El trapecista. Víctor Ávila.

La suerte había vaticinado al desamparo hace unos días, y ahora, en la desolación y el atardecer, los animales vienen con sus miradas apenadas.

El padre y su desaliento, el temblor que lo hace sudar, no despinta su maquillaje: la culpa y la languidez son disimulos breves.

El niño ha caído desde arriba, desde su cuerda floja.

La madre quedó suspendida hasta volverse un bosquejo por siempre. No habrá consuelo y no buscará más culpable que ella misma.

Los curiosos que viene a lamentar la tragedia, no son causa de desvelos, la empatía no roza con nadie. Ni para qué.

La sangre del niño, herido de muerte, seguirá brotando.

Ciento cuarenta y tres años pasaron, la angustia se apodera de mi al ver este cuadro de Doré. Siento un vértigo por no acabar de caer nunca. Por no acabar de morir.

El acoso del tiempo oprimiendo tu corazón.

El recuerdo y el perdón.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* Gustave Doré, Les saltimbanques – 1874

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“La muerte niña”

Litografía. La muerte niña. Abril 2015

Litografía.”La muerte niña” por Cecilia Ávila Velázquez. Abril 2015.

Mujer no te lleves a mis hijas cuando aún viva. Déjamelas ahora y quizás si me das señales de tu capricho, yo decida darte una tregua…

Mujer déjame a mis hijas ahora. Ya tengo la desventaja de no verlas ancianas y eso me rompe el alma, por eso te ofrezco ese sufrimiento mío, aléjate lo más que puedas y déjalas tranquilas…

Mujer, sé que llegará la hora, te he dado velas en muertes ajenas, por eso te pido de nuevo, que les arrulles con suave voz, cobíjalas en lindas telas y hazlas reír, que no me vean sufrir y así, lenta y amorosamente, cárgalas y ve a tu destino…

Cecilia Ávila Velázquez.