Erotismo en VHS. Víctor Ávila.

Era un niño lindo en el verano de 1995, tenía nueve años, grandes ojos, pelo ondulado y la piel dorada. Batman Forever se estrenaba en los cines y mi tío Carlos me llevó dos veces a verla. La primera, entramos juntos y comimos nachos mientras nos reímos de Val Kilmer, nos mofamos de Jim Carrey, nos apenamos, con discreción, de Tommy Lee Jones, después sabroseamos a Nicole Kidman, que en ese entonces ella tenía unos 27, deliciosos, años. Nadie habló o dijo algo sobre Robin, ni al actor recuerdo. A la siguiente semana mi tío me volvió a llevar al cine, pero en esta ocasión, entré solo a la sala, mi tío se metió a ver Seven, la película de David Fincher, la cual yo no podía ver debido a la clasificación. Volví a comprar los nachos, volví a reír y observé la sensualidad de Nicole y suspiré en la oscuridad del cine lamentando no poder ver otro estreno, entonces descubrí entre el triste reparto a Drew Barrymore, escondida bajo un papel dulce y erótico, cándida disimulaba su voz hasta convertirla en oralidad sumisa… e inocente en un vestido blanco me recordaba algún amor lejano u olvidado en mi corta edad. Ya sospechaba a esas alturas que aquellas dos mujeres, o bien el director Joel Schumacher, querían despertar algún libido en mí, sin embargo, la curiosidad sobre Seven fue más grande y no podía dejar de pensar en que podía ser lo que no podía ver.

Hasta que tuve trece años conseguí Seven en VHS, clonada por un conocido de mi padre, en muy baja calidad como si el casete ya hubiera sido grabado varias veces… Emocionado me senté un sábado por la mañana del año de 1999 y la vi. La trama no pasó a mayores, era larga y pesada, Kevin Spacey muy bien como casi siempre, pero Morgan Freeman era encantador y pues Pitt y Paltrow igual de simples. No conmovido por ellos, ni por la historia, devoraba los restos de una pizza como si ella fuera a darme lo que buscaba: satisfacción y fue hasta el final de los créditos que otra grabación empezaba, más espeluznante, más perturbadora que cualquier suspense de los 90´s, se trataba de una parodia pornográfica de Caperucita Roja y compañía, titulada, Caperu-Cita-Roja, en la que venían varios cortometrajes de los cuentos de los hermanos Grimm y Charles Perrault dando cuerda a lo absurdo. Asustado y apenas excitado por la cinematografía hambrienta y barata que me daba una referencia ochentera, pero con actores que gozaban cualidades de belleza de los setentas, me propuse distribuirla, claro, después de disfrutarla. Una vez que estorbó el erotismo fui empujado por el delirio de tratos e intercambios entre jóvenes o adultos, convenios que favorecieran mis intereses de videos de culto o films caseros o algo extravagante por ver. Así que tomé mis dos reproductoras de VHS y copié con calma, después me fui a vagar por la ciudad y los cines.

Pronto me hice de un variado surtido de videos, de los cuales aún conservo algunos, entre ellos, uno de mis favoritos son “Los hijos”. Un mediometraje, en blanco y negro, al mero estilo casero, de una pareja que se dedicaba a asesinar a sus hijos, al finalizar las grotescas muertes, los padres se tendían en el arrebato sexual y volvían a tener otros hijos, así continuamente, dando variedad a un sinfín de escenarios mórbidos y apasionantes. Otro más se llama “La perla”. Un cortometraje, a color, donde se observa salir de una ostión enorme, que está varada en la costa de un viejo Lisboa, a una joven desnuda, viscosa y gritando con desesperación en portugués ¡Aún sigo adentro! Entre otros favoritos.

Nunca me sentí mal por el impacto audiovisual que pude haber causado entre jóvenes, adultos o quién fuera, sólo sabía que mi trabajo era el mejor, porque la gente me agradecía, en la calle me respetaban y en la escuela también, me nombraron Grimm, el Moreno: un singular joven que sonreía entre las sombras del cine.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Adjust your tracking.

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Hoy es. Pablo Jara.

No crearas nada, negros son tus ojos y nunca creyeron en nada, vivir no es fracasar, mis manos lentas y mis pensamientos livianos, pretendiendo predicar con el ejemplo, jugando al error del contrario, no escribirás ni guerra ni paz, no importa lo que estés haciendo, ella derrama alcohol cuando pasa frente a mí, un suicidio ejemplar, y mientras tanto yo cada vez más ciego y el olfato trabajando, memoria y olfato, no como la vista, ojos clasistas sexistas y racistas, oídos pretenciosos, suena la música que no conoces, sueño los sueños de mi enemigo, sueño los sueños de mi amada, la paz durará sólo una noche, y saldré a buscarla para iniciar con ella otra guerra, y mientras se acerca mi corazón parece estacar, pienso que será mejor la retirada, la derrota no cansa pero si la humillación, es mejor la guerra contra el mundo.

 

Pablo Jara.

*The Wood of the Self Murderers. The Harpies and the Suicides. Dantes, Divine Comedy. by William Blake, 1824.

El año

En la puerta del sol

como el año que fue

otra vez el champagne y las uvas

y el alquitrán, de alfombra están.

Ignacio Cano.

 

 

Efebos congratuló no sólo una opinión, sino varias, de lo que habita con el tiempo. Durante este año el equipo editorial agradece a sus colaboradores y lectores por las cosechas. Bebemos este vino a su salud. Continuamos y cantamos lo que es posible, que hay ojos y oídos, que el arte está.

 

Efebos Editorial.

 

*Agradecemos tus comentarios, colaboraciones, dudas, exageraciones, rabietas, quejas, etc. en nuestro correo: efebospoeticos@gmail.com

**Monje admirando el vino.

 

Perro que ladra. Pablo Jara.

No te enojes porque el perro ladra, enójate por lo imbécil que puedes llegar a ser, a veces experto en el engaño, así que no puedes enojarte porque el perro ladre, el conserva algo más bello que tú, ese instinto puro, animal, tu nunca llegarás a eso con tantas palabras tras de ti.

 

Pablo Jara.

*Sciopod eating strawberries [Paris, Mazarine, MS. 3878].

De kacsynski a Pascal. Pablo Jara

Observando gente subir y bajar por escaleras eléctricas me recordó  algo escrito  por Bukowski “En algún momento el hombre nacerá sin piernas, andará sobre el culo”, puede que sea verdad, el hombre cada vez hace menos, y eso que a ese viejo ya no le tocó ver este siglo, sin duda no le hubiera gustado lo que se ve por todos lados, avaricia, vanidad, hombres y mujeres huyendo de sí  mismos, rehusándose a buscar en ellos mismos, llevados por el tiempo, muriendo sin esfuerzo, menos salvajes más primitivos, su religión es la tecnología, el soma de un mundo feliz, la misma que llevará al carajo todo, adoradores de lo irreal, ya lo dijo aquel genio terrorista que mantenía una enemistad con la tecnología someterá a los seres humanos a grandes indignidades, conducirá a un colapso social. No soy tan radical como él como para enviar bombas por correspondencia, pero no creo que esté tan alejado de lo que pasa ahora en estos momentos, cada vez menos humanos, sometidos y alienados, hombres en reposo, y nada resulta tan insoportable al hombre como hallarse en reposo absoluto, sin pasiones, sin tareas, sin diversiones, entonces siente su nada, su insuficiencia, su dependencia, su impotencia, su vacío. Y del fondo de su alma surgirá imparable el tedio, la negrura, la tristeza, la desesperación.

Pablo Jara.

* Dog-headed men doing business in Sri Lanka [BnF, Fr. 2810]

Figuración al bajar. Víctor Ávila.

Pendiente a la caída de mi cuerpo voy disimulando el recuerdo, el suelo empedrado me ciñe y los rostros se confunden, las miradas se sacuden en las ruinas de los hombres bajo los mares, el canto que surge del desastre ya no es mi voz y comienza a acorralarme el atisbo de que soy un roto.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* Jacques Gamelin (1738-1803), Nouveau recueil d’ostéologie et de myologie, dessiné d’après nature … “pour l’utilit des sciences et des arts”.

Hacksaw ridge. Mel Gibson. Víctor Ávila.

Cada diez años, aproximadamente, Mel Gibson la hace de director perspicaz. En 1996 con Braveheart, en 2006 con Apocalypto y ahora en el 2016 con Hacksaw ridge (No me he olvidado de la Pasión de Cristo en 2004, sólo la ignoré para darles una estadística impresionante).

Hacksaw ridge, es un film bastante entretenido, conmovedor y descriptivo (a su manera, claro, ya sabrán los seguidores de Mel a lo que me refiero). Hablo de esa anunciada violencia tan particular y carismática que tiene para narrar lo bélico y/o dramático. Entonces optamos por desayunar sólo un par de huevos revueltos y un café, muy caliente, mientras comenzaba la película de manera sensacionalista. Tan realista como siempre en su fotografía, siendo ya una característica atractiva de sus películas, sin olvidar la pasión por el melodrama humano, el entretenimiento fue tan estridente que tuve que gritarles a los soldados que fingían estar en la batalla de Okinawa. Adentrado en la trama respiraba para recuperar la calma.

Desafortunadamente no todo lo que brilla es oro, las actuaciones son de un nivel-comedia-romántica, tipo como las que hace el propio Mel Gibson como actor (What Women Want, 2000). Andrew Garfield, Teresa Palmer, Vince Vaughn (con este último no podíamos evitar reírnos con cualquier diálogo que expusiera) y entre otros, incluyendo a Hugo Weaving, fueron terribles actores al dejar a un lado el drama con el que trataban o representaban.

Quizá, también, exista una extravagancia sobre el tema narrado, o lo que se quiere ilustrar a manera de moraleja, qué sería la no violencia, el que grita a los cuatro vientos el personaje principal de no matar a nadie, pero es Gibson y lo muestra como el sólo sabe, feroz como sólo puede ser la guerra. Una paradoja dirían unos, yo no, creo que sólo es circunstancial.

Un film que busca entretener y que lo consigue. Nada más, nada menos.

(Se oye música de comedia-romántica de los noventas y entran los créditos).

*** asteriscos.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.