Dolor. Miguel González.

Salí corriendo de la recámara, era casi la media noche cuando sucedió, en ese momento mi vista estaba nublada, no escuchaba nada por el estruendo, mi mente estaba en caos, ¿cómo llegué a este momento? cerré los ojos para pensar y definir qué hacer sin respuesta alguna. Después de unos minutos u horas mi mente comenzó a clarificarse. Se había caído y se había roto en pedazos, como es que llegó a ese punto, nunca en décadas le había pasado nada, si, era muy fuerte, tal vez si lo unía pedazo a pedazo pudiera llegar a ser lo que era, regresé a la recamara y empecé a unirlo, mi angustia aumentaba por cada minuto que pasaba, mis lágrimas empezaron a caer de la frustración, al final lo reconstruí todo, pero no era lo mismo, se había ido por completo su esencia y al final entendí la verdad. Las horas se convirtieron en días, y cuando recobre el sentido los rayos de sol rojizos entraban por la ventana e iluminaban su ausencia.

Miguel González.

* Ilustración: Angustia. August Friedrich Albrecht Schenck, 1878.