Pastelería Hitchcock. El Conde Filmstrosky.

“El cine tiene que producir sosiego”

Azorín.

 

En el año 2001 comencé a ir al cine solo, ya para el año 2002, con 15 años, vencía la cobardía de verme dentro de una sala sin compañía a quien mostrarle mis emociones, ya que favorablemente, soy de esas personas que si sucede la gracia en algún momento de la película me río con sonoridad y estruendo, si sucede la melancolía o el drama, mi llanto son sollozos largos y sorbas constantes de mocos y si sucede el terror, el miedo me hace gritar, saltar y maldecir con los ojos cerrados. Entonces, si la gente me notaba solitario y blasfemando, suponían que la demencia y la enajenación habitaban en mí y en esa edad yo detestaba las miradas ajenas dentro de una sala de cine. Entonces, conquistada la pavura, salía de mi clase de solfeo y encauzado en el centro andaba hacia San Marcos con apaciguado paso escuchando el disco compacto de Parachutes. Un día entré al cine a ver Signs de M. Night Shyamalan, ya sospechará usted el caos de los ademanes en la oscuridad, los gestos y los gritos apagados en la sala. Al finalizar las personas salían con sus miradas clavadas en mis ojos hinchados que aún veían los créditos mientras yo suspiraba sin darle importancia a ellos, porque en mi perpetuaba lo que alguna vez leí sobre lo que dijo Hitchcock: El cine no es un trozo de vida, sino un pedazo de pastel… y más rico, suponía yo, si no se trata de uno de tres leches, ya que él mismo opinaría después a meollo de los espectadores y/o degustadores de pasteles que “Para mí, el cine sólo son cuatrocientas butacas que llenar”. Una amarga opinión, a mi gusto, como aquella rebanada de pastel amargo que todos han probado alguna vez, donde nadie dice nada y sólo echan la perversa mirada al niño glotón que hasta el final tiene cierto sosiego.

A manera de presentación escribo esto.

De opinión de Signs. 4/5 Estrellas.

El Conde Filmstrosky.

“La muerte niña”. Cecilia Ávila.

Litografía. La muerte niña. Abril 2015

Litografía.”La muerte niña” por Cecilia Ávila Velázquez. Abril 2015.

Mujer no te lleves a mis hijas cuando aún viva. Déjamelas ahora y quizás si me das señales de tu capricho, yo decida darte una tregua…

Mujer déjame a mis hijas ahora. Ya tengo la desventaja de no verlas ancianas y eso me rompe el alma, por eso te ofrezco ese sufrimiento mío, aléjate lo más que puedas y déjalas tranquilas…

Mujer, sé que llegará la hora, te he dado velas en muertes ajenas, por eso te pido de nuevo, que les arrulles con suave voz, cobíjalas en lindas telas y hazlas reír, que no me vean sufrir y así, lenta y amorosamente, cárgalas y ve a tu destino…

Cecilia Ávila Velázquez.