecciones y las facturas de agua siguen sin pagarse, solo se ha trabajado para comer, para resistir, para conseguir ese número, trescientos,  trescientos, trescientos, no se conseguirán solos, sin él, confían en él para lograrlo, es parte fundamental del sistema, no puede fallar, aunque los demás se orinen encima, Aquiles no falla, esa es su elección diaria, sobrevivir, restaurarse. Al diablo ¿votar? no, esos farsantes ni los representan ni son su esperanza, ellos con acceso al agua 24 horas no pueden hablar por él, nunca, Aquiles se siente un filósofo, como el mencionado Platón, se enorgullece, dice ser su propio Dios, repite una frase que vio en una revista de béisbol que memorizo «si dejo de creer podría venirme abajo, perder el ritmo, regalar bases a los bateadores, joder, si, tenía dudas, pero las reprimía, ya era bastante dura la vida de un pitcher para que encima tuviera que perder la fe en dios», Aquiles cree en él, él elige el lanzamiento ganador.

Pablo Jara.

*Ilustración: Aquileo en una vasija, derrotado por una flecha en su talón.

Árbol. Miguel González.

Y yo estaba ahí, en el lugar donde pasé mi infancia, y te vi, justo donde te había dejado, ya no eras el mismo, habías cambiado tu forma, las ramas por donde me colgaba habían  desaparecido, ya no había vestigios de la casa que había construido sobre ti, todo eso quedó en el pasado, ahora hay un muro tan alto que no te deja ver la luz del sol, estás en la oscuridad, y sin niños a tu alrededor que te den felicidad, dejaste de ser un motivo de alegría para ser un árbol que sobrevive buscando la luz por encima del muro, y yo dejé de ser un niño para ser un hombre lleno de nostalgia.

Miguel González.

*Ilustración: El árbol de Mulberry. Vincent van Gogh.

Cosmogonía. Emilio Cabral.

Todo era silencio, calma absoluta, una luz aparecía en el horizonte, un pequeño punto blanco que no iluminaba nada, se escuchaban las voces de los dioses, risas y charlas, pero no se veía nada, y cada sobresalto, enojo y grito, hacía que esa pequeña luz se hiciera más grande entre las voces, siendo dioses nada les importaba, la inmortalidad era casi palpable, hasta que uno de ellos sufrió un sobresalto, un grito que cimbró la nada, y deslumbró a los dioses, cobijándolos completamente en ese manto de luz, haciendo ver su inmortalidad, esas voces tomaron forma, miraron sus manos y sintieron dolor por las espinas del suelo, se avergonzaron con su desnudez y mientras unos callaron y bajaron la cabeza, otros siguieron gritando, añorando la calma de la soledad, del vacío de la tranquilidad, miraron su alrededor y sintieron hambre y poder, sintieron placer y dolor, poblaron la tierra de vida, como símbolo de perpetuidad de dolor, de heredar sufrimiento y castigo, y ellos como viejos poder regresar al paraíso.

Emilio Cabral.

*Ilustración: Marinus van Reymerswale. Saint Jerome.

Cosmogonía. Diego Estrada Gutiérrez.

En el inicio lo hubo todo: montañas, ríos, llanuras, árboles, animales e incluso unas bestias descerebradas que se movían con una lentitud y desinterés impresionante. Entonces, hubo un estruendo de promociones cósmicas y la luz del universo se apagó durante un segundo entero. Cuando la luz regresó las montañas, ríos e incluso los animales seguían ahí, pero las bestias descerebradas comenzaron a transformarse, se irguieron y empezaron a emitir sonidos entre balbuceo y tarareo, empezaron a moverse con mayor velocidad, a construir chozas, a formar comunidades cada vez un poco más grandes y más complejas, así generación tras generación durante 1,000 años, hasta que de repente un día como cualquier otro, al ponerse el Sol hubo un gran estruendo y entonces toda la luz del universo se apagó durante 2 segundos enteros, al regresar la luz, estas bestias, ya alejadas de este concepto por la evolución que habían sufrido, comenzaron a asesinarse los unos a los otros, sin razón aparente ni provocación previa. Se asesinaron hasta erradicar casi por completo su población, con excepción de 4 personas, 2 hombres y 2 mujeres, quienes con la intención de poner fin a la masacre hicieron un pacto, 1 mujer de una familia asesinaría a la otra y lo mismo con los hombres, para así quedar sólo 1 pareja de familias diferentes, quienes crearían lazos y traerían progenitores para repoblar el mundo, erigido sobre los cadáveres de sus ancestros.

Y así fue, pues gozaron de paz durante 5,000 años, lograron construir grandes máquinas para hacer su día a día mucho más sencillo, desarrollaron lenguas diversas para comunicarse, crearon la música, pintura, literatura, escultura, entre muchas otras formas de expresión artística, al término de estos 5,000 años, hubo un gran estruendo, uno que privó de luz a todo el universo durante 5 segundos enteros, al volver la luz todo seguía ahí, las montañas, los ríos, llanuras, árboles, algunos animales, e incluso unas bestias descerebradas que andaban lerdas y con desinterés general.

Diego Estrada Gutiérrez.

*Ilustración: Joachim Wtewael. The Golden Age. 1605.

Dolor. Miguel González.

Salí corriendo de la recámara, era casi la media noche cuando sucedió, en ese momento mi vista estaba nublada, no escuchaba nada por el estruendo, mi mente estaba en caos, ¿cómo llegué a este momento? cerré los ojos para pensar y definir qué hacer sin respuesta alguna. Después de unos minutos u horas mi mente comenzó a clarificarse. Se había caído y se había roto en pedazos, como es que llegó a ese punto, nunca en décadas le había pasado nada, si, era muy fuerte, tal vez si lo unía pedazo a pedazo pudiera llegar a ser lo que era, regresé a la recamara y empecé a unirlo, mi angustia aumentaba por cada minuto que pasaba, mis lágrimas empezaron a caer de la frustración, al final lo reconstruí todo, pero no era lo mismo, se había ido por completo su esencia y al final entendí la verdad. Las horas se convirtieron en días, y cuando recobre el sentido los rayos de sol rojizos entraban por la ventana e iluminaban su ausencia.

Miguel González.

* Ilustración: Angustia. August Friedrich Albrecht Schenck, 1878.

Espejo. Miguel González.

Y ahí estaba, enfrente de mí, juzgándome con su mirada, esa mirada despiadada. Llegó después de mucho tiempo, ese monstruo de complexión robusta de ojos pequeños amarillentos y boca grande, brillando en la oscuridad y esbozando una sonrisa. Veo sus ojos amenazadores buscando mi debilidad, mis inseguridades, quiere tomar mi miedo y embestirme, sin embargo, lo conozco bien, no me odia, trata de buscar refugio sin éxito, trata de refutar mis pensamientos, los cuales he afilado por tanto tiempo para poder llegar a hacerle frente. Sin embargo, seguimos viéndonos fijamente en este cuarto iluminado por la luna, sin decir nada, yo siento el miedo de veces anteriores en las que me ha dominado y castigado, pero aquí estamos viendo lo patéticos que somos, después de tiempo y no haber logrado castigarme al final se retira, me quedo mirando fijamente mi reflejo al espejo donde se encontraba.

Miguel González.

*Imagen: El falso espejo. Rene Magritte.