The square. Ruben Östlund. El Conde Filmstrostky.

Desde antes de ver esta película, ganadora de la Palma de oro 2017, la crítica ya gritaba su pueril percepción y, desde esa cueva, aturdía al intelectualismo más azaroso, hasta el pensamiento más ingenuo. Nada justificaba su berrinche, ni su fin como expresión, de hecho, no tenía ni que justificar su veredicto pues pura cagada eran sus dictámenes. Como esta vetusta opinión sobre The square de Ruben Östlund. Ya luego contaré sobre “Force Majeure”, una enorme película que vimos allá por el 2014 con una cerveza importada…

Lo que le sucede a la protesta o a la “crítica” a la que se aferran, es la misma causa y fuerza de esta película: la sátira de su pretensión. Tanto de la crítica, como del crítico, tanto del arte como al artista, y además, de que esa terrible carga petulante, lo que lleva la catapulta apunta con amenaza hacia el gran e idiota interesado, ósea, a quién la consume. The square les da su patada en los huevos al artista y al crítico mientras el puntapié en el culo es para el cinéfilo.

No es una extravagancia que el cine, como arte, no cumpla o satisfaga, pues, mientras al cinéfilo le sobré algo de la película, al crítico le falta ese algo. Lo que pierden o buscan, amigos, no está ahí, si no afuera, es lo que está en su vida, es el arte de la verdad o la realidad, como lo retrata bien Östlund. La ironía de creer que el arte, que hacen los demás para otros, es arte.

Pero no temáis falsos Críticos, aun no irán tras ustedes, al menos hoy no, tampoco los cazaran a ustedes, falsos Artistas que aún no los descubren, pero sabemos que ustedes, falsos, están pudriendo el arte, su importe y valor, al menos desde el siglo pasado lo han estado haciendo y por una sola razón: no lo hacen con honestidad, ni con sinceridad, mucho menos con el corazón. Sus lucros, pues es su trabajo, contaminan y envenenan a su gente. No es exclusiva de los suecos esta ironía que expone The square, también en cualquier sociedad, como la mía, la más próxima; donde con descaró vemos repartir una mierda de cultura como cultura y la más penosa arte como arte. Algunos se la tragan otros no. Pero qué se sepa que no es para tanto, al menos no para mí, pues existen otras personas, críticos y/o artistas, íntegros y/o honestos, que no dependen de un hueso para vivir. Así qué el que no nos importé, no significa que lo ignoremos, pues desde la comodidad de nuestros santuarios, vemos este mal chiste, esa farsa suya, con indulgencia y con gracia, pues, ustedes, malos y negligentes mecenas, se ven ridículos cuando al final de la comedia se aplauden entre ustedes, junto con el vitoreo de sus ridículos secuaces. Bueno y desde acá observamos la mierda con la que se han ensuciado sus manos; la mierda con la que salpican a su alrededor, a los suyos y a todos los que se les acercan. Con esa peste serán recordados siempre. No los culpamos, respetamos lo jodidos que están.

Así funciona, la opinión, la pretensión, por esa razón es bello el retrato que nos dio Ruben Östlund y eso sin contar la poca fotografía que nos dio esta vez. Y es que para entender y asumir el arte, su crítica y sus exponentes, como tal, hay que hacerlo con higos y agua mineral. También hay que reír y eructar en la oscuridad de la sala de cine antes que los demás se asomen para ver quién eres y descubran tu motivo.

5/5 Estrellas

 

El Conde Filmstrostky.

 

Emisiones a la atmósfera. Pablo Jara.

No eludo a la gente para vivir tranquilo,
Sino para poder morir tranquilo.  K A F K A. 

 

Cuando has leído una cierta cantidad de literatura decente,
Simplemente no hay más, tenemos que escribirla nosotros mismos. B U K O W S K I.

 

Fue hace algunos años, y sin buscarlo, cuando me hallaba a la deriva, encontré una tabla a la cual aferrarme, Bukowski se llamaba, ese vagabundo borracho al que nada le importaba la raza humana, y ahora después de ese tiempo, sin que yo lo siga buscando él me sigue acechando. Él, sabedor de la futilidad de la vida se entregaba a ella, lo mismo con poesía que con peleas, con putas y borracheras, siempre buscando darle alma a su escritura. En esos tiempos de malas decisiones o mala racha o simplemente se estupidez humana, encontré a Henry Chinaski, un verdadero perdedor, un buscapleitos dedicado a vagar, escribir, coger, beber, un escritor americano, alejado del tipo de vida americano mucho menos vivía en un sueño americano, este me levanto de mi dolor a carcajadas, para después terminar llorando conmigo, yo, llorando cuando no había sentido ese dolor sin razón que sentía este viejo, él con un poema puede salvar cualquier día.

Lo que menos pretenden estas palabras es hacer un cumplido a Bukowski, ya que a él no le importarían un carajo, “escritorcillos” diría riendo,  como siempre él preferiría estar desnudando a mi mujer lentamente  el muy cerdo o atragantándose con una botella de vino, pero no las palabras de alguien que cree que él hizo algo para ayudarlo, ya lo dijo “ él mejor lector y el mejor humano son los que me recompensan con su ausencia”, pero pueden ser palabras de agradecimiento para una hombre que pone la vida en perspectiva, para una persona que clava sus ideas en las tuyas, como esas palabras que escribiste “ ¿Qué clase de mierda era yo? Podía realmente hacer cosas desagradables y canallescas. ¿Cuál era mi motivo? ¿Estaba tratando de sentirme culpable por algo? No consideraba más que mi placer egoísta y barato. Era como un irresponsable escolar, era peor que una puta; una puta se quedaba con tu dinero y nada más, yo jugaba con vidas y almas como si fueran mis juguetes ¿Cómo podía escribir poemas? ¿En qué consistía yo? Era un Sade de quinta fila, sin su intelecto, un asesino era más congruente y honesto que yo, o un violador, yo no quería que mi espíritu sirviera de juguete a alguien para hacer tonterías y cagarse encima, la verdad es que yo no era bueno, no era bueno, lo peor es que me hacía pasar precisamente por lo que no era; un buen hombre, era capaz de entrar en las vidas de la gente, porque ellos confiaban en mí, así hacia mi sucio trabajo.

Pablo Jara.

* Francisco de Goya – “Riña de gatos” (1786, óleo sobre lienzo, 56 x 196 cm, Museo del Prado).

 

 

La piedra debajo de la cama. Víctor Ávila Velázquez.

Un primo me habló, hace algunos años, sobre una piedra que permanecía en su cuarto, debajo de su cama, del tamaño de un pulgar, quieta y gris. Todas las noches, antes de dormir, se arrodillaba para asomarse y miraba la piedra entre pelusa y tierra. Al día siguiente, al despertar, volvía a inclinarse y la encontraba en el mismo lugar, otra vez: quieta y gris. La quietud es también estética, como alguna vez escuchó Alfonso Reyes decir a Valle Inclán en sus tertulias mientras le miraban la manga vacía… Lo quieto se puede apreciar como el trazo de una pintura, como la luz u oscuridad captada en una fotografía, como esta piedra debajo de la cama, la estética, la belleza… como, dice alguien, quizá Platón, “la verdadera belleza no es el arte, si no la contemplación y posesión de la verdad, de lo bueno…”. Después llegan esos pensamientos, donde sobra el estupor, donde uno sabe que valdría más mover la piedra, de un poco a otro poco, con cierto sonambulismo, como no queriendo. También queda la posibilidad de dejar de buscar la piedra, dejarla ahí hasta que alguien barra debajo de la cama y se la lleve a otras mejores quietudes, sin tanto observador, sin buscar la estética, allá donde queda escondida la belleza. Igual  valdría revisar debajo de nuestras camas y mirar lo que permanece más que nosotros, aquello que si está quieto y no nuestro rostro matizado en un espejo, ni nuestra abatible lengua que siempre dice más de nosotros que nosotros. Amigos, valdría ir forjando nuestras tumbas de túmulo para que los dioses vean debajo de su cama la estética de nuestra muerte, quieta y gris.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Artemisia Gentileschi – “Judit decapitando a Holofernes” (h.1620, óleo sobre lienzo, 199 x 162 cm, Galleria degli Uffizi, Florencia)

Crítica del conservador contemporáneo. Enrique Husim.

Antes yo era tan tonto e ingenuo que consideraba inteligentes a las personas porque sabían mucho de literatura, arte y de teatro, y  es que cuando te topas con alguien que sabe de esas cosas, pues te cuesta trabajo llegar a averiguar si es estúpido o no. En el caso de algunas personas me llevó muchos años darme cuenta de lo estúpidos que son, de lo habladores que son, de lo ignorantes que son. Aun así, la culpa es mía, pues creo que lo hubiera sabido mucho antes si no hubiera pasado tanto tiempo con ellos admirándolos y tratando de entender su enfoque y apreciación, ahora comprendo ese enfoque, es insulso y comercialmente ridículo. Por eso es que no me impresiona cuando dicen que se graduaron de artes visuales, no me impresiona cuando dicen que ganaron el premio Nacional de Poesía Aguascalientes, no me impresiona cuando dicen que salieron de los talleres de apreciación y creación literaria del estado, etc… No me mal entiendan, está muy bien que terminen sus proyectos artísticos y literarios, es solo que yo, en lo personal no los entiendo, no entiendo su arte moderno, ni su literatura contemporánea, mi apreciación es distinta.

Enrique Husim.

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