Corazón de niña. Melina Aldana.

Su corazón de niña se quiere salir, se ha cansado de luchar con la herida del abandono, se logra refugiar en los que son su espejo y su sangre.

Tranquila mi niña deja tus arrebatos infantiles, para ir un paso a la vez, respira, mira hacia el mar y sumérgete en esa ola creciente.

Melina Alejandra González Aldana.

*Ilustración: John Singer Sargent. The Daughters of Edward Darley Boit. 1882.

O varar, o naufragar. Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Un rosado

atardecer

revelaba

del sostén

a las olas

encalladas

sobre

su piel.

.

Trepidaba

mi corazón

y caía

de sed.

.

O varar,

o naufragar,

en la pasividad

de sus mares.

.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: Ilya Repin. Sadko in the Underwater Kingdom.

El baile. Miguel González.

Nunca se me dio el baile, pero la vi a ella, la vi tan fresca, sus movimientos eran tan libres tan perfectamente efectuados, era espontánea, con su mirada enamoraba a niños, jóvenes, hombres y mujeres por igual, su danza no paraba, una banda musical se acercó para hacer feliz el momento, muchos se unieron al barullo del baile, todos sonreían, reían, se había convertido en una gran fiesta, el carnaval había llegado en otoño, la alegría se desbordaba entre la gente, yo torpe como siempre, entré al barullo, empecé a bailar igual que ella, con movimientos artísticamente bellos, se convirtió en algo imparable, no quise parar porque me daba vida, persona que llegaba, persona que sacaba excelentes pasos de baile, y más bellos aún, nos convertimos en artistas de bailes súbitamente, todos unidos en una coreografía.  Pasó la mañana, pasó la tarde, pasó la noche, pasaron 5 días, fuimos cayendo uno por uno, primero ella, la hermosa, con la cara fatigada, con los pies ensangrentados, con sangre saliendo por su nariz, cayó súbitamente, por la inercia del baile nadie pudo pararse a ayudarla, ahí quedó inconsciente, la muerte llegó por ella unos minutos después. Todos ante esta situación no pudieron detenerse, estábamos en una inercia del universo, un bucle eterno, algo imparable, la belleza pasó a desesperación, los movimientos seguían siendo hermosos pero las miradas de seducción al hacer un pase de baile pasaron a ser expresiones de terror, las caras de los presentes se empezaban a desfigurar, lágrimas de sangre salían por cualquier poro de la piel, los gritos de aliento pasaron a ser gritos de miedo desgarrando la noche, y la muerte esperaba alrededor de la pista de baile donde elegía a su próxima víctima, la vida se esfumó de mí el sexto día.

Miguel González.

*Ilustración: Pieter Brueghel el Viejo. Danza campesina.

Drama. Cecilia Ávila.

Vas entrando en el pórtico de lo obsoleto.

No hay poemas y mucho menos flores.

Todo se vuelve drama.

Ve escogiendo la madera de tu baúl.

Ese baúl que también será obsoleto.

Cecilia Ávila Velázquez.

*Ilustración: Ivan Nikolaevich Kramskoi. Jesus in the desert. 1872.

Ideas arrinconadas en la noche #86. Pablo Jara.

Enajenados, se juntan, van unidos, como piezas de dominio se alinean para su caída, solo llevan esos lindos uniformes de gala para morir.

Pablo Jara.

*Ilustración: Frederic Remington. The Mier Expedition; The Drawing of the Black Bean 1896.

Siesta del insomnio. Pablo Jara.

Para que son las normas sino para doblarlas, para que son las reglas sino para doblegarlas, a que batalla crees llegar si no te vencerás más que a ti mismo, aun así te juzgas con sus ojos y te sientes en su delirio, el resultado es que cualquier día estallarás, sabes que es verdad, morirás en ti, en mí, en las entrañas, obseso, e impaciente, con ese insulso sabor a  dolor, incisivo recuerdo de ese olor, ojos invasivos llenos de esperanza, derruimos ciudades y planeamos invasiones, caímos en la barbarie y subsistimos a los subsistemas del futuro en el presente, caníbales humanizados, transhumantes y de mutantes, derivados de las noches caímos a estos días, concluí que esta libertad no me encaja, no soy de esa clase de seres libres, y aunque bailo caigo en la lenta arritmia de mi caos, de mis pies caminados, con palizas y pasos, pausas con prisa, respiro y me agito, abro los ojos y la ceguera es negra, caigo para no levantarme, me adapto al suelo que algún día volaré, no por esperanza, solo por esperar, y ya que al parecer el sueño es aterrador y como no creo en infiernos menos en paraísos, juego a perder, para tener esa libertad de romper esa maldita regla, pensar en el lodo, escribir desde la incomodidad, desde la desnudez del que escribe como vive, tropezando en su propio caos.

Pablo Jara

*Ilustración: Libertad. Juan Blanco. 1945-1988.

Cosmogonía. Emilio Cabral.

Todo era silencio, calma absoluta, una luz aparecía en el horizonte, un pequeño punto blanco que no iluminaba nada, se escuchaban las voces de los dioses, risas y charlas, pero no se veía nada, y cada sobresalto, enojo y grito, hacía que esa pequeña luz se hiciera más grande entre las voces, siendo dioses nada les importaba, la inmortalidad era casi palpable, hasta que uno de ellos sufrió un sobresalto, un grito que cimbró la nada, y deslumbró a los dioses, cobijándolos completamente en ese manto de luz, haciendo ver su inmortalidad, esas voces tomaron forma, miraron sus manos y sintieron dolor por las espinas del suelo, se avergonzaron con su desnudez y mientras unos callaron y bajaron la cabeza, otros siguieron gritando, añorando la calma de la soledad, del vacío de la tranquilidad, miraron su alrededor y sintieron hambre y poder, sintieron placer y dolor, poblaron la tierra de vida, como símbolo de perpetuidad de dolor, de heredar sufrimiento y castigo, y ellos como viejos poder regresar al paraíso.

Emilio Cabral.

*Ilustración: Marinus van Reymerswale. Saint Jerome.

Cuando leo. Víctor Ávila.

Cuando leo, no pienso, eso llega después, con calma, paso a paso. Leo palabra por palabra y se profanan algunas imágenes que daba ya por concebidas y que ahora son otras. Las oraciones crean los tejidos de cualquier ambiente. Luego están las comas, como suspiros siempre han sido, el aliento del texto mientras lo leo. Leer no es un quehacer intelectual, es la faena de entrar a otros pensamientos bajo el manto de ser invitados, no hay que cerrar la puerta, otros más llegarán, quizá abrir las ventanas. Leer es el mayor edicto de nuestro lenguaje sobre la vida humana y sus percepciones. Cuando leo, dejo atrás quien era para ser primicia de una empatía breve, tan breve como un relato, un poema o una novela.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* René Magritte – “Hombre con periódico” (1928, óleo sobre lienzo, 115 x 89 cm, Tate Modern, Londres).

 

Yo sé. Cecilia Ávila.

No me digas que no tienes creatividad. No me digas que no puedes crear. Que no puedes imaginar. No te engañes más. Súbete a lo que quieras y date permiso de volar. Atrapa ese pensamiento, ese sentimiento, ese deseo, porque sabes que lo harás. Deja de odiarte y entiéndete una vez más. Ve ese cielo que te pertenece y respira fuerte. Haz de tu vida una gran prueba de valor y amor. Amar es para los fuertes, porque odiar es para los mediocres, los débiles, los destruidos ¿acaso las guerras no te son suficientes?
Vida sólo esta. Vida la tuya que vivo en ti. Vives en mí. Vivo estás. Así que no me digas que no sabes crear, que no sabes imaginar. Yo sé que puedes volar. Que puedes amar y por lo tanto puedes crear.

Cecilia Ávila Velázquez.

 

*Pieter de Hooch – “Un niño trayendo pan” (1663, óleo sobre lienzo, 73 x 59 cm, The Wallace Collection, Londres).