Tuve un sueño. Jocelyn.

Tuve un sueño, uno extraño, de esos que no le encuentras sentido.

Me encontraba varada en algún sitio, todo a mí alrededor era borroso, pero había un sonido tan claro como el agua. Pájaros, una parvada entera, su trino llenaba el lugar, pero a medida que prestaba atención al sonido me daba cuenta de que no eran aves, era una caterva gritando exasperadamente, como sufriendo por algo, pero al segundo, escuchaba a las aves de nuevo y podía distinguir su canto; una gaviota sobresalía de todos esos cantos como inspirando calma.

 

Jocelyn.

*A Landscape with Birds. Roelant Savery. 1639

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Otra vez tú. Salinas Ulloa Portugal.

Aún conservo el olor de tu cuello, tantas veces mis dedos recorrieron tu espalda, delineando el camino hacía el placer, no buscaban la línea recta, el infinito era más tentador y en ese momento lo que nos sobraba era vida.

Y ahora, que mi cuerpo no me obedece y sólo vive de recuerdos apareces de vez en cuando y no dejo de maldecirte, al parecer nunca fuimos muy sinceros, el placer fue mentiroso por fugaz, esta ceguera blanca impidió que lo notará claramente, y aunque pretenda olvidarte,  como aún conservo el olor de tu cuerpo en mis manos, pues conservo tu presencia. No te olvido y te maldigo.

 

Salinas Ulloa Portugal

* Ilustración: Lautrec. El beso en la cama. 1892.

Sra. Concha. Cecilia Ávila.

Caminemos juntas, amiga, que sola y afuera todo me es aburrido.

Volvamos a dormir plácidamente en el silencio que nos dio el hogar.

Mírame de nuevo con esa seguridad de que obtendrás tu pedazo de pan.

Vuelve a darme tu pata para recibir mis caricias.

Escúchame de nuevo y hazme creer que me entiendes.

Brinca de nuevo porque regresé por ti.

Ladra fuertemente al oír que un extraño toca nuestra casa.

Protégeme.

Vuelve conmigo porque saldré de casa…

 

Cecilia Ávila Velázquez.

* Svetlana Tartakovska. Woman in black.

Con ánimo de amar. Wong Kar-wai. El Conde Filmstrostky.

De ausencia y de presencia se trata este maravilloso film de Wong Kar-wai, de quien está en la escena y de quien no lo está, también de lo breve de cada una y de lo que no se muestra en ella, así como lo que se dicen estos personajes o lo que se callan, también, abarcan frágiles secuencias que son cálidas, como los actores, que desean porque tiene el ánimo atascado.

Como no reconocer los estilos de otros directores, o la estética de lo latino, la música latente de lo universal que responde al llamado del amor… y la fragancia de la lluvia eterna con la que los protagonistas se empapan. Un clásico que anima, pero no a amar, sino a mirar desde lejos.

4/5 Estrellas.

 

Pd.- Perdonaran mis empalagosas palabras pero esta película tocaron mi particular corazón de Conde. Aun así, mi odio por sus pésimos gustos, queridos lectores, existe.

El Conde Filmstrostky.

Por cada cosa. Melina Aldana.

Últimamente he pensado en la muerte y de un modo distinto, no como cuando se me estruja el corazón pensando que mi vieja pronto partirá, mi tabaquismo ha echado sus primeras raíces, mis pulmones están llenos de flema, no puedo respirar, no puedo dormir, pienso en todo aquello que he ahogado por omisión, por cobardía y por culpa. Me duele el fracaso, la familia, la falsa amistad, las pausas del amor, el bebé que no está. -Tranquila- , el hombre está hecho para soportar cualquier evolución, si eres fuerte sobrevivirás. Una pequeña mano roza con la mía, la aprieto con fuerza, suspiro y siento mucha paz. En mi lecho de muerte me gustaría que los puños sagrados de mis hijas se abrieran, soltando el polvo que alguna vez fui, moverme con las ráfagas del viento libremente, llegar a la madurez absoluta, ser recordada por cada cosa buena que habitó en mí.

 

Melina Aldana González Aldana

* Auguste Toulmouche 1829 –1890.

Los veo con estos ojos. Víctor Ávila.

Saben quién soy yo: soy el hombre moreno, alto y de linda sonrisa que mira con ojos inquietos todo lo que está a su alrededor. Supondrán que sospecho demasiado, pero lo único que hago es observar, entonces la naturaleza de las cosas se refleja ante mí y veo, en cada uno de ustedes, a sus afligidos espíritus amarrados a la pared de la vanidad. No puedo salvarlos, ni siquiera puedo hablarles o acercarme porque me desconocen como perros cegados por el hambre, me quieren morder y yo no quiero ser mordido, entonces, eso me pone indiferente, camino y los olvido pronto, muy rápido cuando algo delicado pasa y distrae mi mirada y mis pensamientos… Pero hoy tengo compasión y voluntad hacia ustedes y les traigo estas palabras, porque que me doy cuenta de su anodina presencia en el universo y ante mis ojos están a salvo pues doy fe de su existencia ante la verdad que nunca quieren detenerse a observar.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* Ilustración: Roman mosaic, Zeugma.