La tristeza tiene ritmo. Víctor Ávila.

Me detengo hurgando las tristezas

bajo a tus lágrimas mientras farfullas

cierro mi boca, tú cierras los ojos.

 

Alcanzaste el pesimismo,

hablas de conveniencias,

alargo mi jadeo, el tuyo enmudece.

 

Noche trágica de apretadas penas

-hay cerezas en pleno sol de invierno-

la soledad y tú parecen ser inseparables.

 

Te haré parar, detente,

es viento la risa en el suelo

has marcado un paso diferente.

Lento, todo ritmo sale de tiempo

tiempo, tiempo, tiempo

y no te callas.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* Lucas Cranach the Elder The Fountain of Youth (1546)

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El alebrije amenazado. Cecilia Ávila.

Serio y magnífico

Difuso como la pintura

De estructura imaginaria

Amorfo sin desearlo

Nadie domina al otro

Blanco como un lienzo

Disfrazado de mil colores

Mil en uno

Como la mezcla

de muchas plastilinas.

 

Cecilia Ávila Velázquez.

*Henry Moore. The artists hands. 1974

 

 

Hielo y fuego. Robert Frost.

El mundo acabará, dicen, presa del fuego;

otros afirman que vencerá el hielo.

Por lo que yo sé acerca del deseo,

doy la razón a los que hablan de fuego.

Mas si el mundo tuviera que sucumbir dos veces,

pienso que sé bastante sobre el odio

para afirmar que la ruina sería

quizás tan grande,

y bastaría.

 

* Robert lee Frost (1874-1963) Nace San Francisco, California, Estados Unidos. Poeta.

**The Gare de l’Est in Snow, 1917.

El hombre imaginario. Nicanor Parra.

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

 

Nicanor Parra (1914-2018). Nace en San Fabián de Alico, Chile. Poeta, matemático y físico.

** Comparte Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*** El sastre. G.B. Moroni (1570-1575).

Habitante. Rodrigo Pérez.

Yo habito un mundo destruido

un mundo de puertas cerradas

de ventanas rotas

un mundo sórdido

de desencuentros.

 

Habito tierras llanas

que platican a grandes bocanadas

de tiempos mejores

de pasados fugaces

de aves que vuelan

de mares que cantan.

 

Yo vengo de tierras límbicas

que habitan otros tiempos

otras mañanas distantes

luces cálidas y ocres.

 

Habito la sombra

habito el deseo

camino

vuelo

canto

añoro nostalgias perdidas.

 

Habito calles de tristezas

soledades

desdenes

encantos y encuentros

y una luz.

 

Arriba

la atalaya guía a los náufragos

hacia encuentros prohibidos.

 

Habito en el canto de un mundo

que perdido en su búsqueda

encuentra sentido.

 

 

 

Yo vengo de un mundo destruido.

 

Rodrigo Pérez.

* Peeter Baltens_Sint Maartenskermis (1540 – 1598).

Días de invierno. Elena Mon.

El sonido de tu canto es tan mágico como la visita en primavera que tuviste a mi puerta.

Bendita golondrina, los días de invierno no son para ti.

 

Llegaste a la puerta de mi casa como golondrina con el alma rota.

Y aun en pedazos,

la  belleza de tu alma fueron un regalo que,

en una explosión de éxtasis dieron con la fortuna de un amor, casi por eyaculación.

Y ahora estás en mí, gozándome.

 

Bendita golondrina, los días de invierno no son para ti.

 

Amo la libidinosa manera en que observas mis piernas, y la musculatura con la que dominas el arte del amor, y en arte en sí.

Me excitas la vida, sin esperar nada,

nunca nada: no miento.

 

Porque a cada vuelo

y aun con el alma rota,

el sonido de tu canto es tan mágico como la visita en primavera que tuviste a mi puerta.

 

Bendita golondrina, los días de invierno no son para ti.

 

 

Elena Mon.