El aire que impulsa. Víctor Ávila.

A Fernando Escobar García.

 

Desde su balcón el hombre mira cómo el agua, al caer, hace vapor sobre la banqueta, y al pasar los carros sobre lo charcos se levanta la brisa. El viento pesa más que la lluvia y con la tempestad se va el hombre de su pueblo, impulsado por el aire de sus consecuencias, ama a su gente y se despide de ellos.

Allá no llueve, sólo nieva. El hombre tiene frío y no hay alguien quien lo cubra de la tragedia que ocurrió en su pueblo. Llora, las lágrimas caen en la nieve y se evaporan, se elevan al cielo junto con sus reproches mudos. Añora a su gente y sueña con ellos.

Desde un edificio mira a la gente partir a algún lugar. La soledad que lo ciñe le hace prometer que volverá a su pueblo como un grande. Lo que nunca supo fue que su gente siempre lo miró como a un gigante atado a unas vergonzantes devociones.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

*Kaii HIGASHIYAMA (1908 – 1999).

** Cuento publicado en el libro: Retratos en marco de piedra en el 2010.

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