O varar, o naufragar. Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Un rosado

atardecer

revelaba

del sostén

a las olas

encalladas

sobre

su piel.

.

Trepidaba

mi corazón

y caía

de sed.

.

O varar,

o naufragar,

en la pasividad

de sus mares.

.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: Ilya Repin. Sadko in the Underwater Kingdom.

Drama. Cecilia Ávila.

Vas entrando en el pórtico de lo obsoleto.

No hay poemas y mucho menos flores.

Todo se vuelve drama.

Ve escogiendo la madera de tu baúl.

Ese baúl que también será obsoleto.

Cecilia Ávila Velázquez.

*Ilustración: Ivan Nikolaevich Kramskoi. Jesus in the desert. 1872.

La tristeza tiene ritmo. Víctor Ávila.

Me detengo hurgando las tristezas

bajo a tus lágrimas mientras farfullas

cierro mi boca, tú cierras los ojos.

.

Alcanzaste el pesimismo,

hablas de conveniencias,

alargo mi jadeo, el tuyo enmudece.

.

Noche trágica de apretadas penas

-hay cerezas en pleno sol de invierno-

la soledad y tú parecen ser inseparables.

.

Te haré parar, detente,

es viento la risa en el suelo

has marcado un paso diferente.

.

Lento, todo ritmo sale de tiempo

tiempo, tiempo, tiempo

y no te callas.

Víctor Hugo Ávila Velázquez

*Ilustración: CARL HAAG: A NUBIAN HARPER. 1858.

Hacer algo, hacer nada. Víctor Ávila.

Que de adolescentes, recuerda mi primo,

yo le sugería que el no hacer nada, algo era.

Pues muchas veces al vernos nuestros padres

que nada hacíamos, cuando quizá eso parecía,

nos llegaban sus gritos a maneras de insultos,

incomprendidos nos mirábamos porque eso hacíamos;

hacer nada era algo para nosotros, o al menos,

hacíamos algo, que podría ser todo, menos nada.

.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: Dos sátiros, 1619, Peter Paul Rubens.

Sin título. Pablo Jara.

Ahí está, el abismo viendo en ti

tanto buscaste, hurgaste hasta sangrar

y ahora que por fin te encuentras te evades,

no sabes qué hacer con los días que restan

solo observas.

Cada que levantas la vista sientes el absurdo,

lo vives en ese eterno atardecer, los colores en la vida

se van reuniendo, mezclándose hasta llegar al negro

al abismo viviendo en ti.

Pablo Jara.

*Ilustración: Prometeo. José Clemente Orozco.

No hay tercer suspiro. Cecilia Ávila.

Inténtalo.

Cuando suspires lo harás con el alma y casi sin darte cuenta.

El segundo sonará trabajado y casi abraza el registro del primero.

Pero el tercero morirá naturalmente.

Uno suspira cuando ama y muere sin aliento.

.

Cecilia Ávila Velázquez.

*Ilustración: Vladimir Dunjić. 1957.

Cosmogonía. Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Te cuento, madre,

lo que un hombre viejo me contó.

Yo dormía y a mis sueños vino.

Él era delgado y arrugado,

me veía con sus ojos miel.

Me pedía que me acercara a escucharlo.

Hijo, me dijo,

vengo a contarte algo que quieres oír.

Así que atiende mis palabras y escucha;

“Aún no era yo,

y sabiéndome que lo era,

fui y soy.

Siendo yo,

no había nada más.

Nadie más que yo.

Entonces me escuché,

entendí que también era palabra,

y de mí, salió la voz.

«Yo soy y esta es mi voz.»

Me dije y con su ruido en la nada

iluminó el universo infinito que creaba.

Admiraba mi creación

y en ella miré tu existencia, hijo.

«Tú eres Víctor.»

Te nombré.

Y serás en el tiempo.

Contigo estaré, seremos y soy.”

Eso me dijo y el hombre viejo se marchó.

Al despertar lo he considerado

y por eso acudo a ti

¿Es cierto, madre?

 Y tú sólo me dices;

De nosotros somos.

.

Somos el origen

me respondo.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: William Blake. El anciano de los días. 1794.

Papel y pecado. Cecilia Ávila.

Cartas atadas por las llamas

aquellas que pensaste que no resurgirían

pero el fuego alumbra la más oscura noche.

No eran sólo cartas ¿te diste cuenta?

no suspires porque el fuego cambia.

No puedo escribir

sin pecado alguno

y el pecado quema.

Cecilia Ávila Velázquez

*Pintura: Le grand siecle. Cesar Moro. 1935.