Mosferatu. Fernando Escobar.

Venías por mi sangre, y yo, sabía que tenía que matarte. Merodeabas muy excitado todo mi cuerpo, con furia animal necesitabas de mí. ¿A qué te sabrá mi sangre, hijo de puta? Me deshago de la cobija, desnudo te insisto a que vengas y manifiestes tu asquerosa hambre, te espero, te escucho, te siento y cuando comienzas a beber desesperadamente de mí y ¡zaz! Ahí te va el vergazo, pinche zancudo culero.

 

Fernando Escobar.

* Antiguo díptera mosca y mosquito grabado, original francés grabado, Ilustración de 1860.

Las mujeres son más pequeñas para poder oler mejor su cabello. Fernando Escobar.

Realmente, sólo quería estar lo más cerca posible de ella para alcanzar a oler su cabello. Lo de tomarla de los hombros, besarle el cuello y morderle quedito las orejas, eso ya fue mera fantasía.

¿Cómo lograr decirle algo? Cualquier cosa, “Hola ¿Cómo te va? ¿Cuál es tu color favorito? ¿Te gusta el elote tatemado o nada más cocido? ¿Quieres ir un día de estos por una Chaska, sentarnos en una banca de la Exedra y hablar de literatura?” Pero, creo que al tenerla cerca, mis nervios me traicionan gacho, cuando comienzo a sentir cómo se me suben los colores concentrándose en los cachetes y estos a su vez se contraen formándome una mueca medio estúpida, me suda la mano izquierda mientras la derecha tamborilea con mi pluma. La respiración se vuelve corta, rápida y el pulso se agita, retumba.

Hoy, se sentó a mi lado, porque no le quedaba de otra y porque mi caballerosidad ocasional la invitó a ocupar la última bendita silla.

Pasaba a cada rato su delegada mano entre su melena negra azabache y también se movía mucho, como impaciente toda la hermosa de ella.

Mientras yo, por mi cuenta, comprobaba discretamente, si aún olía aunque sea un poco a aquel perfume que recién compré.

Preguntas, como enfadosas moscas, me rondaban la cabeza.

¿Se moverá de ese modo gracias a algún buen efecto que le provoca el Hugo Boss del pasaje Juárez que traigo puesto? ¿Sentirá acaso, aunque sea un poco, de esa atracción química-cachonda? ¿Pensará que la veo demasiado, que hasta cuando se voltea y me da la espalda no puedo dejar de mirar su bonito pelo? ¿La incomodaré y sentirá que soy un cachondo y que ando bien erizo?

Por mi parte, juro que sólo intentaba acercarme un poquito hasta lograr alcanzar a oler el aroma de su pelo. Lo demás, fue pura fantasía.

 

Fernando Escobar.

* Un juego de paciencia (Meredith Frampton, 1937).

María José. (Ejercicio). Fernando Escobar.

¡Y, ah! como te amaba, virgen injuriada,

corazón marginado, ablandado por honesto,

mi niña inquieta, mi niña hermosa

en tus labios nazco y ardo, ardo y muero.

Tú, una dicha enteramente proclamada,

una pasión dañosa de un Dios enfermo,

tú, vida amor y gloria

dime como vuelo.

 

Fernando Escobar.

*Retrato de Helene * Gustav Klimt.