Como Sísifo. Pablo Jara.

Entre otras incomodidades de los mortales, está esa ceguera del alma que hace al hombre no sólo errar, sino amar sus errores. Séneca.

 

Mientras avanza la vida, vamos llevando nuestras propias cargas, algunos de bajada,  y otros, la mayoría, cómo Sísifo, purgando alguna condena, la ignorancia puede ser esa condena, ignorancia capaz de hacer  ver otra vida  con desdén, no sé por qué se nos fue negada la empatía, pero esa luz blanca con las que nos sentimos tocados y originales, es la misma que nos ciega y nos envilece, deforma nuestra visión, incluso nos hace dudar de nuestros sentidos, llevando al extremo nuestras vanidades, vemos guerras con indiferencia, otra vez el desdén, pueriles ante las injusticias. Falsas comodidades hacen que emerja de nuestro interior lo peor de nosotros, ajenos a nuestra supuesta humanidad, obcecados egoístas, sintiéndonos en el paraíso mientras fingimos no oler el azufre, aún con la creencia de nuestra superioridad intelectual, aún en la caverna.

 

Pablo Jara.

*The Battle Of The Argonne 1959. Rene Magritte.

Si el Pípila lo hubiera sabido. Pablo Jara.

Es el pueblo el que se subyuga, el que se degüella, el que pudiendo elegir entre ser siervo o ser libre abandona su independencia.

Etienne de la Boétie.

Es 4 de abril de 1959 y este país ya se caía, mi madre aún no nacía y esto ya ardía, hace poco cayó en mis manos un poema fechado esa día, el gran Efraín Huerta escribe y describe lo que era y sería mi patria, hoy leo al poeta y nada ha cambiado, sólo algunos nombres, cincuenta y siete años de lo mismo, sangre, incertidumbre e ilusiones es lo que tenemos, tiempo en que la política nos arrancó la libertad, nos habituó al sometimiento, engañados por unos o por otros, la palabra dignidad cada día pierde más valor o incluso ya es desconocida, dice Montaigne  “mucho podríamos de los animales más brutos, los peces se dejan morir cuando se les saca del agua, los animales se enfrentan a sus captores con garras y picos, cuernos y patas, muerden, patean, arañan, dan coletazos pero los hombres con docilidad se otorgan a sus tiranos: les prestan brazos para torturar y hasta se disponen a elogiarlos”, no creo que un país con hombres sumisos sea muy independiente, esa palabra ya no dice nada, no tenemos memoria, incluso hay quienes conocen esa historia y se engañan, siguen dándole ojos para espiarnos y manos para azotarnos. Buscando beneficios propios dicen buscar el beneficio de la sociedad, cinismo puro y duro, si todo esto comenzara a arder, que aventaría yo, ¿agua o gasolina? falsos profetas no paran de hablar, no hay a nadie a quien seguir, inmolarse por esa masa humana nunca es una opción para mí, las multitudes desgastan, solo compruebo la estupidez ¿arder por ello? Si tan solo tomaran en cuenta que van a morir bastaría.

¡Mi País, Oh mi País!

Efraín Huerta

Descenderá al sepulcro vuestra soberbia. Y echados seréis de él como troncos abominables, vestidos de muertos pasados a cuchillo, que descendieron al fondo de la sepultura. Y no seréis contados con ellos en la sepultura: porque destruisteis vuestra tierra, y arrasasteis vuestro pueblo. No será nombrada para siempre la simiente de los malignos.

Libro del profeta Isaías.

Ardiente, amado, hambriento, desolado,
bello como la dura, la sagrada blasfemia;
país de oro y limosna, país y paraíso,
país-infierno, país de policías.
Largo río de llanto, ancha mar dolorosa,
república de ángeles, patria perdida.
País mío, nuestro, de todos y de nadie.
Adoro tu miseria de templo demolido
y la montaña de silencio que te mata.
Veo correr noches, morir los días, agonizar las tardes.
Morirse todo de terror y de angustia.
Porque ha vuelto a correr la sangre de los buenos
y las cárceles y las prisiones militares son para ellos.
Porque la sombra de los malignos es espesa y amarga
y hay miedo en los ojos y nadie habla
y nadie escribe y nadie quiere saber nada de nada,
porque el plomo de la mentira cae, hirviendo,
sobre el cuerpo del pueblo perseguido.
Porque hay engaño y miseria
y el territorio es un áspero edén de muerte cuartelaria.
Porque al granadero lo visten’
de azul de funeraria y lo arrojan
lleno de asco y alcohol
contra el maestro, el petrolero, el ferroviario,
y así mutilan la esperanza
y le cortan el corazón y la palabra al hombre―
y la voz oficial, agria de hipocresía,
proclama que primero es el orden
y la sucia consigna la repiten
los micos de la Prensa,
los perros voz-de-su-amo de la televisión,
el asno en su curul,
el león y el rotario,
las secretarias y ujieres del Procurador
y el poeta callado en su muro de adobe,
mientras la dulce patria temblorosa
cae vencida en la calle y en la fábrica.
Este es el panorama:
Botas, culatas, bayonetas, gases…
¡Viva la libertad!

Buenavista, Nonoalco, Pantaco, Veracruz…
todo el país amortajado, todo,
todo el país envilecido,
todo eso, hermanos míos,
¿no vale mil millones de dólares en préstamo?
¡Gracias, Becerro de oro! ¡Gracias, FBI!
¡Gracias, mil gracias, Dear Mister President!
Gracias, honorables banqueros, honestos industriales,
generosos monopolistas, dulces especuladores;
gracias, laboriosos latifundistas,
mil veces gracias, gloriosos vendepatrias,
gracias, gente de orden.
Demos gracias a todos
y rompamos
con un coro solemne de gracia y gratitud
el silencio espectral que todo lo mancilla.
¡Oh país mexicano, país mío y de nadie!
Pobre país de pobres. Pobre país de ricos.
¡Siempre más y más pobres!
¡Siempre menos, es cierto,
pero siempre más ricos!
Amoroso, anhelado, miserable, opulento,
país que no contesta, país de duelo.
Un niño que interroga parece un niño muerto.
Luego la madre pregunta por su hijo
y la respuesta es un mandato de aprehensión.
En los periódicos vemos bellas fotografías
de mujeres apaleadas y hombres nacidos en México
que sangran y su sangre
es la sangre de nuestra maldita conciencia
y de nuestra cobardía.
Y no hay respuesta nunca para nadie
porque todo se ha hundido en un dorado mar de
dólares
y la patria deja de serlo
y la gente sueña en conjuras y conspiraciones
y la verdad es un sepulcro.
La verdad la detentan los secuestradores,
la verdad es el fantasma podrido de MacCarthy
y la jauría de turbios, torpes y mariguanos inquisidores
de huaraches;
la verdad está en los asquerosos hocicos de los cazadores
de brujas.

¡La grande y pura verdad patria la poseen,
oh país, país mío, los esbirros,
los soldadones, los delatores y los espías!
No, no, no. La verdad no es la dulce espiga
sino el nauseabundo coctel de barras y de estrellas.
La verdad, entonces, es una democracia nazi
en la que todo sufre, suda y se avergüenza.
Porque mañana, hoy mismo,
el padre denunciará al hijo
y el hijo denunciará a su padre y a sus hermanos.
Porque pensar que algo no es cierto
o que un boletín del gobierno
puede ser falso
querrá decir que uno es comunista
y entonces vendrán las botas de la Gestapo criolla,
vendrán los gases, los insultos,
las vejaciones y las calumnias
y todos dejaremos de ser menos que polvo,
mucho menos que aire o que ceniza,
porque todos habremos descendido
al fondo de la nada,
muertos sin ataúd,
soñando el sueño inmenso
de una patria sin crímenes,
y arderemos, impíos y despiadados,
tal vez rodeados de banderas y laureles,
tal vez, lo más seguro,
bajo la negra niebla
de las más negras maldiciones.

 

Pablo Jara.

 

*Saturnino Herrán – “Nuestros Dioses” (1918, Mural, 5.32 x 1.76 mts, Anterior en Palacio de Bellas Artes, México – Ahora, colección privada desconocida, subastada el 14 de Noviembre de 2013).