Seco. Miguel González.

Voy en el camino de terracería con Max a mi lado, siento el viento de una tormenta que se aproxima, él va feliz olfateando todo a su camino, todo el día está pensando en irse de paseo, es su momento feliz, ponerse al día con el olor de otros perros, se jala tanto que tengo que poner dura la mano para que se calme, pero él va tan feliz que me jala demasiado, en algunos momentos se detiene a oler algún recado en forma de orina que le dejo algún perro o alguna perra. Es en estos momentos es cuando pienso en mi realidad, en lo que estoy sintiendo, han sido días duros en cuestión de pensar, es difícil llegar al origen de mis pensamientos, mi primera suposición, es que mis sentimientos se fueron al carajo ¿Cómo llegue a esto? Me detengo junto con Max veo las nubes a lo lejos cada vez más cercanas, huele mucho a lluvia, y siento que estoy caminando en un campo quemado, en realidad lo estoy literalmente, unos días atrás fue quemado junto con mis sentimientos, estoy enojado conmigo mismo porque por diez años fui un caballo corriendo por el campo sin voltear a mi alrededor, solo ir derecho sin parar para conseguir una meta, una meta material y vacía, olvide ser un humano, olvide ser yo, ahora no me entiendo del todo, no entiendo lo que quiero, mis bases están siendo destruidas por mí mismo, soy un robot que solo sigue instrucciones de cómo vivir una vida vacía ¿Por qué las destruí? Porque estas fueron creadas por expectativas de otras personas, siempre sentí cobijo en estas ideas y todo lo que me hacía sentir bien lo reprimí a tal grado que ya no siento más nada, complací a otras personas y cree un ego falso, que fui alimentando con estupideces, me cree una máscara. Suspiro, Max se están jaloneando de nuevo, debo seguir adelante, veo vestigios de el pasto verde saliendo en el campo quemado, pienso en mis adentros la tierra está pasando por el mismo proceso que yo, se quemó toda para renacer de nuevo, al parecer estoy en ese proceso, sigo con Max, doblo a la esquina, levanto la cara hacia el horizonte afligido por el futuro, por cómo resolver mi situación, al fondo veo las nubes negras acercándose de una manera rápida, la tormenta viene hacia mí, sonrió y entro en mi casa junto con Max.

Miguel González

*Turner, Joseph Mallord William.

No perezcas en la caída, se sublime. No votes. Pablo Jara.

¿Votar? Aquiles nunca había pensado en ello, tiempo nunca ha tenido, el tiempo siempre le ha tenido a él, todo ha sido trabajar, ¿decidir? Aquiles solo necesita decidir qué comerá cuando despierte de un turno nocturno de doce horas, se visualiza despertando aún más cansado, recuerda que no pagó el agua y por la mañana se la quitaron, ni un maldito baño podrá darse, lleva trece días sin descanso, esos lujos no van con él, y agotado teme perder su fe, teme no poder más., Aquiles despierta a diario con un número en su mente,  300, su objetivo, su meta, su carga, él puede, yo puedo, se dice tratando de convencerse, no puede fallarse, es un chingón, un heredero de la raza de bronce, un descendiente de Cuauhtémoc, no necesita votar, hasta hoy piensa en ello y nunca pareció necesitarlo, ni marcar una diferencia en su vida.  Aquiles apenas se da cuenta que habrán elecciones por la basura de los partidos políticos que infestan las calles con rostros falsos y poses fingidas, si no es por ello no lo sabría, no le interesan las charlas en el trabajo, él está para rendir si o si, pero hoy el transporte de personal de su empresa lo dejó tirado, esos segundos en la tienda comprando su sopa maruchan y sus cigarros fueron la diferencia, maldice para sus adentros, correr tras él camión solo haría más grande la ofensa, adiós bono de puntualidad, adiós botella de licor. ¿taxi?, implicaría no comer, ¿uber? implicaría no cenar. A pesar de las maldiciones parece que su suerte cambia, solo cuarenta minutos tuvo que esperar la pública, no la acostumbrada hora de espera, sube y ve que está a reventar, adiós siesta, apretado y aferrado para no caerse observa a los candidatos, todos únicos, nuestra esperanza, hombres y mujeres desfilan para él, le dan risa esas caras de cartón, esas sonrisas falsas, impecables, tan lejanos a los que van en ese camión. ¿votar? al carajo, siente que le dará más el descanso del domingo.

Aquiles se da cuenta que no sabe quién gobierna ahora, ni antes, no ha visto diferencia, no la ha sentido, no recuerda haber visto a sus padres votando, todo ha sido trabajar. El sol va desapareciendo igual que la gente, bajan más de los que suben y por fin tiene donde descansar, escucha conversaciones somníferas, unos estudiantes hablan de democracia y de Platón, el nombre sólo le da risa y lo despierta, otros hablan de futbol, y los más encendidos al parecer hablan de las virtudes de esos candidatos, nadie habla de dinero piensa, es lo que falta, de repente escucha ofensas y no entiende la razón, al parecer no se dan cuenta que van en el mismo triste camión hacia el mismo triste destino, no entiende, siguen habiendo elecciones y las facturas de agua siguen sin pagarse, solo se ha trabajado para comer, para resistir, para conseguir ese número, trescientos,  trescientos, trescientos, no se conseguirán solos, sin él, confían en él para lograrlo, es parte fundamental del sistema, no puede fallar, aunque los demás se orinen encima, Aquiles no falla, esa es su elección diaria, sobrevivir, restaurarse. Al diablo ¿votar? no, esos farsantes ni los representan ni son su esperanza, ellos con acceso al agua 24 horas no pueden hablar por él, nunca, Aquiles se siente un filósofo, como el mencionado Platón, se enorgullece, dice ser su propio Dios, repite una frase que vio en una revista de béisbol que memorizo «si dejo de creer podría venirme abajo, perder el ritmo, regalar bases a los bateadores, joder, si, tenía dudas, pero las reprimía, ya era bastante dura la vida de un pitcher para que encima tuviera que perder la fe en dios», Aquiles cree en él, él elige el lanzamiento ganador.

Pablo Jara.

*Ilustración: Aquileo en una vasija, derrotado por una flecha en su talón.

La razón. Miguel González.

Mi argumento vuela  y choca contra mi interlocutor, que cree tener la razón, él se encuentra enfrente de mi en esta mesa de cristal, piensa que su aseveración es correcta, pero yo sé que la mía es mejor, porque yo siempre tengo la razón, mi moral me hace superior, a final de cuentas mi argumento se basa en lo que mucha gente ha creído por siglos, es la creencia común, es por lo que me levanto cada día para ir a trabajar y es lo que le da sentido a mi vida, nadie puede venir a decirme que estoy equivocado ¿Que mi religión se basa en mentiras?, me rio de sus argumentos, el mundo no puede estar equivocado, así que su argumento es basura, así de fácil, no tengo porque desgastar mis palabras, si sigue fastidiando de la misma forma voy a empezar a ponerme agresivo, a final de cuentas quien es el para joderme, yo soy mayor, él es solo un joven que no sabe nada de la vida. Pasan los minutos, y empieza a ofender a mi credo con más argumentos estúpidos, eso no lo puedo tolerar, me levando de mi silla y empiezo a manotear y a gritar, noto que mi saliva sale de mi boca, cruza la mesa y va a caer en su cara, me da cierta satisfacción esto, pobre iluso, con esto seguro el se va a terminar callando y cediendo ante lo más obvio, y efectivamente, él se quedó callado, con cara de estúpido como lo que es, mi mente solo piensa, el que calla otorga, entonces tomo mis cosas, salgo del comedor, mi salida es triunfal como lo esperaba.

Miguel González.

*Ilustración: STAŃCZYK, Jan Matejko (1838-1893).

Vivaldi, Carpentier y yo. Víctor Ávila.

Alejo Carpentier desde 1974 me adornaba un concierto barroco de Vivaldi de 1733. Acabada la novela fui a oír la ópera que se menciona, se llamaba Motezuma, era un drama de tres actos, la cual, en la novela, el criollo reprobó por falta de veracidad.

En somnoliento parpadeo la pomposa obra musical ya casi terminaba, cuando en el tercer acto, un notorio y popular violín me despertó de un sobresalto, atento me hundí en lo que parecía ser La primavera, justo el primer allegro de las cuatro estaciones, sin embargo, acá en Motezuma era tal el parecido que dudé si seguí en ese drama, y era cierto, seguía ahí, pero en esta ópera era un coro, era el canto de un guerrero el que repetía la famosa armonía. Para que no hubiera duda, volví a escuchar esa parte y lo comprobé, oh vaya, esto me hizo sentir alegre. ¡Entusiasmado la señalé, me reí de su variante, me sentí dichoso de escuchar como Vivaldi se reescribía, se corregía, podría decirse que se plagiaba a sí mismo! Él tenía este canto alegre para sí mismo, el cual siempre volvía a sus obras; era su pequeño retorno, su ritornello que saltaba entre obras y piezas. Que hermosa era la composición.

Les comparto primero el extracto de Motezuma, el tercer acto justo en el coro.

Ahora, la célebre primavera.

Arrebatado, como me imagino que también han de estar ustedes, decidí investigar un poco más, ver qué opinión tenían los amantes de la música ante tal composición, pero, ¡oh desdicha! aquí acaba la ensoñación amigos, aquí es donde el capricho, por querer llegar al fondo de las cosas, corrompe el buen espíritu del hombre que descubre algo y que debió quedarse ahí sin más ni menos. Quedarse con esa dicha, ser alegre y conformarse, pero no, damas y caballeros, no pude quedarme ahí y tuve que indagar.

He aquí lo que encontré, una versión bastante diferente del canto del guerrero:

Aturdido y molesto, como el criollo de la novela ante tal bochorno de que la verdad florezca, busqué porque era tal la diferencia entre la misma composición, siendo la misma obra, y pronto tropecé con esta noticia:

Motezuma se estrenó en Venecia en el Teatro Sant’Angelo, el 14 de noviembre de 1733. A partir de este momento, la ópera se dio por desaparecida. No fue hasta 2002 en que se redescubre la partitura, incompleta, de Motezuma en un archivo berlinés secuestrado por el ejército ruso durante la Segunda Guerra Mundial. Alessandro Ciccolini completó los recitativos faltantes. El 10 de diciembre de 2006 se reestrenó en Heidelberg, Alemania, en el Castillo de Schwetzingen.

(Fuente: http://www.kareol.es/obras/moctezuma/moctezuma.htm).

La primera versión, que yo escuché, es del director Jean Claude Malgoire, del año 1992. La otra versión es del director Alan Curtis, del año 2005. Ambas versiones son variables o invenciones ante la música perdida, quizá podría decirse que son aproximaciones de lo que pudo haber sido una composición de Vivaldi, pero no lo es, no es la escritura de Vivaldi la que se repitió a si misma, por tal razón estos compositores, o arreglistas, se les hizo más fácil discernir sobre ese primer allegro como el canto de victoria de un guerrero. Esto fue una verdadera decepción. Mi alegría y mi sonrisa se desvanecieron al instante.   

Irónicamente, el personaje criollo de Alejo Carpentier que le desacreditó a Antonio Vivaldi el libreto de Motezuma por ridículamente fantástico y falso, se ha vuelto tan empático para mí en toda esta desgracia, que ahora yo siento esa rabia, y aún más, soy yo el que desacredita a Jean Claude Malgoire, y a su orquesta, de que su interpretación fuera tan burlesca, artificiosa y, sobre todo, tan ilusoria que nada más vino a emocionarnos a los que amamos la reescritura, a los que cortejamos con la reinvención y que en mala hora vino a arruinar esos encuentro asombrosos, que casualmente se dan, cada doscientos cincuenta años.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: Musicos barrocos florencianos pintados por otro florenciano, eso supongo. Sí alguien sabe el pintor: digalo.

Apuntes sobre un doctorado I. Víctor Ávila.

Apretadas las lecturas, con ganas de que no sean hojas, sino ramas que aguanten el peso de los ojos.

Se sabe bien que los oídos sobran, por ahora, al menos hasta que se ocupen cuando nos veamos los rostros felices de venir, de estar y de hablar.

Los compañeros vienen a dar lo que acariciaron, sus tentativas sobre un entender, y bondadosos, los bebemos, los fumamos, los cantamos y los contradecimos.

Así de simple como afirmar, con la cabeza, lo que sí, o bien, negarlo hasta que se nos sale esa voz que interrumpe otros gritos.

En esas ocasiones se les exige callar el hocico que ladra y aúlla cuando la noche ya está adelantada.

Víctor Hugo Ávila Velázquez

*Ilustración: Rembrandt Harmensz. Van Rijn. Heads of orientals. 1635.

El hombre en llamas. Pablo Jara.

Este mundo siempre fue, es y será fuego eternamente vivo.

-Heráclito

El tragafuegos debe de comer fuego, incluso si tiene que incendiarse a sí mismo.

-Isaac Asimov

Se debería renacer en el fuego, encontrar la semilla en la ceniza, abrazarse al viento y arrasar con lo creado, atizar el fuego para resurgir, para resucitar, para ser. Observar las llamas sin advertir destrucción, ya que a pesar de ello el fuego es unión, es engendrar el equilibrio en el caos, el choque constante de opuestos, la realidad a la que nos sometemos y entregamos. El yo que creamos.

Pablo Jara.

*Ilustración: El hombre en llamas. José Clemente Orozco.

Cecilia… Pablo Jara.

Dejemos todo en claro, no nos gustaba ese mundo, un día desperté y no lo vi más, las huellas en tus manos señalaban el inicio del fuego, arrasaste con todo, quemaste las naves para adentrarnos a lo desconocido, ya sin vuelta atrás.

Miles de días en los que a ciegas te sigo, en tus manos tengo lo justo y lo preciso, en ellas me sostengo,  a su creación y su destrucción.

Pablo Jara.

*Ilustración: In the garden. 1885. Autor?

El mito es la palabra. Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Andábamos por ahí, como animales, y en cierto momento, se nos ha dado la razón: la razón de ser. ¿Quién nos la ha dado? Ahí mismo nos vemos entre nosotros y con esta pregunta nos encogemos de hombros; reconocemos que no somos capaces de crearnos a nosotros mismo, mucho menos a nuestra razón y a la razón de nuestra existencia. Entonces, ya que se nos ha dado ¿qué hacemos con ella? Nos volvemos a mirar unos a otros avergonzados. Hay quienes se les ocurre que sigamos haciendo lo que ya hacíamos: andar, bien, eso está bien, pero a otros pocos se les ocurre contemplar, imaginar y crear: pensar. Adelante pues, vámonos yendo que ya fuimos prehistoria y avanza rápido la historia.

Con esos movimientos, el mito se hace presente entre nosotros, fue por medio del lenguaje, ¡oh, los cantos, los poemas y los cuentos! El fuego ilumina la cueva y sus pinturas, oramos por la caza del día siguiente, por el bien común, y es que, o somos nosotros o son esas bestias. Entonces somos nosotros. Es nuestra vida y es nuestra muerte. Ya bien lo sabemos, nos han contado lo que pasa con el hambre, lo que pasa sin el fuego, lo que pasa sin la ropa o lo que pasa si andamos solos por ahí sin otros hombres y otras mujeres. Nos necesitamos para seguir existiendo, por eso seguimos juntos por el pasado que nos cuentan. Tenemos que volver a contarnos una y otra vez las experiencias de nuestros antecesores, para nunca olvidar su existencia y su aprendizaje. ¡Oh, los cantos, oh, los poemas, oh, los cuentos!

Cantemos una y otra vez, con ese lenguaje tan propio de los virtuosos, lo que se manifiesta desde antes del origen hasta nuestros días, del tiempo fuera del tiempo. Algunos lo llamarán, a este uso del lenguaje, falacias, dogmas, embustes, mentiras, bien puedo seguir pero aquí me detengo para decirles que se llaman Mitos. El mito es aquello que ocurre en lo sagrado, y lo que en este momento nos importa es la creación de nosotros, y ¿Por qué a través del mito? porque la trascendencia de su mensaje está en aquellos símbolos que no se podrían tratar de otra forma, y esto lo hacemos y nos nace en la naturalidad de nuestra existencia, y es también en su misma incomprensión que nos da algo más, ese algo sagrado. También se nos permite, con los textos míticos, acercarnos a ese plano hermoso de sabiduría ancestral. Es lo que heredamos como especie y sería un mal ignorarlos o rechazarlos por cualquier motivo.

Abrazamos a los mitos ya que en ellos buscamos el principio explicativo de lo real. Así como también el orden donde hubo caos, o del cómo vivir en empatía y armonía, y todo a través de las palabras, así pues, las cosmogonías y las teogonías son significativas para la existencia de los hombres. Los mitos no quieren decir que estén fuera de la razón, y es que esa es una razón, una de tantas, o un razonamiento tan capaz que logramos de forma natural. Dictar o comparar mitología con o contra la razón, es una vulgaridad, es una estupidez, esto va más allá. No se trata de eso. Son cosas tan incomparables que en cualquier caso se llegan a apoyar una a la otra, armonías que van de la mano. El mito es la palabra que alimenta el qué de nuestra existencia.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: Escena del pozo en Lascaux. (En ella un hombre yaciente con cabeza de pájaro, junto a un bastón coronado con una figura también de pájaro. Frente a él un bisonte malherido por unas lanzas, en actitud de cornear o haber corneado al hombre-pájaro y al que se le escapan del vientre los intestinos.).

Es esto que nace. Pablo Jara.

¿Qué es este universo infinito de cuyo principio y final no sé absolutamente nada?

¿y que es mi vida en este universo infinito?¿y cómo debo vivirla?

sólo la fe responde a estas preguntas.

Lev Tolstoi.

El uso de la razón produce monstruos.

Francisco de Goya y Lucientes.

En cada revolución, en las entrañas de su ascenso también se ha encontrado el presagio de su caída, civilizaciones han desaparecido, imperios han caído, y es lógico, la revolución debe ser constante, avanzando, acabando con las  épocas, y es que se habla de la primer revolución, la razón, esa supuesta superioridad del sapiens, esa que tantos logros nos ha traído como especie, revolución antes que evolución, y sin embargo nacimos en el desamparo, la razón nos llevó a los mitos, nos abrazó a ellos, nos ató a la duda.

No es tan complicado imaginar a los primeros hombres tratando de explicar su existencia, nada a que ampararse, temerosos de la vida, días grises bajo cielos azules, miedo al cerrar los ojos por las noches, inertes ante lo inexplicable de su alrededor ante esa naturaleza tan irracional. Tal vez lo complicado es imaginar cómo es que llegó esa primer pregunta, ¿que soy?, y de ahí miles más, tratar de aferrarse a algo, de explicar su ascenso y supremacía sobre las demás especies, hombres diminutos acabando con bestias, peleando a muerte para vivir, siendo los elegidos, dominaron el miedo, lo sometieron a dioses.

Tantas veces el miedo ha sacado adelante al hombre, y sin embargo se ha sometido a ideas absurdas con tal de vencerlo, y sin embargo nos unimos por miedo, jugamos con el miedo, nos jodemos por miedo,  nos toleramos por miedo, y así mi religión me explica y me justifica,  me aleja de todo males, solo tengo que cerrar los ojos y creer porque la razón no me sirve ante mi dios, desde el primer hombre supuestamente racional, hasta estos días seguimos aferrándonos a lo desconocido, al chismorreo divino, cuando creemos conocer más, más miedo nos da lo desconocido, ya la historia lo ha demostrado, la razón ha sido oscuridad, dos más dos ha resultado en cinco, no importa lo racional, no importan las creencias, no importan las respuestas, las preguntas son las que en verdad nos sostienen, hemos creado divinidades de ellas, nos hemos creado, al nacer vemos la visión final de la nuestra caída, como los grandes imperios, la duda es mi dios porque preguntarse es filosofar y filosofar es aprender a morir.

Pablo Jara.

*Ilustración: El sueño de la razón produce monstruos, grabado n. 43 de Los Caprichos (1797-1799).

La evolución de la creencia. Miguel González.  

Cuando somos niños nuestros padres nos pasan sus valores, sus inseguridades, sus miedos, sus hábitos, sus formas de pensar y de ver la vida, es algo normal, el convivir con la familia te hace pensar de una manera conjunta, lo que le desagrada al padre en su mayoría le va a desagradar a sus hijos, si al papa o a la mama no le cae bien alguna persona en consecuencia los hijos lo van a ver a mal. Cuando los niños crecen van enfrentando esas formas de pensar, la mayoría de ellas se quedan y forman la personalidad. Muchos de los valores los papas dejan que la iglesia se los enseñe a sus hijos. Cuando éramos niños teníamos ciertas reglas que no podíamos cruzar, en mi caso fui educado con la religión católica, no podíamos hablar sobre Dios de forma irrespetuosa, no podíamos jurar en nombre de él, teníamos que ir todos los domingos a misa, realizar los sacramentos a cierta edad. En algún momento me empecé a cuestionar todo esto, veía a la gente en misa que repetía lo mismo cada domingo sin siquiera entender lo que decían las lecturas de la iglesia o la enseñanza que trataba de dejar Jesús, después con el pasar de los años leyendo diversos libros, ves todo el desarrollo del catolicismo, toda la influencia que ha tenido en países, reinos e imperios, es el común denominador en todo. Como es que una religión que tiene ríos de sangre, muerte, conquistas, usando la palabra de Dios como estandarte se convirtió en un monstruo moral en el que nadie duda, y nos hace estar cegados a tal punto de que nadie se da cuenta de muchas cosas obvias.

Los mitos de la creación de varias civilizaciones tienen coincidencias muy grandes, que después van desarrollando de acuerdo a su posición geográfica y al desarrollo de su civilización, tienen su propia literatura colocando varias historias similares entre ellas, como el diluvio y la existencia de gigantes, hay que entender que los mitos, mientras la escritura no existía, fueron pasando de generación en generación, y como pasa en el juego del teléfono descompuesto, tienden a salirse del contexto y a ser inverosímiles que después se transforman en buenas historias literarias con moralejas. Podemos verlo en el génesis de la biblia en la historia de José y sus hermanos, desde que lo venden como esclavo, hasta cuando él se convierte en la mano derecha del faraón y les da una lección a sus hermanos, quitando lo religioso, se crea muy buena literatura. Ahora una cosa que se puede leer entrelineas en el génesis hebreo: justificar el territorio donde está asentado el pueblo hebreo.  Así como las guerras que se tuvieron y otros pasajes que se considerarían inmorales en el tiempo actual, claro todo es justificado en nombre de Dios. Sabemos que la biblia ha pasado por muchas manos y modificaciones, se han quitado varias lecturas para no contradecir lo que predican. Quien tomó esta religión como arma para unificar su territorio y al pueblo, fue el rey Josías del reino de Israel (si quieren leer más sobre esta historia vayan al libro “La historia contada para escépticos Cap. 12”), el utilizó mitos, leyendas y epopeyas, para justificar sus ambiciones territoriales. También podemos ver algo similar en otros mitos de la creación, si nos vamos a la teología Mexica podemos ver que en su expansión y conquista del centro de México cada vez que conquistaban colocaban un altar a su Dios, justificando su conquista y su adquisición territorial, en el mito de la creación helénica podemos ver algo parecido, en el libro de Teogonía en la parte del prólogo escrita por José Manuel Villalaz se menciona que la lucha entre los dioses es el reflejo de la lucha entre varias tribus, donde los dioses de los ganadores se fusionaban con los dioses de los vencidos, por lo cual los dioses y las tradiciones de las tribus se unían y compartían. En la religión católica podemos ver mezclas de conquistadores y conquistados, un claro ejemplo es la Virgen de Guadalupe que fue usada para evangelizar a las culturas asentadas en América.  

Al leer los mitos de la creación de varias civilizaciones podemos distinguir ciertos puntos en común, podemos llegar a la conjetura que en primer lugar se usaban para unificar los pueblos, cuando todos tienen la misma creencia es más fácil que su moralidad vaya enfocada hacia el mismo objetivo colectivo y pueda crear esa armonía entre la población además de tener un control sobre la sociedad con reglas morales, en segundo lugar podemos ver que los lideres o gobernantes de aquellas civilizaciones usaron como justificación el nombre de su Dios para apropiarse de otros pueblos y expandir su territorios, y en tercera podemos ver que varios imperios la utilizaron como forma de control para sus conquistas.

Cuando me cuestioné mis creencias e investigué en libros de historia, entendí que vivía en una contradicción en muchos aspectos de mi vida, tuve que quitarme el sesgo para entender de cierta manera como mis pensamientos eran controlados por las ideas de otras personas, es fácil dejarse llevar, ya que si a una persona le va bien con sus creencias, todos quieren replicar lo mismo haciendo la misma fórmula, sin tener que esforzarse. Sin embargo, hay muchas trampas en esa forma de pensar, y ahí la religión hace su trabajo: crear un objetivo colectivo para tener el control de la gente, y esto a muchas personas les conviene, pero las personas no quieren quitarse sus propios sesgos y prefiere vivir en ignorancia y sufrimiento toda la vida, por miedo a castigos divinos, es importante cuestionarse cada aspecto de nuestra línea de pensamiento, para así poder generar nuestro propio criterio y no dejarse influir por el pensamiento determinista de alguien más.

Miguel González.

*Ilustración: Jheronimus Bosch. Death and the Miser.