Roma. Alfonso Cuarón. El Conde Filmstrostky.

Me es muy difícil llegar aquí, porque yo amo al pueblo de México, casi me siento mexicano y sé que os pueden ofender con mis opiniones del cine que aprecio. Aun así creo que di en el clavo con esta película.

¿Han escuchado o leído la expresión “Quien mucho abarca poco aprieta”? Pues creo que ahí habita el error de Cuarón.

Alfonsito, al sentir que estaba siendo tocado por Dios, quiso hacer de todo en su más reciente film: Escritor, Director, Fotógrafo, Montajista, Editor y Productor.

Pareciera que Roma es un producto para adquirir y complacernos y no un arte para apreciar y discernir… Bueno pues vaya qué hay que tener cojones para hacerlo así.  Y es que quizá resulte sencillo, jugarle al vergas, cuando tienes que contar la misma historia de siempre, ya sabéis la de los mexicanos o su equivalente melodrama que eternamente nos cuentan las televisoras de México o el cine mexicano. Que hueva.

Pero no todo es una embarrada de mierda en esta película. En Roma, la actriz indígena es sobresaliente. En Roma han retratado muy bien la época… y ya… ¿Alguien notó la fotografía plagiada de lo que se aplaude ahora? Esto es claro, pues Cuarón no es fotógrafo y sólo imitó para gustar.

En fin no me gusta hablar mal de lo que veo, lo que a mí me gusta es celebrar con ustedes el cine. Esta vez no fue motivo. Extraño el Cuarón de la Princesita, el Cuarón de Children of men, carajillos, extraño el Cuarón de H. Potter y el prisionero de Azkaban.

1/5 Estrellas.

 

El Conde Filmstrosky.

Sobre ti. Emilio Cabral.

No seré escritor, ni tampoco me comparo con un trovador, pero me encanta escribir sobre ti, lo que haces sentir y soñar, tratar de describir el sentimiento de tu mirada, el calor de tus brazos y el dulce de tus labios, respirar tu esencia, interpretar tu dulce voz para recordarla mientras estoy sólo, sentir tu alma abrazar la mía, suspirar con cada breve recuerdo, elegirte cada día que transcurre, no extrañarte, sino recordarte en tu ausencia, vivir amándote, pero odiando tus defectos, tan tuyos que no los cambiaría, besar tu cuello, mirar tu silueta y volver a suspirar un recuerdo, tomar tu mano, besar tu mejilla, saber que eres mía y a la vez que seas libre de irte y olvidarme, quedarte dormida, olvidar que cada día es especial, tener miedo de irse, tristeza al extrañarse, terminar todo y largarse, conocer y volver a empezar, tan dulce y tan amargo, siempre cambiante y deseado, que bonito es el maldito amor, que nos hace reír hasta llorar y llorar para no reír, dejar hasta olvidar y querer volver a desear, sufrir para él y sufrir por él y maldito el amor que me hace llorar hasta olvidar y dejar de escribir.

 

Emilio Cabral.

*John Everett Millais – “La sonámbula” (1871, óleo sobre lienzo, 154 x 91 cm, colección privada).