Olvídate. Emilio Cabral.

Mujer olvídate de esos cuentos de hadas,  de amores eternos y de Príncipes azules, mujer no te hagas a la idea de perfecciones, olvídate de prejuicios, del “que dirán”, olvídate de tu cuerpo, no necesito que seas delgada o tengas grandes curvas, olvídate de todo y amemos, amemos no eternamente, amemos lo que queramos amar, no nos preocupemos del tiempo. Mujer yo no soy el hombre perfecto, pero tampoco quiero a la mujer perfecta, sal sin maquillaje, no me importa, no es indispensable para ver tu alma, para amarte sin prejuicios. No seas mi felicidad mujer, ni si quiera te empeñes en hacerme más feliz, mejor compartamos nuestras felicidades y porque no, también las tristezas, olvidémonos de todo mujer, amemos sin pensar, sin decir ni una sola palabra, no me pongas apodos, no me tomes de la mano, no me beses en público, no publiques tonterías en Facebook, una mirada tuya me basta para saber cuánto me amas. Mujer quédate a mi lado el tiempo suficiente, al final cuando nos tengamos que alejar y perder, no serás un recuerdo, ni una historia que contar, no habrá rencor, ni falsedad, seguirás siendo parte de mi vida y mujer si quieres olvídame, pero no te olvides de como amar.

 

Emilio Cabral.

* Akseli Gallen-Kallela – “Niño con cuervo” (1884, óleo sobre lienzo, 80 x 72 cm, Ateneum, Helsinki).

 

Mimosa roja. Melina Aldana.

Comienza la adormidera, mi cuerpo ya lo sabe y me convierto en una  mimosa púdica.
He desarrollado dos teorías:
Cuando estoy del lado derecho todo es más llevadero, puedo convivir por seis horas sin herir a nadie.
Pero cuando me encuentro de lado izquierdo me pliego hasta lo profundo y se me olvida quien soy.
Alguien con amor modifica la temperatura,  8, 10, 11 grados, morí y volví a ser humana. Cuento los 21 días para ser planta otra vez.

Melina Alejandra González Aldana.

* Aristide Maillol – “Mujer de perfil” (h. 1896, óleo sobre lienzo, 73 x 103 cm, Museo d’Orsay, París).

Una petición incomprensible para los hombres. Víctor Ávila.

La petición de levantar la cabeza y observar el cielo de vez en cuando y no entender nada, es una posible exageración pero siempre está la sospecha de algo más. Lo mismo sucede en la calle, sobre el suelo caminan las mujeres con las miradas en los señalamientos escondidos para los hombres, algunos a forma de petición y otros como una sugerencia. Entonces en el cielo transitan otras mujeres que no advierten los hombres. No comprender lo que sucede es entender lo que no pasa, por lo tanto, ya desfila algo que los puede asombrar aunque, con malicia, los hombres no lo quieran reconocer. Al menos pueden ignorar lo que está ahí sin ninguna explicación y es así como debe de suceder. ¿Creen los hombres imaginar la tierra que pisan por encima del concreto? No acordarse de ella no es tan malo. Lo mismo ocurre con el cielo que no alcanzan a mirar del todo, llámenlo miopía o como quieran, pero aun desconocen muchas cosas acerca de las mujeres. Ejemplificar esto despejará algunas mentes: una mujer morena, de cabello ondulado, descubre que al saltar descose sus pies del suelo. Por un momento ya no está su peso sobre la tierra, entonces su cuerpo, al acongojarse de lo que carga, regresa al empedrado de la calle. Sus talones rebotan y sonríe. Esto puede durar dos segundos o treinta y siete horas. El volver y no irse al carajo responde a la física, eso no es nada nuevo; lo gracioso es el retorno, la simplicidad de ser y volver cuando se quiere. Las faenas que tengan sobre las nubes no son asuntos simples, tampoco algo que les importe a los demás. Los hombres, hostigados a sí mismos por su falta de compresión, intentarán despedirse con un guiño o un beso cuando salte una mujer, los más astutos sabrán que la mejor despedida es una sonrisa mientras desaparecen para volver algún día. No será necesario cargar un paraguas los próximas días.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* Sir Edward Coley Burne-Jones – “El espejo de Venus” (1877, óleo sobre lienzo, 120 x 200 cm, Fundación Calouste Gulbenkian, Lisboa).

 

 

“La muerte niña”. Cecilia Ávila.

Litografía. La muerte niña. Abril 2015

Litografía.”La muerte niña” por Cecilia Ávila Velázquez. Abril 2015.

Mujer no te lleves a mis hijas cuando aún viva. Déjamelas ahora y quizás si me das señales de tu capricho, yo decida darte una tregua…

Mujer déjame a mis hijas ahora. Ya tengo la desventaja de no verlas ancianas y eso me rompe el alma, por eso te ofrezco ese sufrimiento mío, aléjate lo más que puedas y déjalas tranquilas…

Mujer, sé que llegará la hora, te he dado velas en muertes ajenas, por eso te pido de nuevo, que les arrulles con suave voz, cobíjalas en lindas telas y hazlas reír, que no me vean sufrir y así, lenta y amorosamente, cárgalas y ve a tu destino…

Cecilia Ávila Velázquez.