O Brother, Where Art Thou? El Conde Filmstrostky.

Los hermanos Coen, en el año 2000, ponían en los cinemas, de manera discreta, una película peculiar llamada “O Brother, Where Art Thou?”. Esta odisea “moderna” en tiempos de la gran depresión era obvia para mis amigos imaginarios, sin embargo, yo me dejaba sorprender por los campos de Mississippi, fascinado por el tema de la huida y luego el oráculo invidente, más tarde la búsqueda: temas significativos para mí en esa edad. Hasta ahí me bastó para saber que esos diálogos y esa fotografía eran de mi gusto, luego llegó el canto y la música, culminando la sensación de estar mirando algo original. Un musical, por supuesto, pensaba yo ¡A mí que me encantan los musicales! Después, percibí que no era del todo cierta mi suposición, más no perdía el encanto. Ver a este hombre, de cierta sensibilidad, con su manía por el cabello, llamado Everett e interpretado por Clooney, a lado de John Turturro el tipo de los gestos y el gran John Goodman, me hacían suspirar o sentir el añoro del americano rural privado de libertad. En el cine, atónito me quedaba con Goodman, el Ku Klux Klan y su ojo tuerto. Goodman, como actor, me causó un letargo de existencia: sentía una paridad con ese hombre, siempre que lo veo en algún film lo encuentro verosímil y virtuoso. Volviendo a la tan mencionada afinidad con la obra de Homero que tanto tildaban mis amigos imaginarios; por mi parte no pretendía entender o comparar la literatura con el cine porque son cosas distintas, eso me lo enseñó mi madre, entonces sólo me quedé con el entretenimiento de esta “contemporánea” adaptación, el buen guion de Ethan y Joel Coen y la música de Burnett. Ahí, con esta película, supe que tendría que esperar las siguientes y buscar las anteriores de estos recién descubiertos hermanos: películas que nunca me decepcionaron. No del todo.

4/5 Estrellas.

 

El Conde Filmstrostky.

 

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El fabuloso destino. Víctor Ávila.

El fabuloso destino de Amélie Poulain, del director francés Jean Pierre Jeunet, irrumpió mi forma de ver el cine y de observar la vida, hablo de los usos y costumbres. También invadió, de forma burlesca, la apreciación que tenía sobre mí mismo y mis quehaceres. Con obviedad me enfrentaba a lo fabuloso sin pretender un destino, por mero gusto y siendo apenas el 2001, le juré a mi madre que cuando tuviera una hija le pondría Amélie. Después de cinco años nació mi primera hija y la nombré posando mi mano sobre su cabeza y cerrando los ojos. Lo que sucede después no es destino, es ambición, es herencia y amor.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

 

Pastelería Hitchcock. El Conde Filmstrosky.

“El cine tiene que producir sosiego”

Azorín.

 

En el año 2001 comencé a ir al cine solo, ya para el año 2002, con 15 años, vencía la cobardía de verme dentro de una sala sin compañía a quien mostrarle mis emociones, ya que favorablemente, soy de esas personas que si sucede la gracia en algún momento de la película me río con sonoridad y estruendo, si sucede la melancolía o el drama, mi llanto son sollozos largos y sorbas constantes de mocos y si sucede el terror, el miedo me hace gritar, saltar y maldecir con los ojos cerrados. Entonces, si la gente me notaba solitario y blasfemando, suponían que la demencia y la enajenación habitaban en mí y en esa edad yo detestaba las miradas ajenas dentro de una sala de cine. Entonces, conquistada la pavura, salía de mi clase de solfeo y encauzado en el centro andaba hacia San Marcos con apaciguado paso escuchando el disco compacto de Parachutes. Un día entré al cine a ver Signs de M. Night Shyamalan, ya sospechará usted el caos de los ademanes en la oscuridad, los gestos y los gritos apagados en la sala. Al finalizar las personas salían con sus miradas clavadas en mis ojos hinchados que aún veían los créditos mientras yo suspiraba sin darle importancia a ellos, porque en mi perpetuaba lo que alguna vez leí sobre lo que dijo Hitchcock: El cine no es un trozo de vida, sino un pedazo de pastel… y más rico, suponía yo, si no se trata de uno de tres leches, ya que él mismo opinaría después a meollo de los espectadores y/o degustadores de pasteles que “Para mí, el cine sólo son cuatrocientas butacas que llenar”. Una amarga opinión, a mi gusto, como aquella rebanada de pastel amargo que todos han probado alguna vez, donde nadie dice nada y sólo echan la perversa mirada al niño glotón que hasta el final tiene cierto sosiego.

A manera de presentación escribo esto.

De opinión de Signs. 4/5 Estrellas.

El Conde Filmstrosky.

8 ½ de Federico Fellini. El Conde Filmstrosky.

Advertí la existencia del cine de Federico Fellini gracias a un comentario de Almodóvar por el año de 2002, yo casi tenía los 16 años y empezaba a amar las películas italianas, francesas y españolas. Esa vez leyendo una entrevista que se le hacía a Almodóvar sobre su reciente película Hable con ella, mencionaba de forma vaga y discreta a Fellini, algo sobre cierta influencia en su película… Investigue un poco más enterándome del latente poder cinematográfico que poseía Fellini sobre algunos sobresalientes directores de cine y sentí el deseo de ver su arte, así que me propuse apreciar alguna de sus películas un día de esos. Pero no ocurrió hasta once años después, en el 2013. Se presentó 8 ½, al azar, un día cualquiera, apareció en una página de cine que frecuento y decidí verla esperando algo agradable, desconocía la trama, actores, argumento, etc. Sólo le sabía a Fellini su grandeza contada por otros, la descargué y al finalizar un domingo la vi. Antes de llegar a la mitad de 8 ½  ya lloraba por nostalgia de una Italia que nunca he visto, lloraba con recelo a la vida, lloraba ante lo absurdo, después me limpiaba los ojos, miraba a Marcello Mastroianni y recordaba ser yo en otro tiempo, entonces volvía a llorar, después admiraba y escuchaba, en su vulgar italiano, a Sandra Milo y la amé más que a las otras hermosas mujeres de Fellini, como Anouk Aimée y sus ojos tristes o a Claudia Cardinale con sus lindos labios y esa forma de hacer enterarnos de su bondadoso pecho. Lloraba de felicidad y fumaba mucho. Entendí el delicado e irónico gusto de Almodóvar y Fellini por las mujeres, cosa que no se trata de influencias, sino de placeres. Disfruté de 8 ½ como muchas otras películas me han colmado de felicidad. Estoy orgulloso de ver algo de Fellini en estas edades, más pequeño quizá lo malinterpretaría… pero no, yo amo a Fellini y a su cine, amo a la Italia que él veía y lo que me embriaga de placer es saber que tengo mucho cine del Federico Fellini para el resto de mi vida si me voy con calma.

5/5 Estrellas.

El Conde Filmstrosky.

 

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En los comentarios comparto un link que los llevará a su descarga. (No es de mi propiedad, ni de los chicos sexys de Efebos.)

 

Pale Blue Dot o El punto azul pálido.

 

 

Compartido Por Emilio Cabral.

Se comparte este vídeo con fines de expectación. El vídeo no pertenece a Efebos, ni a ninguno de sus lindos colaboradores.

Dejemos que Carl Sagan y el youtubero nos cuenten algo bonito.

CRÉDITOS DEL VÍDEO
-Guión, voz, grabación, edición y producción:
Espelufrio.