Lazzaro felice. Alice Rohrwacher. El Conde Filmstrostky.

Italia está aquí, como siempre, con su excelso cine. El Conde está feliz de ver películas así de hermosas. Esto es el gran cine y no hay nada más que agregar a este grandioso guion y dirección. Quizá un guiño a Nicoletta Braschi pero estaría de más. Bien hecho. Buen trabajo.

4/5 Estrellas.

 

El Conde Filmstrostky

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Con ánimo de amar. Wong Kar-wai. El Conde Filmstrostky.

De ausencia y de presencia se trata este maravilloso film de Wong Kar-wai, de quien está en la escena y de quien no lo está, también de lo breve de cada una y de lo que no se muestra en ella, así como lo que se dicen estos personajes o lo que se callan, también, abarcan frágiles secuencias que son cálidas, como los actores, que desean porque tiene el ánimo atascado.

Como no reconocer los estilos de otros directores, o la estética de lo latino, la música latente de lo universal que responde al llamado del amor… y la fragancia de la lluvia eterna con la que los protagonistas se empapan. Un clásico que anima, pero no a amar, sino a mirar desde lejos.

4/5 Estrellas.

 

Pd.- Perdonaran mis empalagosas palabras pero esta película tocaron mi particular corazón de Conde. Aun así, mi odio por sus pésimos gustos, queridos lectores, existe.

El Conde Filmstrostky.

Silence. Martin Scorsese. El Conde Filmstrostky.

En Scorsese, y su amplio legado, no hay duda de que su quehacer en el cine ha sido portentoso. Con Silence se confirma mi simpatía. No solo por su trama, ni por su guion en conjunto con Jay Cocks basada en la novela, ni por su fotografía nada más, sino por el hecho de sabernos educar como es el Cine cuando tienes algo que contar.

Si algo estuvo desabrido en esta película, más que la fe de estos sacerdotes, fue la actuación de Andrew Garfield, sosa, casi ridícula y no es la primera vez que se percibe esa mediocridad, antes  ya habíamos comentado su flojo trabajo en el film de Mel Gibson. (aquí mero).

A pesar de eso aplaudo las actuaciones de Adam Driver y todos los japoneses que saben a hacer de su gusto algo profesional a lado de Martin Scorsese.

4/5 Estrellas.

 

El Conde Filmstrostky.

The killing of a sacred deer. Yorgos Lanthimos. El Conde Filmstrostky.

No supongo el drama en esta película, si no el Horror; si es que tendría que darle un género. Y no por el horror de ver como quedó Nicole Kidman después de su última cirugía y tampoco por su horrorosa actuación, si no por el puro terror, que elegantemente, va mostrando esta buena película. Tal como fue con The Lobster, allá por el 2015… ahora creo, que este director, nos dará un nuevo punto de observación del cine o para el cine en sus futuros trabajos.

La experiencia de los diálogos me profundiza en la claridad de su propósito, o bien, en el latente suspenso por donde nos lleva. Tuve miedo y tuve ganas de morir de miedo. Tuve tantos sentimientos que no supe más que hacer que aterrorizarme de principio a fin.

4/5 Estrellas.

 

El Conde Filmstrostky.

Hail, Caesar! Ethan Coen, Joel Coen. El Conde Filmstrostky.

– ¿Qué más puedo decir de los hermanos Coen?

– ¡Qué los tiempos son dorados, para ellos y los suyos!

– ¡Qué la gloria, de sus guiones y de sus producciones, siempre será un goce para los que disfrutan de su cine!

– Bravo por el hilarante tributo a la industria cinematográfica.

– ¡Salve, los Coen!

-¡Salve, Frances McDormand!

4/5 Estrellas.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Perfect Blue. Satoshi Kon. El Conde Filmstrostky.

No había visto este anime de Satoshi Kon, pero suponía qué, por ser el mismo director de Paprika: el reino de los sueños, sería al menos entretenida, y además, ya un mítico prestigio la acompañaba. Tampoco leí la novela homónima de Yoshikazu Takeuchi, no era para tanto, así que mi compadre y yo, al calor del carbón y con tremendos salchichones al fuego vivo, la vimos.

Las salchichas se tardarían un poco en tener la textura que nos gustaba: hinchadas y con su capa achicharronada, así que iniciamos la película con unas enchiladas potosinas que desaparecían rápidamente en la boca de mi compadre, al que le explicaba, que había tres pilares muy marcados que los otakus siempre platicaban sobre este anime: “fanatismo, acoso y terror”. Era lo único que yo sabía sobre el tema y mi compadre opinaba que había un loco por ahí, sabía eso y (al parecer) nada más. Hablaba él, y yo también hablaba, cuidaba las salchichas y las volteaba mientras el anime seguía, parsimonioso y cuidadoso avanzaba, la música ayudaba a saber dónde poner atención, los gritos japoneses comenzaban a horrorizarme, sabía que esto ocurriría, pues se trataba de un anime del año de 1997 donde los audios eran una situación escalofriante.

Terror y fanatismo, cierto era, vaya que sí, luego estaba el acoso, latente, el mismo maldito acoso que yo hacía también, constante y sonante, a las salchichas para asar, entonces ahí mismo, con las pinzas en la mano, me sentí Me-Mania y creía entenderlo todo, me veía en esa fragilidad de mi cargo, de mi ocupación, de lo que yo hacía… ¡La identidad! Ya gritaba mientras mi compadre susurraba que pusiera las tortillas. En ese ilusorio drama caía olvidando que se trataba de un anime… Me involucraba, una y otra vez sin remedio.

Cerca del final apenas sonreímos cuando ya teníamos nuestras salchichas en la mano o en la boca, entonces, me di nunca de que nunca nos acordamos del chimichurri que tanto daño nos hacía, también supe, o creía saber, lo que sucedía con Mima Kirigoe, pero no, ocurría algo más, me detuve y miré a mi compadre absorto en su cena, triste masticaba, reflexivo lloraba y yo pensaba en el empacho; confundido y lleno de asco, por la falsedad a la que nos sometemos.

No recuerdo el final de Perfect Blue, ni siquiera mi compadre, ahora que lo pienso mejor, tampoco recuerdo el final de la noche, repaso y no veo a mi compadre despedirse, mucho menos, mirarme a los ojos después de que lloramos.

4/5 Estrellas.

 

El Conde Filmstrostky.