Una pintura. Fernando Escobar.

La vida claro-oscuro y acuarela,

árbol, amor, madre y mujer, bóvedas

azules, feroces insectos, ruidos de

maquinas,

cumbialternativacusticansestral,

hombres, dioses con caras de niños,

sepulcros profundos grises y de concreto,

mármol y lágrimas, flores y lágrimas,

secuencia absoluta, eterna, disposición,

acoplamiento, la vida claro-oscuro y acuarela.

.

Fernando Escobar G.

Ilustración: Michele Poirier Mozzone.

Disonancia. Miguel González.

El frio de la noche me pega en la cara, también está dentro de mí, destruye mi calidez, al final del camino veo una luz tenue, pudiera ser mi salvación o mi fin, no lo sé, para llegar a este punto seria algo revitalizador, me daría energía y sentido a mi vida. He pasado por varias tormentas y pasado por muchas cosas en mi camino, y no parece que esto termine, nunca termina. Cada vez que paso algún infortunio en el camino mi miedo toma control de la situación y todo se vuelve un desastre, la desconfianza de mis habilidades me vuelve un muerto, la atmósfera a mi alrededor se torna gris y sin sentido, la desesperanza toma control, mi energía va menguando, y me va destrozando por dentro como un parasito, alimentándose de mí. Al principio podía lidiar con las aventuras hasta se me hacían excitantes, pero llegue a ese bosque frondoso, lleno de pinos, lleno de oscuridad y me fue consumiendo con cada paso que daba, cada vez que encontraba el sendero, volvía a perderlo, no me concentraba en lo más mínimo, cada día perdido en ese bosque mis hombros se sentían mas pesados, mi cabeza se empezó a llenar de estrés por que no podía descifrar el bosque, no entendía, estaba bloqueado, hubo momentos que lloraba y me arrastraba rogándole a los arboles que me dejaran salir, cada día volteaba hacia el cielo en búsqueda de respuestas sin encontrar nada, mi mente empezaba a jugarme sucio, las puertas falsas se hacían más nítidas con la desesperación, hasta que un día vi una luz a lo lejos, me aferre a ésta, no sé si fue mi imaginación o realmente estaba ahí, no se si pasaron horas y días hasta llegar al final, por fin pude salir de mi mismo, del bosque, no entiendo aun el camino del todo, ese bosque me quitó mi energía y mi paciencia, todo se consumió dentro de mí, mi ambición me pedía buscar un lugar cómodo donde descansar, donde dormir, donde recargarme de energía. Llegué a ese lugar donde estaban cimentados muros a media altura, había escuchado hablar de él, la leyenda decía que me iba a purificar el alma, que me iba a ayudar en el camino, sin embargo no sentí nada, culpe al bosque porque me quito las emociones, me sentí decepcionado de mí, seguí hacia delante, hacia la nada, hacia lo salvaje, sentía la disonancia dentro de mí, la decepción fue creciendo apoderándose como cáncer dentro de mí, sin embargo había algo dentro de mi que no se rendía que me hacía mirar hacia el frente, no fue la esperanza, no fue un ser superior, fue mi yo, el que estaba encerrado en mi pecho, el que siempre esta reprimido, el que no puede salir, en el que no confías hasta que no tienes opción, entonces el te aconseja y toma esa decisión que tu no te atreves, y pone las cosas claras, tu cobardía toma ese papel importante, y empieza a tomar las decisiones mas valientes que puedes pensar, el camino es largo aun, el bosque solo fue algo que movió muchas cosas dentro de ti y la disonancia aún seguía dentro de mí.

Miguel González.

Ilustración: Vasily Shulzhenko. 1949. Attack of the Titans.

Gotas. Cecilia Ávila.

Sólo la muerte que ya ha estado rondando tu vida, gloriosa y maravillosa, puede hacer terminar tu dolor de esa vida que te sobrepasa.

Esa palabra la entiendo ahora yo sola. Donde no tolera la mentira. Ya no quiero mentirme más.

No soy suficiente, no soy importante y por más sanaciones que me ponga no lograré el cometido de vivir confiada en la realidad.

No tengo equipo alguno más que la miseria de vivir creyendo que el bien existió alguna vez.

Mentir es un cuchillito sin filo.

¡Pero insiste!

Verás lo que pasa.

Como la gota constante en la cabeza del preso inmóvil. Es un dolor continuo. Casi sientes que te salvas, pero sabes que te termina perforando el cerebro. La muerte a cuenta gotas.

Cecilia Ávila Velázquez.

*Ilustración: HENRI PRIVAT LIVEMONT. LA OLA. 1897.

Ideas arrinconadas en la noche #86. Pablo Jara.

Enajenados, se juntan, van unidos, como piezas de dominio se alinean para su caída, solo llevan esos lindos uniformes de gala para morir.

Pablo Jara.

*Ilustración: Frederic Remington. The Mier Expedition; The Drawing of the Black Bean 1896.

La tristeza tiene ritmo. Víctor Ávila.

Me detengo hurgando las tristezas

bajo a tus lágrimas mientras farfullas

cierro mi boca, tú cierras los ojos.

.

Alcanzaste el pesimismo,

hablas de conveniencias,

alargo mi jadeo, el tuyo enmudece.

.

Noche trágica de apretadas penas

-hay cerezas en pleno sol de invierno-

la soledad y tú parecen ser inseparables.

.

Te haré parar, detente,

es viento la risa en el suelo

has marcado un paso diferente.

.

Lento, todo ritmo sale de tiempo

tiempo, tiempo, tiempo

y no te callas.

Víctor Hugo Ávila Velázquez

*Ilustración: CARL HAAG: A NUBIAN HARPER. 1858.

Siesta del insomnio. Pablo Jara.

Para que son las normas sino para doblarlas, para que son las reglas sino para doblegarlas, a que batalla crees llegar si no te vencerás más que a ti mismo, aun así te juzgas con sus ojos y te sientes en su delirio, el resultado es que cualquier día estallarás, sabes que es verdad, morirás en ti, en mí, en las entrañas, obseso, e impaciente, con ese insulso sabor a  dolor, incisivo recuerdo de ese olor, ojos invasivos llenos de esperanza, derruimos ciudades y planeamos invasiones, caímos en la barbarie y subsistimos a los subsistemas del futuro en el presente, caníbales humanizados, transhumantes y de mutantes, derivados de las noches caímos a estos días, concluí que esta libertad no me encaja, no soy de esa clase de seres libres, y aunque bailo caigo en la lenta arritmia de mi caos, de mis pies caminados, con palizas y pasos, pausas con prisa, respiro y me agito, abro los ojos y la ceguera es negra, caigo para no levantarme, me adapto al suelo que algún día volaré, no por esperanza, solo por esperar, y ya que al parecer el sueño es aterrador y como no creo en infiernos menos en paraísos, juego a perder, para tener esa libertad de romper esa maldita regla, pensar en el lodo, escribir desde la incomodidad, desde la desnudez del que escribe como vive, tropezando en su propio caos.

Pablo Jara

*Ilustración: Libertad. Juan Blanco. 1945-1988.