Carpintería El Chato. Víctor Ávila.

La larga fila de automóviles me detuvo delante de una ebanistería. Un hombre que tallaba madera me observó, me sonrió y agitó su mano para saludarme. La confusión era obvia, no éramos conocidos y decidí sonreírle. ¿Ya vas a comer, Miguel? Le contesté que sí. La fila empezaba a avanzar y escuché gritar: Como decía tu tío Chato, Miguel, ya son las dos, vámonos a comer, sino, nos borran de la lista. Reí y apresuré la despedida. Al llegar a la casa mi sonrisa huyó con el hambre.

Pronto termina el año, teman también, pues es borrón y cuenta nueva.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Indian Stories, Morgan Weistling.