Dulce asfixia. Pablo Jara.

He tenido esos dolores de cabeza, para mí no es molesto, sin embargo en la madrugada tuve que levantarme a buscar aire, peor de lo que el sediento desea agua, la asfixia me atacó, y ya que me pasado muchas veces durante al menos veinte años me he convertido en un maestro, un artista de la asfixia, estoy seguro que si me observaran temblarían de terror, pero verían como tomo control de ello, y aunque la de ayer fue de las más difíciles que he tenido, estoy aquí para contarlo, todo es cuestión de no pensar en que vas a morir en ese instante, dejar de ser y dejarle todo al cuerpo, a los sentidos, ser la garganta que empieza a abrir lentamente, ser pulmones buscando aire, igual que los peces lo buscan fuera del agua, deseando aire hasta reventar, calmarse, suave, no ser estruendoso , para que alterar el sueño de mi esposa, ayer ni lo notó, cuando tengas control total de la situación te sentirás de vuelta en el agua, aire, delicioso aire, a continuación debo tomar mucha agua, el sabor de la asfixia es difícil de elimina, sudar frío es lo normal y muy difícil volver a dormir, y no por miedo a que suceda nuevamente, sino por las preguntas que me atacan en lo que resta de la noche, no las he podido responder antes de morir, lo mejor, lo que a mí me funciona es situarme en un buen lugar para ver el sol salir. Eso puede ayudar a encontrar respuestas.

 

Pablo Jara

* The False Prophet BnF latin 8878 11th c.

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La ballena de Céline y el mal del ojo seco. Pablo Jara.

La experiencia es una tenue lámpara que sólo ilumina al que la lleva.

 

De improviso quedé varado, mientras flotaba nunca le temí a las tempestades, sólo me cuidaba de los seres que me rodeaban, siempre están los dispuestos a matar por seguir mamando, el pez más grande siempre insatisfecho, muerto de hambre, como aquel dios que conocí, un dios que cuenta los minutos y los céntimos un dios desesperado, sensual y gruñón como un marrano, con alas de oro y que se tira por todos lados panza arriba en busca de caricias, ese es el gran señor, abracémonos, pero ese dios a mí no me convenció, no me arrodillé ante él, no iba a hacer lo que los demás sí, yo soy mi propio dios, en el momento más extremo, entre el hambre y la resequedad, no le rezaré a aquel dios, sabiendo que en cualquier momento una tormenta puede salvarme.

 

Pablo Jara.

*BNF FR 143, fol. 130v – Aquatic musicians in Neptune’s Court.

Polvo eres, ¿polvo serás? Pablo Jara.

Todos debemos ser ceniza arrojada al aire,

volver cuanto antes al polvo

que en su misericordia nos absuelva y acoja.

José Emilio Pacheco.

 

Ante el cinismo, prenderle fuego a todos, muerto el perro, en el ambiente sólo se respira vanidad, malos ejemplos, pura vergüenza, un silencio funerario me anuncia a ese jodido ruso de Dostoievski, lentamente arrastra sus palabras: indudablemente la vida es dura y nosotros, unos seres que a todo nos acostumbramos, tal es a mi entender la mejor definición que puede hacerse del hombre. No mencionó razas o religiones, mucho menos de naciones, el hombre tanto el  fuerte como el débil se adaptan a todo, hasta ahí llegó su evolución, entonces ¿Cuál revolución?, la revolución del polvo, el hombre el lobo del hombre, con el ritmo que lleva el tiempo, algún día ya ni polvo seremos.

 

Pablo Jara.

*Vasily Vereshchagin – “La apoteosis de la guerra” (1871, óleo sobre lienzo, 127 x 197 cm, Galería Tetryakov, Moscú).

Metamorfosis. Bukowsky.

vino una novia

que me hizo la cama

lavó y enceró el piso de la cocina

lavó las paredes

pasó la aspiradora

limpió el retrete

y la bañera

lavó el piso del baño

y cortó mis uñas de los pies y

mi cabello.

 

luego

todo en el mismo día

vino el plomero y reparó la llave de la cocina

y el retrete

y el técnico del gas reparó la calefacción

y el técnico del teléfono reparó el teléfono.

ahora estoy sentado aquí en medio de toda esta perfección

hay tanto silencio.

rompí con mis tres novias.

 

me sentía mejor cuando todo estaba

desordenado.

me tomará varios meses hacer que todo vuelva a la

normalidad.

ni siquiera encuentro una cucaracha con la que pueda convivir.

 

perdí mi ritmo.

no puedo dormir.

no puedo comer.

 

me han robado

mi suciedad.

 

 

*Charles Bukowsky (1920-1994) Nace en  Andernach, Alemania. Poeta.

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***Pedazo del Bosco, 1450.

El uso de la sinrazón. Pablo Jara

Lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro. Dicho popular.

 

Las ofensas de los ofendidos, los ofendidos piensan que los sentimientos solo pertenecen a ellos, los demás son robots, los ofendidos no conocen la palabra dialogo, tampoco conocen la palabra perdón, a ellos sólo les interesa su dolor, seres egoístas que se alimentan de palabras no dichas, les es más fácil destruir que construir, la bandera de la incongruencia es con la que van de avanzada, es este mundo jodido sólo ellos son víctimas, escupen al cielo pretendiendo no saber que pasara, ya sabemos que a cada acción una reacción totalmente opuesta, la ofensa de los ofendidos es el desdén, el valemadrismo, alimentándose de un orgullo por si mismos pisoteado, ya habló Jesús de ellos: ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lucas 6, 41-42).  Los ofendidos no piensan en el futuro porque no tienen percepción del tiempo, y sin duda es mejor ser un vencido del tiempo que un ofendido sin tiempo.

Pablo Jara.

* Kerry James Marshall – “A Portrait of the Artist as a Shadow of His Former Self” (1980, temple sobre papel, 20 x 16 cm).

 

Para morir bien. Pablo Jara.

No creo en la trascendencia, seré materia, seré este vaso de agua que estoy tomando.

Octavio Paz.

 

La otra noche recordé esa frase que dice “la idea de la extinción me tranquilizó”, llegó a mi memoria mientras me encontraba alterado, acostado a punto de dormir pensaba en la muerte, en mi muerte y algo comenzó a oprimir mi pecho, me levanté y puse los pies en el suelo, la idea de la extinción me tranquilizó, como una flama que no espera a morir para ser incendio, cuando vuelva al polvo, tiren mi ropa y mis zapatos, ya no estaré en esos objetos que ni a posesiones llegan, saquen mis notas y diviértanse con ellas, puede que ahí si me encuentren, hojea mis libros, corrección, hojea esos libros, de nadie y de todos, de algunos saldrá algo, tal vez tuyo o para ti, verdaderos tesoros, los pequeños días guardados, ese puede ser mi paraíso.

 

Pablo Jara.

*Escuela italiana – “Soldado muerto” (siglo XVII, óleo sobre lienzo, 104 x 167 cm, National Gallery, Londres).

 

Los buitres del nuevo siglo. Pablo Jara.

Es que si todos nos quedamos callados el mundo ardería en un cinismo total, donde estarían los buenos cristianos, los buenos vecinos, las voces de la nación, está pasando en este momento, cuervos merodean, es la señal, buitres que ahora comen carne fresca, impuros, malditos, como en tiempos de  guerra, exigiendo caminar por la paz.

Tal vez en este momento debería de estar preparando unos cocteles molotov y no escribiendo, sería mejor tratar de eliminar lo podrido, la carroña, pero también recordé que esta arma liviana acompañada de las pesadas palabras pueden dar además de placer, poder, viajar más rápido y llegar a más, ya que lo mío no es un acto revolucionario, pero mi forma de ser me obliga a estar del lado del que está siendo derribado, tal vez cuando el mundo arda tu estés luchando por mantener una estructura, yo estaré de lado de los que quieren derribarla. No hacer nada es como estar en contra.

Pablo Jara.

*El Buitre. Antonio García Vega.