Uso de cactáceas. Víctor Ávila.

Las aves dentro de mi casa me preguntan ¿Te gusta mi plumaje, Víctor? Claro que sí, me encanta, les contesto y me marcho con una sonrisa bien fingida. Ante el espejo me miro la piel ¿qué soy, putamadre? me pregunto, frunzo el ceño y me doy la espalda, a escondidas de mí muestro mi peor mueca y se me arruga todo el rostro, entonces me muerdo los labios y siento como me pica algo en la sangre, dentro de mi algo hierve ¡Tengo que vaciarme, háganse a un lado, idiotas! digo y nada ni nadie se aparta, todo lo que no veo me estorba hasta a llegar a mi desagüe… Rabioso me espino con el cactus más viejo de todos porque ese no me juzga, me conoce desde hace diez años… Ahora sí, todo está mucho mejor, respiro y cavilo.

Más tarde me asomo por la ventana y tengo la dicha de que un árbol engreído me esconda a la ciudad.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

*Paisaje con cactus. Diego Rivera. 1931.

Qué somos. Rodrigo Pérez.

¿Qué somos las personas? ¿máquinas-herramientas?

¿Entes luminosos?

Quizá solo somos

amarres musculares y nerviosos

¿Qué terrible injuria cometimos los humanos para vivir atormentados de razón y de sentido?

¿Qué somos los humanos? despojos antiguos cargados de temores y experiencias que transitan un presente entre la angustiosa condena de sentir o no sentir.

 

¿Qué somos los humanos?

¿Contenedores de dolores y tristezas enormes cúmulos de abandonos,

decisiones y  certezas?

libros abiertos

repletos de códigos ancestrales

o apenas manchados por la tinta

de uno que otro fracaso personal

 

¿Deidades creadoras de conceptos, envalentonadas ideas, guías de un destino que probablemente es ajeno?

O simplemente sobrevalorados seres obedientes de rutinas muy marcadas.

 

Manipuladores de la información

manipuladores del placer

manipuladores del sufrimiento

prestidigitadores emocionales.

 

¿Qué somos los humanos?

La panacea de la vida y la existencia o una plaga incomoda que devora a quien se le aparece en frente.

 

Rodrigo Pérez.

* Jan Steen. 1650.

Cecilia II. Pablo Jara.

Es lo que celebro, a ti, tú que atiendes al llamado de tu naturaleza como mujer y a la sororidad con la que te arriesgas a caminar, piensas que si todos ganan tú ganas, no te gusta la línea recta, para ti vivir es torcerla, así marcas tu destino, así creas tu propio dios, ese dios al que le rezo y le canto mientras cierras los ojos, cuando la vigilia te ha alcanzado te susurro un te amo casi inaudible. Es mi eterna plegaria, Que no dejes de nacer. Amen.

 

Pablo Jara.

* Volavérunt. F. Goya. 1799.

No tengo nada que decir y lo digo. Pablo Jara.

Eso que hablas y no es cierto no se llama mentira, es simple autoengaño, una puesta en escena sin espectadores, un boxeador que no golpea, y ¿a quién le puede interesar esa farsa? si nuestras vidas son iguales, caminando hacia el mismo final, cuando el rencor se disipe mi escritura podrá desaparecer, por ahora de ello se nutre.

Pero cuando la rueda gire otra vez ese sentimiento no será más que un recuerdo, un impulso, y tú, ¿seguirás en el autoengaño?

 

Pablo Jara.

* Edward Hopper. Two Comedians. 1966

KATORGA. Pablo Jara.

La razón no me ha llevado a nada, al contrario, se ha convertido en una cárcel para mí, atrapado en ella, preso y exiliado, haciéndome preguntas para las que aún no tengo respuestas, insomnio, mal sabor de boca, jaquecas, los sabios dicen que eso es la vida, y cuando se acaba, la muerte te lleva igual ignorante, igual sabio, pero mientras que ¿me mato y ya? No soy tan valiente,  al menos no en este momento. Es mejor morir irracionalmente  por una mujer o por mi país.

Morir.

 

Pablo Jara.

* Aleksander Sochaczewski’s.

De los dichos. Salinas Ulloa Portugal.

De esa agua no he de beber. Dicen que no debemos decir, porque el pez por su boca muere, tal como dice la dicha, cae más pronto un hablador que un cojo, tal como dice el dicho. Somos nuestro propio juez, y el tiempo nuestro verdugo.

 

Salinas Ulloa Portugal.

*Ilustración: Bnf. ¿?

Como Sísifo. Pablo Jara.

Entre otras incomodidades de los mortales, está esa ceguera del alma que hace al hombre no sólo errar, sino amar sus errores. Séneca.

 

Mientras avanza la vida, vamos llevando nuestras propias cargas, algunos de bajada,  y otros, la mayoría, cómo Sísifo, purgando alguna condena, la ignorancia puede ser esa condena, ignorancia capaz de hacer  ver otra vida  con desdén, no sé por qué se nos fue negada la empatía, pero esa luz blanca con las que nos sentimos tocados y originales, es la misma que nos ciega y nos envilece, deforma nuestra visión, incluso nos hace dudar de nuestros sentidos, llevando al extremo nuestras vanidades, vemos guerras con indiferencia, otra vez el desdén, pueriles ante las injusticias. Falsas comodidades hacen que emerja de nuestro interior lo peor de nosotros, ajenos a nuestra supuesta humanidad, obcecados egoístas, sintiéndonos en el paraíso mientras fingimos no oler el azufre, aún con la creencia de nuestra superioridad intelectual, aún en la caverna.

 

Pablo Jara.

*The Battle Of The Argonne 1959. Rene Magritte.

Envidia I. Melina Aldana

El apego, es mi pesar, vivir mis sueños me ha enemistado con los que me rodean, la envidia es un sentimiento natural imposible direccionar que nos muestra que tan inferiores nos sentimos, he intentado repeler éstos actos, las palabras hirientes, la sátira planificada, pero en el segundo respiro me estalla el corazón y duele. Aún me siento humana y por lo tanto conservo las esperanzas.

Es difícil guardar distancia, no sé si lo justifico con lo cuantificable del tiempo o finalmente es mi  temor a la transcendencia.

 

Melina Alejandra González Aldana

*Lithographie d’après Louis Boulanger.

Arrastrar el lápiz. Emilio Cabral.

Han pasado meses de la última vez que escribí, comenzaba a arrastrar el lápiz por el papel y se volvía tedioso, soso y aburrido, las ideas no llegaban a mi mente, solo vomitaba palabras inútiles y sin sentido, maldición, quiero escribir del amor que no siento, de la vida que no vivo y de la muerte que me da miedo, como decía Mario Benedetti en la tregua “porque yo tengo todo el cuadro mental y moral del suicida, menos la fuerza que se precisa para meterse un tiro en la sien.” Cada palabra que pasaba por mi mente directo al papel la odiaba, la odiaba con intensidad, arrancaba las hojas con desprecio y unas cuantas las borraba con mis lágrimas. Siempre intento plasmar historias y terminó plasmando mi vida, como si la regalará en un jodido folleto que la gente tira 5 metros después y a veces me preguntaba cuál era el sentido, el sentido de llegar a publicar, de que todos lean mis sentimientos, mis historias de amor y desamor. Para que unos cuantos me aplaudieran y otros tantos se burlaran, me repudia el hecho de saber que soy yo en cada fragmento, como si prostituyera mi mente y mis recuerdos, que todos lo lean sin sentimientos mientras yo derramaba lágrimas cuando lo escribía, que lo pasen de largo y peor aún que se pierdan en el infinito, odio el momento que decidí comenzar a escribir, pero odio más no dejar de hacerlo, amarlo y saber que es de lo único que tengo, que es más real que un Ferrari, que es menos soso que el dinero, que es más divertido que un parque y más triste que un funeral, me lleva de lo más bajo a lo más alto y sueño con llegar al cielo y temer del infierno, vivir y sentir lo que yo quiera y de existir donde se me hinche la puta gana, ser yo y que sepan quién soy. Todo le importará al que llegue hasta el punto final, vivir y sentir cada palabra y expresar la vida con cada discurso. Amo escribir y maldita sea, nunca lo dejaré de hacer.

 

Emilio Cabral.

* Adriaen van Ostade – “Los alegres bebedores” (1659, óleo sobre tabla, 30 x 25 cm, Mauritshuis, La Haya).

Periodo efímero. Jocelyn

¿Qué hay de malo en percibir el físico humano como algo maravilloso? Por optar en ver primero la sonrisa o los ojos de una persona antes de conocerla y darse cuenta si en verdad es benévolo o no, digo a final de cuentas resulta de ese modo la atracción. Cuando te encuentras sumergido en tus propios pesares y alguien se cruza en tu sendero y consigue robar tu atención.

 

Jocelyn.

*Pintura de Helene Delmaire.