Hail, Caesar! Ethan Coen, Joel Coen. El Conde Filmstrostky.

– ¿Qué más puedo decir de los hermanos Coen?

– ¡Qué los tiempos son dorados, para ellos y los suyos!

– ¡Qué la gloria, de sus guiones y de sus producciones, siempre será un goce para los que disfrutan de su cine!

– Bravo por el hilarante tributo a la industria cinematográfica.

– ¡Salve, los Coen!

-¡Salve, Frances McDormand!

4/5 Estrellas.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

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Perfect Blue. Satoshi Kon. El Conde Filmstrostky.

No había visto este anime de Satoshi Kon, pero suponía qué, por ser el mismo director de Paprika: el reino de los sueños, sería al menos entretenida, y además, ya un mítico prestigio la acompañaba. Tampoco leí la novela homónima de Yoshikazu Takeuchi, no era para tanto, así que mi compadre y yo, al calor del carbón y con tremendos salchichones al fuego vivo, la vimos.

Las salchichas se tardarían un poco en tener la textura que nos gustaba: hinchadas y con su capa achicharronada, así que iniciamos la película con unas enchiladas potosinas que desaparecían rápidamente en la boca de mi compadre, al que le explicaba, que había tres pilares muy marcados que los otakus siempre platicaban sobre este anime: “fanatismo, acoso y terror”. Era lo único que yo sabía sobre el tema y mi compadre opinaba que había un loco por ahí, sabía eso y (al parecer) nada más. Hablaba él, y yo también hablaba, cuidaba las salchichas y las volteaba mientras el anime seguía, parsimonioso y cuidadoso avanzaba, la música ayudaba a saber dónde poner atención, los gritos japoneses comenzaban a horrorizarme, sabía que esto ocurriría, pues se trataba de un anime del año de 1997 donde los audios eran una situación escalofriante.

Terror y fanatismo, cierto era, vaya que sí, luego estaba el acoso, latente, el mismo maldito acoso que yo hacía también, constante y sonante, a las salchichas para asar, entonces ahí mismo, con las pinzas en la mano, me sentí Me-Mania y creía entenderlo todo, me veía en esa fragilidad de mi cargo, de mi ocupación, de lo que yo hacía… ¡La identidad! Ya gritaba mientras mi compadre susurraba que pusiera las tortillas. En ese ilusorio drama caía olvidando que se trataba de un anime… Me involucraba, una y otra vez sin remedio.

Cerca del final apenas sonreímos cuando ya teníamos nuestras salchichas en la mano o en la boca, entonces, me di nunca de que nunca nos acordamos del chimichurri que tanto daño nos hacía, también supe, o creía saber, lo que sucedía con Mima Kirigoe, pero no, ocurría algo más, me detuve y miré a mi compadre absorto en su cena, triste masticaba, reflexivo lloraba y yo pensaba en el empacho; confundido y lleno de asco, por la falsedad a la que nos sometemos.

No recuerdo el final de Perfect Blue, ni siquiera mi compadre, ahora que lo pienso mejor, tampoco recuerdo el final de la noche, repaso y no veo a mi compadre despedirse, mucho menos, mirarme a los ojos después de que lloramos.

4/5 Estrellas.

 

El Conde Filmstrostky.

Loving. Jeff Nichols. El Conde Filmstrostky.

Jeff Nichols, nos habla del amor. De una pareja y sus causas. Nos lo susurra de forma refinada y con una calma que envuelve a los personajes. Sin prisa va palpando lo que rodea a esta pareja, a los Loving, con naturaleza delicada. La sincera fotografía nos da una estética nada forzada y agraciada. Y sobre todo esto hay un notable dialogo; ausente y casi mudo: mudez necesaria para un tema que ya bien se conoce. Hay una seriedad, muy veraz en este film, que ha logrado retratar una historia real.

Se habla mucho de ser un notable “clásico”, sin embargo no lo creo, se ha dibujado ese discurso ya varias veces, hablamos del de Pocahontas, y creo que ya hemos aprendido que el amor no trata de géneros, de razas, ni de etiquetas superfluas, sin embargo, ese trama no es la virtud de este film, si no, su protesta; la que ha narrado de la mejor forma, sencilla y bien acertada. El poster ya te habla de ello.

En esta ocasión, el trabajo actoral, cuenta con la presencia de un desabrido Joel Edgertong que ha sido encantador y perfecto, pero, mucho mejor, poder mirar a, la etíope-irlandés, Ruth Negga, una mujer hermosísima que me recuerda a la actriz japonesa Setsuko Hara (en Tokio Story del gran Yasujiro Ozu) que hace suspirar, ellos han sido una agradable selección.

Por supuesto otro tino, aunque breve, la concurrida participación, como se ha visto en varias de sus películas, de mi primo Michael Shannon que tan maravilloso actor es y tan apuesto por lo variable que logra ser.

Jeff Nichols es un tipo versátil en cuestión de tramas y formas de narrar, siempre nos hemos sentidos conmovidos y satisfechos de que nos cuenta algo de una particular manera. Siempre acertando, como lo ha hecho con “Take Shelter” o con “Mud”. Además de otros films que no he visto y que nos hemos reservado para otros momentos y que ya hablaré de ellos.

Hay calidad y creo que podemos esperar más de Jeff Nichols.

Bravo.

4/5 Estrellas.

PD.- No vea este film si tiene el corazón agrietado.

 

El Conde Filmstrostky.

Split de M. Night Shyamalan. El Conde Filmstrostky.

Esperar, de dos años en dos años para cada película de este cineasta, me pone nervioso, pues esperábamos Split desde su repentina promoción ya que, como he escrito antes; somos buenos y fieles seguidores de su cine, tanto por la contemporaneidad como por gusto. Hemos crecido con M. Night Shyamalan y lo queremos tanto como si fuera parte de la familia, el tío indio-estadounidense que viene a visitarnos de vez en cuando. Ahora escribe este thriller de esa forma tan armoniosa como a él le encanta, ya conocemos bien esa cadencia enajenada que ha plasmado en sus filmes. El género fantástico siempre ha sido lo suyo rozando siempre con ese dogma, el bien y el mal: lo sobrenatural. Saber llevar una historia o dos de la mano, sin perder de vista cada una, es la delicia de esta historia.

Así como la relación de psicólogo-paciente en películas y sones de trama, como Split, o The Sixth Sense, o The Village, M. Night ha sabido llevar muy bien su correspondencia de cineasta-espectador. Agradecidos somos por ello.

James McAvoy ha estado admirable con sus diversos personajes en Split y por supuesto, Anya Taylor-Joy, genial y hermosa (apuesto una linda carrera para ella, su papel en The VVitch. 2015 me cautivó). Y por supuesto aplaudimos el clásico cameo del M. Night Shyamalan donde luce muy apuesto con esa discreción de siempre en sus breves papeles dentro de sus films.

Split no fue la decepción esta vez y la acompañé con pistaches y un merlot 2014, de contrabando por supuesto, en la oscuridad del cine.

Un-Casi-Spoiler: Estaría de más escribir algunas palabras sobre un breve dialogo al final de Split y la posible unión de otro film del Señorito Shyamalan que hizo algunos años, así que no lo haré hasta llegado el momento.

4/5 asteriscos.

El Conde Filmstrosky.

 

O Brother, Where Art Thou? El Conde Filmstrostky.

Los hermanos Coen, en el año 2000, ponían en los cinemas, de manera discreta, una película peculiar llamada “O Brother, Where Art Thou?”. Esta odisea “moderna” en tiempos de la gran depresión era obvia para mis amigos imaginarios, sin embargo, yo me dejaba sorprender por los campos de Mississippi, fascinado por el tema de la huida y luego el oráculo invidente, más tarde la búsqueda: temas significativos para mí en esa edad. Hasta ahí me bastó para saber que esos diálogos y esa fotografía eran de mi gusto, luego llegó el canto y la música, culminando la sensación de estar mirando algo original. Un musical, por supuesto, pensaba yo ¡A mí que me encantan los musicales! Después, percibí que no era del todo cierta mi suposición, más no perdía el encanto. Ver a este hombre, de cierta sensibilidad, con su manía por el cabello, llamado Everett e interpretado por Clooney, a lado de John Turturro el tipo de los gestos y el gran John Goodman, me hacían suspirar o sentir el añoro del americano rural privado de libertad. En el cine, atónito me quedaba con Goodman, el Ku Klux Klan y su ojo tuerto. Goodman, como actor, me causó un letargo de existencia: sentía una paridad con ese hombre, siempre que lo veo en algún film lo encuentro verosímil y virtuoso. Volviendo a la tan mencionada afinidad con la obra de Homero que tanto tildaban mis amigos imaginarios; por mi parte no pretendía entender o comparar la literatura con el cine porque son cosas distintas, eso me lo enseñó mi madre, entonces sólo me quedé con el entretenimiento de esta “contemporánea” adaptación, el buen guion de Ethan y Joel Coen y la música de Burnett. Ahí, con esta película, supe que tendría que esperar las siguientes y buscar las anteriores de estos recién descubiertos hermanos: películas que nunca me decepcionaron. No del todo.

4/5 Estrellas.

 

El Conde Filmstrostky.

 

Pastelería Hitchcock. El Conde Filmstrosky.

“El cine tiene que producir sosiego”

Azorín.

 

En el año 2001 comencé a ir al cine solo, ya para el año 2002, con 15 años, vencía la cobardía de verme dentro de una sala sin compañía a quien mostrarle mis emociones, ya que favorablemente, soy de esas personas que si sucede la gracia en algún momento de la película me río con sonoridad y estruendo, si sucede la melancolía o el drama, mi llanto son sollozos largos y sorbas constantes de mocos y si sucede el terror, el miedo me hace gritar, saltar y maldecir con los ojos cerrados. Entonces, si la gente me notaba solitario y blasfemando, suponían que la demencia y la enajenación habitaban en mí y en esa edad yo detestaba las miradas ajenas dentro de una sala de cine. Entonces, conquistada la pavura, salía de mi clase de solfeo y encauzado en el centro andaba hacia San Marcos con apaciguado paso escuchando el disco compacto de Parachutes. Un día entré al cine a ver Signs de M. Night Shyamalan, ya sospechará usted el caos de los ademanes en la oscuridad, los gestos y los gritos apagados en la sala. Al finalizar las personas salían con sus miradas clavadas en mis ojos hinchados que aún veían los créditos mientras yo suspiraba sin darle importancia a ellos, porque en mi perpetuaba lo que alguna vez leí sobre lo que dijo Hitchcock: El cine no es un trozo de vida, sino un pedazo de pastel… y más rico, suponía yo, si no se trata de uno de tres leches, ya que él mismo opinaría después a meollo de los espectadores y/o degustadores de pasteles que “Para mí, el cine sólo son cuatrocientas butacas que llenar”. Una amarga opinión, a mi gusto, como aquella rebanada de pastel amargo que todos han probado alguna vez, donde nadie dice nada y sólo echan la perversa mirada al niño glotón que hasta el final tiene cierto sosiego.

A manera de presentación escribo esto.

De opinión de Signs. 4/5 Estrellas.

El Conde Filmstrosky.