El mito es la palabra. Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Andábamos por ahí, como animales, y en cierto momento, se nos ha dado la razón: la razón de ser. ¿Quién nos la ha dado? Ahí mismo nos vemos entre nosotros y con esta pregunta nos encogemos de hombros; reconocemos que no somos capaces de crearnos a nosotros mismo, mucho menos a nuestra razón y a la razón de nuestra existencia. Entonces, ya que se nos ha dado ¿qué hacemos con ella? Nos volvemos a mirar unos a otros avergonzados. Hay quienes se les ocurre que sigamos haciendo lo que ya hacíamos: andar, bien, eso está bien, pero a otros pocos se les ocurre contemplar, imaginar y crear: pensar. Adelante pues, vámonos yendo que ya fuimos prehistoria y avanza rápido la historia.

Con esos movimientos, el mito se hace presente entre nosotros, fue por medio del lenguaje, ¡oh, los cantos, los poemas y los cuentos! El fuego ilumina la cueva y sus pinturas, oramos por la caza del día siguiente, por el bien común, y es que, o somos nosotros o son esas bestias. Entonces somos nosotros. Es nuestra vida y es nuestra muerte. Ya bien lo sabemos, nos han contado lo que pasa con el hambre, lo que pasa sin el fuego, lo que pasa sin la ropa o lo que pasa si andamos solos por ahí sin otros hombres y otras mujeres. Nos necesitamos para seguir existiendo, por eso seguimos juntos por el pasado que nos cuentan. Tenemos que volver a contarnos una y otra vez las experiencias de nuestros antecesores, para nunca olvidar su existencia y su aprendizaje. ¡Oh, los cantos, oh, los poemas, oh, los cuentos!

Cantemos una y otra vez, con ese lenguaje tan propio de los virtuosos, lo que se manifiesta desde antes del origen hasta nuestros días, del tiempo fuera del tiempo. Algunos lo llamarán, a este uso del lenguaje, falacias, dogmas, embustes, mentiras, bien puedo seguir pero aquí me detengo para decirles que se llaman Mitos. El mito es aquello que ocurre en lo sagrado, y lo que en este momento nos importa es la creación de nosotros, y ¿Por qué a través del mito? porque la trascendencia de su mensaje está en aquellos símbolos que no se podrían tratar de otra forma, y esto lo hacemos y nos nace en la naturalidad de nuestra existencia, y es también en su misma incomprensión que nos da algo más, ese algo sagrado. También se nos permite, con los textos míticos, acercarnos a ese plano hermoso de sabiduría ancestral. Es lo que heredamos como especie y sería un mal ignorarlos o rechazarlos por cualquier motivo.

Abrazamos a los mitos ya que en ellos buscamos el principio explicativo de lo real. Así como también el orden donde hubo caos, o del cómo vivir en empatía y armonía, y todo a través de las palabras, así pues, las cosmogonías y las teogonías son significativas para la existencia de los hombres. Los mitos no quieren decir que estén fuera de la razón, y es que esa es una razón, una de tantas, o un razonamiento tan capaz que logramos de forma natural. Dictar o comparar mitología con o contra la razón, es una vulgaridad, es una estupidez, esto va más allá. No se trata de eso. Son cosas tan incomparables que en cualquier caso se llegan a apoyar una a la otra, armonías que van de la mano. El mito es la palabra que alimenta el qué de nuestra existencia.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: Escena del pozo en Lascaux. (En ella un hombre yaciente con cabeza de pájaro, junto a un bastón coronado con una figura también de pájaro. Frente a él un bisonte malherido por unas lanzas, en actitud de cornear o haber corneado al hombre-pájaro y al que se le escapan del vientre los intestinos.).

Cosmogonía. Diego Estrada Gutiérrez.

En el inicio lo hubo todo: montañas, ríos, llanuras, árboles, animales e incluso unas bestias descerebradas que se movían con una lentitud y desinterés impresionante. Entonces, hubo un estruendo de promociones cósmicas y la luz del universo se apagó durante un segundo entero. Cuando la luz regresó las montañas, ríos e incluso los animales seguían ahí, pero las bestias descerebradas comenzaron a transformarse, se irguieron y empezaron a emitir sonidos entre balbuceo y tarareo, empezaron a moverse con mayor velocidad, a construir chozas, a formar comunidades cada vez un poco más grandes y más complejas, así generación tras generación durante 1,000 años, hasta que de repente un día como cualquier otro, al ponerse el Sol hubo un gran estruendo y entonces toda la luz del universo se apagó durante 2 segundos enteros, al regresar la luz, estas bestias, ya alejadas de este concepto por la evolución que habían sufrido, comenzaron a asesinarse los unos a los otros, sin razón aparente ni provocación previa. Se asesinaron hasta erradicar casi por completo su población, con excepción de 4 personas, 2 hombres y 2 mujeres, quienes con la intención de poner fin a la masacre hicieron un pacto, 1 mujer de una familia asesinaría a la otra y lo mismo con los hombres, para así quedar sólo 1 pareja de familias diferentes, quienes crearían lazos y traerían progenitores para repoblar el mundo, erigido sobre los cadáveres de sus ancestros.

Y así fue, pues gozaron de paz durante 5,000 años, lograron construir grandes máquinas para hacer su día a día mucho más sencillo, desarrollaron lenguas diversas para comunicarse, crearon la música, pintura, literatura, escultura, entre muchas otras formas de expresión artística, al término de estos 5,000 años, hubo un gran estruendo, uno que privó de luz a todo el universo durante 5 segundos enteros, al volver la luz todo seguía ahí, las montañas, los ríos, llanuras, árboles, algunos animales, e incluso unas bestias descerebradas que andaban lerdas y con desinterés general.

Diego Estrada Gutiérrez.

*Ilustración: Joachim Wtewael. The Golden Age. 1605.