Un charco de lluvia. Víctor Ávila.

Las nubes se alejaban del sol, huían, cargadas de agua se marchaban más allá del cerro, mientras el sol dejaba visualizar la humedad del pasto y comenzaba a brillar un arcoíris policromático, a los ojos del niño, que no dejaba de mascar la pequeña hebrita de raíz que encontró.

El niño se marchó saltando entre los charcos que reflejaban su cuerpo distorsionado en el campo. A la orilla de una pila de agua había otro charco y en él una niña que se miraba en el reflejo.

El niño se acercó y veía que el charco era poco común, era como un espejo de color amarillento, obscuro, que reflejaba la ausencia de la luz del día. En el reflejo, el rostro del niño, era el de una adolescente con la cara sucia que se tocaba repetidamente la oreja. En el reflejo de la niña se veía una señora mostrando los senos, riendo a carcajadas, como su madre.

La niña se alejó del charco, se desnudó, saltó a la pila de agua y nadó. El niño la imitó, se desnudó y saltó en la pila, salpicando al charco amarillento, y así difuminaron el incongruente reflejo que mostraban las ondas de agua seguidas de ondas más claras.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Melanie and Me Swimming. 1978 Michael Andrews (British,1928–1995).

**Cuento publicado en el libro: Retratos en marco de piedra en el 2010.