Y entonces. Cecilia Ávila.

Y vuelven todos nuestros amantes

y ahora te entiendo

cierras los ojos

y besas sus dedos

besan mi cuello

sudor y calor.

 

Cecilia Ávila Velázquez.

*Hermafrodito durmiendo. Gian Lorenzo Bernini.

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La creación. Víctor Ávila

Guardarme en tu vientre

es lo más sereno

que puedo ser.

 

A Melina Aldana.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* John Everett Millais. The Ornithologist.

La sordomuda. Víctor Ávila.

La niña con una bolsa de dulces, notó, que todas las personas, pávidas y acobardadas, miraban un cielo común. La voz de un Dios los amenazaba, ella no podía oír el mensaje apocalíptico, se asustó y entonces gritó antes de caer al abismo, en donde los condenados iban a parar.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* Matthias Grünewald. 1520. Kopf eines schreienden.

** Cuento publicado en el libro: Retratos en marco de piedra en el 2010.

Amantes en la cocina. Víctor Ávila.

Con extrañeza

lo besaba en la cocina

¡Qué cruel me sabía;

a pescado y a saliva!

 

Al intuir el engaño

en la cara lo abofeteé

y hasta entonces puede ver

unas escamas  de sus labios caer.

 

Al ver al aturdido pez,

al que atarantaba mi amado

con su pesada mano,

mi disculpa en breve se escuchó:

 

¡perdóname querido,

me supiste

a otro cocido!

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* Sebastian Münster’s 16th-century chart of sea monsters.

 

Dos claveles, seis rosas blancas y ocho gerberas  

Desde allá, hasta acá.

Buenos Relatos

VÍCTOR HUGO ÁVILA VELÁZQUEZ

La niña lloraba con fuerza sobre la espalda de su padre, envuelta en una manta gris que evitaba que se cayera al piso y tener que cargarla en brazos también.

El padre desfilaba de calle en calle ofreciendo un absurdo surtido de flores: dos claveles, seis rosas blancas y ocho gerberas. La niña continuaba con su llanto. Consiguieron vender los dos claveles y una rosa blanca a una señora que miraba con sentimentalismo a la niña que no paraba de lamentarse.

Mientras el padre compraba agua y un pan, la niña cesó su llanto; miraba con ojos cristalizados el dinero que el padre le daba a un hombre y esté miraba la mucosidad arriba del labio superior de ella.

Sobre una banqueta el padre puso a la niña y a la cubeta con flores, se sentó a tomar el desayuno; partió el pan en dos, intencionalmente…

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Envidia I. Melina Aldana

El apego, es mi pesar, vivir mis sueños me ha enemistado con los que me rodean, la envidia es un sentimiento natural imposible direccionar que nos muestra que tan inferiores nos sentimos, he intentado repeler éstos actos, las palabras hirientes, la sátira planificada, pero en el segundo respiro me estalla el corazón y duele. Aún me siento humana y por lo tanto conservo las esperanzas.

Es difícil guardar distancia, no sé si lo justifico con lo cuantificable del tiempo o finalmente es mi  temor a la transcendencia.

 

Melina Alejandra González Aldana

*Lithographie d’après Louis Boulanger.