El esclavo, su ama y su blues. Víctor Ávila.

A Jaime Huerta Salazar y Eduardo Ávila Robles

 

El sol naranja está avivando las cosechas amarillas de trigo, todo el campo contrasta en ese ambiente ámbar. Un negro camina, sudando, brillando, y ahora que va a su morada suspira con la garganta seca.

Su guitarra sucia está parada sobre la base, descansando en la misma esquina cochambrosa de siempre, la esquina que no le ha importado limpiar. Un viento caliente que proviene de la puerta, ahora que el negro entra, empuja la quinta cuerda emitiendo un La, es como si el aire la invitara a acompañarla en ese andar por la colonia donde pertenece, a ese matrimonio, a su ama, en su condición de esclavo a la que sirve en la hacienda.

Toma su guitarra y comienza un blues en La. El negro rasga las cuerdas con sus dedos oscuros por su piel y por el trabajo. Cambia el acorde a Re, él siente cómo la canción eleva su espíritu, lo llena de gozo pues el sufrimiento de las notas tristes alimenta su melancolía con la que carga día tras día. Regresa a La, su mano izquierda hace una armonía sobre el acorde. Pasa a Mi. Luego a Re, y vuelve a empezar en La, ahora con un tarareo, el tararear de sus labios rollizos quieren masticar una letra confusa, dudosa, quieren decir algo y sólo sale un “Inalcanzable…inalcanzable”. Pasa a Re, piensa en algo más pero le pesa lo que acaba de cantar, para en seco y se oye el silencio, un silencio sincopado.

El negro regresa la guitarra a la esquina cochambrosa. Se acerca a la ventana de madera para mirar la hacienda y desde ahí ve a su ama que lee, sentada en el pórtico, el negro quisiera que leyera para él.

El viento juega con el cabello de su ama pero no corrompe su postura, el negro espera a que ese aire regrese hacia él; trayendo consigo el dulce olor a vainilla que robó de su melena.

El negro vuelve a tomar la guitarra sucia de la esquina cochambrosa.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* William Merritt Chase. A Study (The Artist’s Wife).

** Cuento publicado en el libro: Retratos en marco de piedra en el 2010.

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Encuentro con las hormigas. Víctor Ávila.

Vimos unas hormigas con alas,

eran grandes, rojas

y estaban mojadas.

Es la lluvia quien las trajo.

Mi hija las ve encumbrar

mis manos.

Toda la lluvia sobre ellas.

Toda la lluvia

sobre los hombros

de mi hija.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* John Constable – Weymouth Bay. 1816.

El olvido también es daga. Víctor Ávila.

Es bailar sin roces, sin la palma sobre la espalda, sin el beso a la nuca o sin la frente sobre el hombro. Es retorcer la música de los árboles para que los frutos sigan cayendo. Insistirlos para olvidarlos; ese es el otro filo que, como el hambre, no se puede disimular.

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* The Dance, 1988. Paula Rego.