Las hijas de abril. Michel Franco. Víctor Ávila.

Es grato tener boletos de cortesía para el cine y qué la cartelera te de la sorpresa de que hay “cine independiente” o si prefieres “cine de autor” o si gustas de las malas etiquetas “cine de arte”. Como quieras nombrarlo hay algo mejor que ver en esta ocasión y es gratis, entonces, nos llenamos los bolsillos de dátiles, dos bostezos de cannabis, frotamos las gafas y tomamos de la mano a quien nos acompaña.

La fotografía de la dicha se acaba cuando Franco nos cuenta algo, en Después de Lucía (2012) lo hace hasta el hartazgo; nos retrata el abuso, de cualquier lado o de cualquier forma. Ahora con Las hijas de Abril, vuelve la inquietud de que se vuelve profanar esa integridad y a cada quince minutos aumenta la náusea de estar pasándola mal y esto no cae por cuenta del cine sino por la realidad reflejada. En Las hijas de abril el suspenso acrecienta con personajes esculpidos hasta la verosimilitud. De trama sencilla, pero precisa, se narra una tragedia familiar.

Michel Franco expone, que hasta los favorecidos, consiguen otras desgracias, otras tragedias u otros males. Lo cotidiano no siempre lo es para los que no son pobres, diríamos para los ricos, pero hasta ellos saben que tampoco lo son: nadie es rico en México.

Este tipo de melodrama es al que le gusta referir Franco, aquel que insinúa que los ricos también sufren, que lo bueno, como una madre o una casta, puede llegar a ser feroz.

En ocasiones se pueden nombrar tres o cuatro cineastas mexicanos que hacen del cine algo particular. Este es el caso, Michel Franco lo ha demostrado.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

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The birth of nation. Nate Parker. Víctor Ávila.

Todos somos elegidos.

Olvidé que esto era una película y me ciñó la historia del predicador. Del buen cine poco tengo que decir. Historias así, producciones que tienen algo que contar, deberían manar de la fuente más seguido. No sé qué celebran en otros lados, pero este cine es el que se aplaude: Nate Parker ha hecho buen cine.

Los negro son tendencia.

Yo soy casi negro.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Mr. Six. Guan Hu. Víctor Ávila.

Los chinos, el cine chino, el melodrama chino, pero las chinas. Un drama o simple acción: un hombre hecho, y no tan derecho en su juventud, siendo casi un anciano lucha por no perder las viejas convicciones y/o las costumbres o el hijo. Él viejo pelea por la fe que tiene en lo que es cree que es lo correcto o lo bueno… contra, lo que él piensa que es lo malo, sin ser tan malo o sin importar si es la verdad o lo falso; así de ambiguo, recordemos, es senectud. Pero las chinas… ellas se lucen con sus sonrisas al espectador y se nos antoja el arroz al vapor. La violencia y la pasión ocurren, suceden con honor o con el afanoso decoro de contienda digna y valerosa. La belleza de ser un héroe: un héroe antiguo, el héroe chino, me saca las lágrimas: todos luchamos por algo o por alguien. Un film largo como una espada de mafioso y absurda como los ideales de viejo lobo. Una película de la cual tendría que hablar del final para justificar el añoro, pero no lo haré, pues quedó un tanto seco el arroz.

Pd. Que bien está Xu Qing a sus 48 años.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Hacksaw ridge. Mel Gibson. Víctor Ávila.

Cada diez años, aproximadamente, Mel Gibson la hace de director perspicaz. En 1996 con Braveheart, en 2006 con Apocalypto y ahora en el 2016 con Hacksaw ridge (No me he olvidado de la Pasión de Cristo en 2004, sólo la ignoré para darles una estadística impresionante).

Hacksaw ridge, es un film bastante entretenido, conmovedor y descriptivo (a su manera, claro, ya sabrán los seguidores de Mel a lo que me refiero). Hablo de esa anunciada violencia tan particular y carismática que tiene para narrar lo bélico y/o dramático. Entonces optamos por desayunar sólo un par de huevos revueltos y un café, muy caliente, mientras comenzaba la película de manera sensacionalista. Tan realista como siempre en su fotografía, siendo ya una característica atractiva de sus películas, sin olvidar la pasión por el melodrama humano, el entretenimiento fue tan estridente que tuve que gritarles a los soldados que fingían estar en la batalla de Okinawa. Adentrado en la trama respiraba para recuperar la calma.

Desafortunadamente no todo lo que brilla es oro, las actuaciones son de un nivel-comedia-romántica, tipo como las que hace el propio Mel Gibson como actor (What Women Want, 2000). Andrew Garfield, Teresa Palmer, Vince Vaughn (con este último no podíamos evitar reírnos con cualquier diálogo que expusiera) y entre otros, incluyendo a Hugo Weaving, fueron terribles actores al dejar a un lado el drama con el que trataban o representaban.

Quizá, también, exista una extravagancia sobre el tema narrado, o lo que se quiere ilustrar a manera de moraleja, qué sería la no violencia, el que grita a los cuatro vientos el personaje principal de no matar a nadie, pero es Gibson y lo muestra como el sólo sabe, feroz como sólo puede ser la guerra. Una paradoja dirían unos, yo no, creo que sólo es circunstancial.

Un film que busca entretener y que lo consigue. Nada más, nada menos.

(Se oye música de comedia-romántica de los noventas y entran los créditos).

*** asteriscos.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Split de M. Night Shyamalan. Víctor Ávila.

Esperar, de dos años en dos años para cada película de este cineasta, me pone nervioso y un poco más a Amélie así  como a Melina, pues esperábamos Split desde su repentina promoción ya que, como he escrito antes; somos buenos y fieles seguidores de su cine, tanto por la contemporaneidad como por gusto. Hemos crecido con M. Night Shyamalan y lo queremos tanto como si fuera parte de la familia, el tío indio-estadounidense que viene a visitarnos de vez en cuando. Ahora escribe este thriller de esa forma tan armoniosa como a él le encanta, ya conocemos bien esa cadencia enajenada que ha plasmado en sus filmes. El género fantástico siempre ha sido lo suyo rozando siempre con ese dogma, el bien y el mal: lo sobrenatural. Saber llevar una historia o dos de la mano, sin perder de vista cada una, es la delicia de esta historia.

Así como la relación de psicólogo-paciente en películas y sones de trama, como Split, o The Sixth Sense, o The Village, M. Night ha sabido llevar muy bien su correspondencia de cineasta-espectador. Agradecidos somos por ello.

James McAvoy ha estado admirable con sus diversos personajes en Split y por supuesto, Anya Taylor-Joy, genial y hermosa (apuesto una linda carrera para ella, su papel en The VVitch. 2015 me cautivó). Y por supuesto aplaudimos el clásico cameo del M. Night Shyamalan donde luce muy apuesto con esa discreción de siempre en sus breves papeles dentro de sus films.

Split no fue la decepción esta vez y la acompañé con pistaches y un merlot 2014, de contrabando por supuesto, en la oscuridad del cine.

Un-Casi-Spoiler: Estaría de más escribir algunas palabras sobre un breve dialogo al final de Split y la posible unión de otro film del Señorito Shyamalan que hizo algunos años, así que no lo haré hasta llegado el momento.

**** asteriscos.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

 

O Brother, Where Art Thou? Víctor Ávila.

Los hermanos Coen, en el año 2000, ponían en los cinemas, de manera discreta, una película peculiar llamada “O Brother, Where Art Thou?”. Esta odisea “moderna” en tiempos de la gran depresión era obvia para mis amigos imaginarios, sin embargo, yo me dejaba sorprender por los campos de Mississippi, fascinado por el tema de la huida y luego el oráculo invidente, más tarde la búsqueda: temas significativos para mí en esa edad. Hasta ahí me bastó para saber que esos diálogos y esa fotografía eran de mi gusto, luego llegó el canto y la música, culminando la sensación de estar mirando algo original. Un musical, por supuesto, pensaba yo ¡A mí que me encantan los musicales! Después, percibí que no era del todo cierta mi suposición, más no perdía el encanto. Ver a este hombre, de cierta sensibilidad, con su manía por el cabello, llamado Everett e interpretado por Clooney, a lado de John Turturro el tipo de los gestos y el gran John Goodman, me hacían suspirar o sentir el añoro del americano rural privado de libertad. En el cine, atónito me quedaba con Goodman, el Ku Klux Klan y su ojo tuerto. Goodman, como actor, me causó un letargo de existencia: sentía una paridad con ese hombre, siempre que lo veo en algún film lo encuentro verosímil y virtuoso. Volviendo a la tan mencionada afinidad con la obra de Homero que tanto tildaban mis amigos imaginarios; por mi parte no pretendía entender o comparar la literatura con el cine porque son cosas distintas, eso me lo enseñó mi madre, entonces sólo me quedé con el entretenimiento de esta “contemporánea” adaptación, el buen guion de Ethan y Joel Coen y la música de Burnett. Ahí, con esta película, supe que tendría que esperar las siguientes y buscar las anteriores de estos recién descubiertos hermanos: películas que nunca me decepcionaron. No del todo.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

 

El fabuloso destino. Víctor Ávila.

El fabuloso destino de Amélie Poulain, del director francés Jean Pierre Jeunet, irrumpió mi forma de ver el cine y de observar la vida, hablo de los usos y costumbres. También invadió, de forma burlesca, la apreciación que tenía sobre mí mismo y mis quehaceres. Con obviedad me enfrentaba a lo fabuloso sin pretender un destino, por mero gusto y siendo apenas el 2001, le juré a mi madre que cuando tuviera una hija le pondría Amélie. Después de cinco años nació mi primera hija y la nombré posando mi mano sobre su cabeza y cerrando los ojos. Lo que sucede después no es destino, es ambición, es herencia y amor.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.