Hacer algo, hacer nada. Víctor Ávila.

Que de adolescentes, recuerda mi primo,

yo le sugería que el no hacer nada, algo era.

Pues muchas veces al vernos nuestros padres

que nada hacíamos, cuando quizá eso parecía,

nos llegaban sus gritos a maneras de insultos,

incomprendidos nos mirábamos porque eso hacíamos;

hacer nada era algo para nosotros, o al menos,

hacíamos algo, que podría ser todo, menos nada.

.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: Dos sátiros, 1619, Peter Paul Rubens.

Sin título. Pablo Jara.

Ahí está, el abismo viendo en ti

tanto buscaste, hurgaste hasta sangrar

y ahora que por fin te encuentras te evades,

no sabes qué hacer con los días que restan

solo observas.

Cada que levantas la vista sientes el absurdo,

lo vives en ese eterno atardecer, los colores en la vida

se van reuniendo, mezclándose hasta llegar al negro

al abismo viviendo en ti.

Pablo Jara.

*Ilustración: Prometeo. José Clemente Orozco.

No hay tercer suspiro. Cecilia Ávila.

Inténtalo.

Cuando suspires lo harás con el alma y casi sin darte cuenta.

El segundo sonará trabajado y casi abraza el registro del primero.

Pero el tercero morirá naturalmente.

Uno suspira cuando ama y muere sin aliento.

.

Cecilia Ávila Velázquez.

*Ilustración: Vladimir Dunjić. 1957.

Cosmogonía. Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Te cuento, madre,

lo que un hombre viejo me contó.

Yo dormía y a mis sueños vino.

Él era delgado y arrugado,

me veía con sus ojos miel.

Me pedía que me acercara a escucharlo.

Hijo, me dijo,

vengo a contarte algo que quieres oír.

Así que atiende mis palabras y escucha;

“Aún no era yo,

y sabiéndome que lo era,

fui y soy.

Siendo yo,

no había nada más.

Nadie más que yo.

Entonces me escuché,

entendí que también era palabra,

y de mí, salió la voz.

«Yo soy y esta es mi voz.»

Me dije y con su ruido en la nada

iluminó el universo infinito que creaba.

Admiraba mi creación

y en ella miré tu existencia, hijo.

«Tú eres Víctor.»

Te nombré.

Y serás en el tiempo.

Contigo estaré, seremos y soy.”

Eso me dijo y el hombre viejo se marchó.

Al despertar lo he considerado

y por eso acudo a ti

¿Es cierto, madre?

 Y tú sólo me dices;

De nosotros somos.

.

Somos el origen

me respondo.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: William Blake. El anciano de los días. 1794.

Papel y pecado. Cecilia Ávila.

Cartas atadas por las llamas

aquellas que pensaste que no resurgirían

pero el fuego alumbra la más oscura noche.

No eran sólo cartas ¿te diste cuenta?

no suspires porque el fuego cambia.

No puedo escribir

sin pecado alguno

y el pecado quema.

Cecilia Ávila Velázquez

*Pintura: Le grand siecle. Cesar Moro. 1935.

No te detengas. Walt Whitman.

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías

sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima,

nos enseña,

nos convierte en protagonistas

de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:

Tu puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:

el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,

dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.

Vívela intensamente,

sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron

de nuestros “poetas muertos”,

te ayudan a caminar por la vida

La sociedad de hoy somos nosotros:

Los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

 

*Walt Whitman (1819-1892) Nace en Nueva York, Estados Unidos de América. Poeta y ensayista.

**Ohara Koson, Blue Irises. 1915.

Sin título. Pablo Jara.

Llegué

Estabas tirada

El supuesto maquillaje te hacía irreconocible

Manchas negras de tus ojos a tu boca

Hablé fuerte

Pensé que dormías

Me acerqué

Veías un punto que no reconocí

No supe si me escuchaste

En tu puño se veía una fotografía arrugada

Detonante o apaciguamiento

No tenía idea

No existe comunicación entre un vivo y un ausente

Con los muertos la conexión aún existe.

Negué la idea de ser yo la causa de ese aislamiento, algo tan insignificante como mi ser.

Decidí irme.

Pablo Jara.

*Pintura de Serge Marshennikov.

Tan fácil y rápido… Pablo Jara.

Tan fácil y rápido olvidas

Deberías sentirte mal

Quien se enorgullece de ti pobre ignorante

Por las noches, al cerrar los ojos para dormir ni siquiera luchas contra tus pensamientos

Simplemente te solapas y te das palmaditas en la espalda

Sólo te reconocen las sombras, pero tú no sufres por ello, tan fácil y rápido olvidas.

 

Pablo Jara.

*Jusepe de Ribera. The Martyrdom of Saint Philip. 1638.