Mejor callar. Anónimo.

¿En qué momento uno aprende a pensar antes de hablar…? Sí todo ser humano se distingue de los demás seres vivos por su razonamiento ¿Por qué muchas de las veces no pensamos que lo que decimos no es correcto…? Será que somos más instintivos que los mismos animales. ¿Cómo saber en qué momento quedarse callado para evitar herir o cometer un error al hablar…? ¿Se habla de más o simplemente no razonamos? Quisiera ser más razonable y menos impulsiva. Ahora entiendo eso de “es mejor callar” cuando un mal sentimiento ciega nuestra razón.

 

Anónimo.

* Sunset on Mount Diablo, 1877. William Keith.

Una petición incomprensible para los hombres. Víctor Ávila.

La petición de levantar la cabeza y observar el cielo de vez en cuando y no entender nada, es una posible exageración pero siempre está la sospecha de algo más. Lo mismo sucede en la calle, sobre el suelo caminan las mujeres con las miradas en los señalamientos escondidos para los hombres, algunos a forma de petición y otros como una sugerencia. Entonces en el cielo transitan otras mujeres que no advierten los hombres. No comprender lo que sucede es entender lo que no pasa, por lo tanto, ya desfila algo que los puede asombrar aunque, con malicia, los hombres no lo quieran reconocer. Al menos pueden ignorar lo que está ahí sin ninguna explicación y es así como debe de suceder. ¿Creen los hombres imaginar la tierra que pisan por encima del concreto? No acordarse de ella no es tan malo. Lo mismo ocurre con el cielo que no alcanzan a mirar del todo, llámenlo miopía o como quieran, pero aun desconocen muchas cosas acerca de las mujeres. Ejemplificar esto despejará algunas mentes: una mujer morena, de cabello ondulado, descubre que al saltar descose sus pies del suelo. Por un momento ya no está su peso sobre la tierra, entonces su cuerpo, al acongojarse de lo que carga, regresa al empedrado de la calle. Sus talones rebotan y sonríe. Esto puede durar dos segundos o treinta y siete horas. El volver y no irse al carajo responde a la física, eso no es nada nuevo; lo gracioso es el retorno, la simplicidad de ser y volver cuando se quiere. Las faenas que tengan sobre las nubes no son asuntos simples, tampoco algo que les importe a los demás. Los hombres, hostigados a sí mismos por su falta de compresión, intentarán despedirse con un guiño o un beso cuando salte una mujer, los más astutos sabrán que la mejor despedida es una sonrisa mientras desaparecen para volver algún día. No será necesario cargar un paraguas los próximas días.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* Sir Edward Coley Burne-Jones – “El espejo de Venus” (1877, óleo sobre lienzo, 120 x 200 cm, Fundación Calouste Gulbenkian, Lisboa).

 

 

Llegará un día. Pablo Jara.

Llegará un día

En el que tus palabras serán sentencias

Esas palabras deben ser como ladridos

De Perros aullando a la muerte

Hablar es escupir al cielo

Escríbelo y sabrás donde caerá

Llora por el veneno en que reposan

Que tu argumento no solo sea hablar

 

Sin embargo

Las palabras no encadenan

Echan raíces

Para que trepemos en ellas

Córtalas

Y se triplicaran

Ahógalas

Por su peso flotaran.

 

Pablo Jara.

 

* Gustave Caillebotte – “Remero con chistera” (1877-1888, óleo sobre lienzo, 90 x 117 cm, colección particular).