Huida. Víctor Ávila.

Tan infame como tu galopante sonrisa

voy pronto con la maleta revestida

no admito que tu amor sea intermitente.

 

Que los detalles causen sus memorias

de tus pecosas piernas educándome

de tus órbitas rosadas perturbándome

de tus dedos dentro de mí hasta el final.

 

Y que no me he confiado de las mujeres

me fié en lo masculino que escondían

bendito huracán que envolvía mi pudor.

 

Que me amparaba de tu equilibrio

de la cuerda floja, que se afloja

mientras tú te acaricias sobre mis libros

mientras tú te acaricias sobre mi ausencia.

 

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

*  Rembrandt Harmenszoon van Rijn. The Prophetess Anna. 1631.

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La brisa. Cecilia Ávila.

Un hueco húmedo lleno de inquina para flotar en él.

Un soplo fuerte donde te ciega el polvo.

Un sabor de sal en la lengua que escupe la verdad.

Es, en momentos, la sequía de este corazón.

 

Cecilia Ávila Velázquez.

*Storm at sea. Iván Konstantínovich Aivazovsky.

 

Un juego de dos. Cecilia Ávila.

Haz aire con tus piernas largas

como un rehilete en nuestra cama.

Nada en mi rojo corazón

en tu lancha llamada apego

y usemos los besos como remos.

Háblame en la noche azulada

con tus gritos desesperados

de una niña extraviada.

No hay otra cosa

que el juego de niños

en las sucias mentes

de un adulto efímero.

 

Cecilia Ávila Velázquez.

* Ernst Ludwig Kirchner.

Sra. Concha. Cecilia Ávila.

Caminemos juntas, amiga, que sola y afuera todo me es aburrido.

Volvamos a dormir plácidamente en el silencio que nos dio el hogar.

Mírame de nuevo con esa seguridad de que obtendrás tu pedazo de pan.

Vuelve a darme tu pata para recibir mis caricias.

Escúchame de nuevo y hazme creer que me entiendes.

Brinca de nuevo porque regresé por ti.

Ladra fuertemente al oír que un extraño toca nuestra casa.

Protégeme.

Vuelve conmigo porque saldré de casa…

 

Cecilia Ávila Velázquez.

* Svetlana Tartakovska. Woman in black.

Autorretrato con seres que vuelan. Moisés Ortega.

5

Al niño le gustaban las historias que le contaban las

tortugas.

Los secretos parecen siempre algo a punto de morir.

Creció. La edad trae en sus manos la pericia del

coleccionista,

dejó el pantalón corto; compró unos frascos grandes.

Luego dijo que los mandamientos del Dios de su padre

no eran otra cosa que consejos parecidos a los de la

abuela.

En los frascos permanecía guardada la piel de los

momentos

que se parece tanto a la transparencia de la mañana,

al sosiego del crepúsculo,

incluso a las nubes de la noche.

 

Moisés Ortega.

* Ilustración: Lectura vacacional. Carl Larsson. 1916.

** Poema del libro “Autorretrato con seres que vuelan”. 2014. Editorial Ojo de pez.

Cuando niña. Hélèn Cadou.

Cuando niña

temía que el pozo

abierto en lo hondo del jardín

 

Fuera un ojo abierto

hacia el fondo de la tierra

una mirada

 

Que permita ver

la noche de los tiempos

 

Y rechazaba el antojo

de tomarlo como espejo

 

Tal era el miedo a que mi cara

en él se perdiera.

 

*Hélèn Cadou (1922-2014) Nace en Mesquer, Francia. Poeta.

** Ilustración de Jin Xingye.

El oído afinado. Ósip Mandelstam.

El oído afinado dirige la vela sensitiva,

La mirada dilatada se despobla

Y un coro enmudecido de pájaros nocturnos

Atraviesa el silencio.

Yo soy tan pobre como la naturaleza

Y tan simple como el firmamento,

Y mi libertad es tan quimérica

Como el canto de los pájaros nocturnos.

Yo veo al mes inanimado

Y al cielo más muerto que el lienzo;

Y acepto del vacío

¡Su mundo enfermo y extraño!

* Ósip Mandelstam (1891-1938) Nace en Varsovia, Polonia. Poeta.

** Gustav Klimt. The Park. 1910.