La gallardía. Víctor Ávila.

Tengo la gracia de una niña

que engaña con pulcras enaguas,

que sus rodillas siendo carmín

ya lucen obscuras de fango,

fingiendo limones sus pechos

vuelven sandías mis sonrisas,

como de Rufino Tamayo,

pintando semillas como ojos,

en azabache, voy fogoso.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* “Hombre con sandía” *Comedor de sandías. Rufino Tamayo. 1949. Óleo sobre tela.

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Derraman vino sobre el altar. Víctor Ávila.

El cielo se nos ha atestado de palabras

de género miedoso, forzado y mordido,

de paladares que embrutecen a los dogmas,

celan y sepultan a los grandes ausentes:

Dioses de pieles sobrias, o lisas o verdes.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* Pieter Brueghel el Joven. L’Adulatore, 1592 ca., olio su tavola circolare.

Falso deambulo. Víctor Ávila.

No gozaré

de los ímpetus

para abrazarte,

ánima en pena,

mera desdicha,

incluso fantasma

que separa

su existencia,

que remeda

su apariencia;

volver, germinar,

urgiendo la tregua.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* Manuscript Miniatures. [BL, Harley 1526].

 

Esas desquiciadas noches. Víctor Ávila.

Conmigo

ella es condescendiente

no habla cuando me ama

no me mira cuando me besa,

por qué no tiene ojos y es muda,

la pobre y fea de Carmela.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* Organ Grinder In Paris, 1864 Vasily Grigorevich Perov (Russian 1834  –  1882).

Ser. Cecilia Ávila.

¿Qué papel

me sobrepone a mí

el día de hoy?

¿Qué canto dará mi alma

al infortunio lector

dador de su tiempo?

¿Dirá de mí o dirá de él en mí?

¿Sabrá acaso

la flor de buganvilia

que su color es el más bello

y es eso el que me dirige a su amor?

¿Dará algo suyo?
No reclamo su atención.

Me invade la duda de saber cuál papel

me sobrepone a mí el día de hoy.

¿Seré poeta o seré lector?

 

Cecilia Ávila Velázquez

*12247. Biblioteca Nacional de Francia.

El Hueco. Alejandra Sosa.

I

Ser el relleno del huequito

que todos simulamos no tener,

sin decir que hace sed,

que hace miedo,

que la panza a uno le ruge

y que los ojos no conocen otra cosa

que la lagrima pura

que se corre hasta el huequito

y la sed se calma,

el miedo se hace huésped

y la panza se hermana

con la sal que succiona

la herida del huequito,

esa herida pequeñita

rodeada de carne viva,

de palabras, que aun lloran la partida

del que creyó un día mirando al cielo

que su huequito podría ser rellenado.

 

II

No importa el grito,

ni la alteración que este cause.

En este tiempo

en este mundo,

el grito encuentra su hueco

y el hueco le hace casa.

Se vive así

con una onda sonoro

metida entre los huesos.

Y uno muere así

con el grito entre el hueso

en la tierra.

 

III

Estas palabras no cambiaran nada,

estas palabras no alimentaran al pobre,

no regresaran a los desaparecidos

ni la sangre a sus cuerpos.

Estas letras,

en este orden no son coincidencia,

muchos menos bomba,

estas letras son el cumulo de un pasado

que mis pies en otros cuerpos tocaron

las mismas tierras,

las mismas calles,

los mismos hogares.

Estas palabras no son nada

ni siquiera tumba,

ni siquiera agua,

mucho menos cambio.

 

IV

Mis pies están cansados

todos los días a todas horas

y solo tengo veintitrés años.

La piel de mis rodillas

cada día se abre un poco más,

mi padre desde mis hombros me saluda

y el padre de mi padre desde sus hombros

duerme un poco,

pues las cenizas que lleva de su padre

que cargan sus hombros le cae en los ojos.

Debajo de mí no hay tierra

Debajo de mí,

mi hijo de dos años sonriendo

intenta sostener el peso de 100 años.

 

V

Me daba miedo ser joven

-dice mi padre

ser joven en esos días

era un acto de rebeldía

por eso fui viejo

y reprimí el amor

y la fiesta,

me olvide de el mar

y de la cerveza.

Me daba miedo llevar un libro en la mano,

llevar un libro en la mano suponía poder y dinero,

suponía dudar y preguntarse,

por eso reprimí

reprimí la curiosidad

y la duda.

Me daba miedo creer

que aquello podía cambiar

Me daba miedo despertar un día

y darme cuenta que envejecí

y nada de esto tuvo un final.

 

Alejandra Sosa

*Thomas Burke From My Study Window.

La mudanza del cuerpo. Víctor Ávila

Algo nace de mí;

sospecho.

Ruinoso, al despertar,

escondido tras sus cabellos,

el engendro abre la boca:

¿Eres mi madre?- pregunta

Lo dudo.- respondo.

Acierto y temo

que soy su alimento.

Abajo, su Madre,

nos observa:

son mecheros sus ojos.

Algo sucumbe en mí;

recelo.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*BL, Cotton Tiberius B V.