Cuando figura y número no sean. Novalis.

Cuando figura y número no sean

cifra de seres en totalidad

y aquellos que se besan mientras cantan

superen en saber al erudito,

cuando a la vida libre nuevamente,

y al mundo también libre, el mundo vuelva,

en claridad perfecta se apareen,

cuando en poema o cuento se registre

el verdadero acontecer del mundo

ante una sola y mágica palabra

todo lo absurdo y falso desaparecerá.

* Novalis (1772-1801) Nace en Wiederstedt, Alemania. Escritor y filósofo.

** A Quartet, A Painter. Tribute to the Art of Music.

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El hombre de los tiempos. Cabra Zapata.

Para dormir en un cartón

Para sólo tener sonrisas

¿Por qué me aceptas?

Si yo te odio, hermano

¿Por qué me preguntas?

No soy de África, odio América y Asia

No quisiera ser de Europa

Púdrete, hermano

Soy negro y rojo

Soy amarillo y odio el blanco

No soy hombre

Cierra la puerta

Abre tu corazón

Soy un bruto

Pues soy el hombre de los tiempos.

 

Cabra Zapata.

* Caravaggio. San Juan Bautista, 1604, Italia.

**Del año de 1999.

Huida. Víctor Ávila.

Tan infame como tu galopante sonrisa

voy pronto con la maleta revestida

no admito que tu amor sea intermitente.

 

Que los detalles causen sus memorias

de tus pecosas piernas educándome

de tus órbitas rosadas perturbándome

de tus dedos dentro de mí hasta el final.

 

Y que no me he confiado de las mujeres

me fié en lo masculino que escondían

bendito huracán que envolvía mi pudor.

 

Que me amparaba de tu equilibrio

de la cuerda floja, que se afloja

mientras tú te acaricias sobre mis libros

mientras tú te acaricias sobre mi ausencia.

 

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

*  Rembrandt Harmenszoon van Rijn. The Prophetess Anna. 1631.

La brisa. Cecilia Ávila.

Un hueco húmedo lleno de inquina para flotar en él.

Un soplo fuerte donde te ciega el polvo.

Un sabor de sal en la lengua que escupe la verdad.

Es, en momentos, la sequía de este corazón.

 

Cecilia Ávila Velázquez.

*Storm at sea. Iván Konstantínovich Aivazovsky.

 

Un juego de dos. Cecilia Ávila.

Haz aire con tus piernas largas

como un rehilete en nuestra cama.

Nada en mi rojo corazón

en tu lancha llamada apego

y usemos los besos como remos.

Háblame en la noche azulada

con tus gritos desesperados

de una niña extraviada.

No hay otra cosa

que el juego de niños

en las sucias mentes

de un adulto efímero.

 

Cecilia Ávila Velázquez.

* Ernst Ludwig Kirchner.