Conocerse a uno mismo. Anónimo.

Un niño de la India fue enviado a estudiar a un colegio de otro país.

Pasaron algunas semanas, y un día el jovencito se enteró de que en el colegio había otro niño indio y se sintió feliz. Indagó sobre ese niño y supo que el niño era del mismo pueblo que él y experimentó un gran contento.

Más adelante le llegaron noticias de que el niño tenía su misma edad y tuvo una enorme satisfacción. Pasaron unas semanas más y comprobó finalmente que el niño era como él y tenía su mismo nombre. Entonces, a decir verdad, su felicidad fue inconmensurable.

 

Anónimo de la India.

* Young Flute Player. Judith Leyster

Piel con piel. Anónimo.

La tensión comenzó a sentirse desde que iba bajando las escaleras y brevemente nuestras miradas chocaron, aún con la distancia se podría divisar que él estaba ansioso por mi llegada, yo de igual manera iba nerviosa por no saber cómo actuar frente a sus amigos; estábamos a no más de un metro de distancia y él procedió a despedirse de sus amigos lo cual fue un alivio para mi pues yo no podía hacer más que sonreír ante la inquietud.

Finalmente nos fuimos de ese lugar, no habíamos dado más de quince pasos cuando noté en su forma de hablar su total nerviosismo era más que el mío, no podía conectar palabras o ideas, era todo trabas y risas.

Comenzó nuestro viaje, salimos fluidos de la institución, la confianza se iba dando sola y la plática fue más natural. Llegamos a un establecimiento dedicado a la venta exclusiva de alcohol, compró unas pocas cervezas para continuar el viaje,  cuando por fin llegamos a nuestro destino yo moría de frío así que me ofreció meternos a la casa que en realidad era una simple pero acogedora habitación; lo primero que observé fue la cama y un vago pensamiento jugó sucio conmigo, pude imaginarme en medio de la cama desnuda esperando por algo…dos segundos después recobre la razón.

Me incorporé junto a él en un sillón para dos personas, me dio una cerveza y tomó otra para él… ¡Mierda! No sé si era la situación o el sabor de la cerveza pero parecía que nunca había probado una tan buena como esa, contemplaba su perfil mientras bebía su cerveza, se podía notar como el líquido bajaba por su garganta y él lo disfrutaba, no parábamos de reír como si la risa pudiera bajar la tensión que teníamos, ambos sabíamos lo que iba a suceder a pesar de que nunca se habló del tema.

No tengo idea de que estábamos hablando cuando el volteó un poco y un pequeño impulso me llevó a picarle el costado del abdomen, lo había hecho sin ninguna intención simplemente por hacerlo…tal vez fue una mala idea ya que optó por la idea de desquitarse provocándome cosquillas, esa sí que es una idea mucho peor pues soy una persona muy sensible y ansiosa, no pude evitar retorcerme, me movía a lo largo del sillón buscando refugio y de alguna manera lo provocaba a él. De un momento a otro el ambiente cambio, la temperatura aumentaba por sí sola, se escuchaban los jadeos de ambos, se aprovechaba de mis movimientos continuos; finalmente se detuvo, estábamos frente a frente y sin pensarlo nuestros labios se juntaron y poco a poco los besos se fueron volviendo más intensos, se sentía la necesidad…necesidad de piel con piel.

En una milésima de segundo me tomó de la cintura y me puso sobre su regazo, aún logro sentir sus manos recorriendo mi espalda, bajo el escote de mi blusa, con el deseo de arrancarla…

 

Anónimo.

* Johann Heinrich Füssli.

Mejor callar. Anónimo.

¿En qué momento uno aprende a pensar antes de hablar…? Sí todo ser humano se distingue de los demás seres vivos por su razonamiento ¿Por qué muchas de las veces no pensamos que lo que decimos no es correcto…? Será que somos más instintivos que los mismos animales. ¿Cómo saber en qué momento quedarse callado para evitar herir o cometer un error al hablar…? ¿Se habla de más o simplemente no razonamos? Quisiera ser más razonable y menos impulsiva. Ahora entiendo eso de “es mejor callar” cuando un mal sentimiento ciega nuestra razón.

 

Anónimo.

* Sunset on Mount Diablo, 1877. William Keith.

La llegada. Anónimo.

Despertar: 6:00 a.m. la alarma cada 5 minutos y, ¡ya es hora!, alistarse, salir antes de la media, dos te amo, la misma bendición.

Hoy sin combustible y la alerta roja en el trabajo, ¡no tardo! Fin de la llamada. Vuelta a la glorieta y esperar otro semáforo. Mi rutina acompañada de migraña transcurre normal; mi padre y su rutina también, lo de costumbre… mi cabeza va a explorar, tratar de sonreír, disimular que todo está bien, los trastes se acumulan, la mañana más larga de mi vida, no hay tiempo para un bocado, escalofríos. A medio día la calma, mi cabeza en la mesa y ahora otro medicamento, mi madre me salva la vida. El trabajo ¿termina? No hay más, 2:29 ¿lista? 2:40 hay que volver, después de comer por fin en paz, de nuevo en el tráfico, y en mi mente, ya quiero verte, un par de pendientes más y llegará la hora, espero con ansias esos brazos de desahogo, el día casi termina pero estaré bien en ese lugar que me consuela, que me da paz ahí, en tu mirada…6:42 p.m. la lluvia, llega la noche, llueve aun y, mis ansias se alargan 24 horas más.

 

Anónimo.

* Saul Leiter. Rear window. Paris. 1960.

Romance del enamorado y la muerte. Anónimo.

Romance del enamorado y la muerte. Anónimo.

 

Un sueño soñaba anoche

soñito del alma mía,

soñaba con mis amores,

que en mis brazos los tenía.

Vi entrar señora tan blanca,

muy más que la nieve fría.

—¿Por dónde has entrado, amor?

¿Cómo has entrado, mi vida?

Las puertas están cerradas,

ventanas y celosías.

—No soy el amor, amante:

la Muerte que Dios te envía.

—¡Ay, Muerte tan rigurosa,

déjame vivir un día!

—Un día no puede ser,

una hora tienes de vida.

 

Muy deprisa se calzaba,

más deprisa se vestía;

ya se va para la calle,

en donde su amor vivía.

 

—¡Ábreme la puerta, blanca,

ábreme la puerta, niña!

—¿Cómo te podré yo abrir

si la ocasión no es venida?

Mi padre no fue al palacio,

mi madre no está dormida.

—Si no me abres esta noche,

ya no me abrirás, querida;

la Muerte me está buscando,

junto a ti vida sería.

—Vete bajo la ventana

donde labraba y cosía,

te echaré cordón de seda

para que subas arriba,

y si el cordón no alcanzare,

mis trenzas añadiría.

 

La fina seda se rompe;

la muerte que allí venía:

—Vamos, el enamorado,

que la hora ya está cumplida.

 

*Anónimo. Hurtado de Antología Poética en Español. “ROMANCES NOVELESCOS Y LÍRICOS. SIGLO XV-XVI”.

**Comparte Víctor Hugo Ávila Velázquez.

***Panel of Parentino’s Temptations of St. Anthony.