Genealogía. Cecilia Ávila.

Mujeres de sangre eternas

Amor perdido y borroso

Orgullo o dignidad

Seremos pronunciadas

Como lo más viejo de una historia genealógica

Confórtate

También la sangre se seca

Como las ramas de nuestro árbol.

 

Cecilia Ávila Velázquez

* BL King’s 395, Genealogical Chronicle of the Kings of England London, c. 1511, with additions before 1553.

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Con la multitud enfurecida. Víctor Ávila.

Cuando acaricias mis besos

me gusta alejarme con la multitud furiosa

para dejarte sola, y solitaria,

puedas garabatear debajo de la cama

donde mi gato ha seguido el rastro de tu tinta

y se ha manchado la nariz

no de tinta: de sangre, sangre de tu vagina

gato en celo, he sentido celos

ahora está contigo, ronroneando, escondidos

y yo, con la multitud enfurecida.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* Sandro Botticelli. La historia de Nastagio degli Onesti III.

La jaula de terciopelo. Melina Aldana.

Construí un refugio aterciopelado de soledad ante previo ataque tiránico sin razón proveniente de los que se creen leerme como la palma de su mano. Hoy mi conciencia está limpia. Se te ha ocurrido que últimamente hay más días malos que buenos, y sabes que hay luchas que pelear y otras que no, intangibles enemigos a los que no puedes ni tocar. Conforta ver la vida transparente real, visceral, viva… saber que el tiempo da treguas de paz y que los ciclos siempre cierran, saber que la tristeza y los fracasos vienen de visita dejando semillas que alimentarán a otros de ellos. Por hoy solo los abrazos de mi abuela podrán darme algo de paz.

 

Melina Alejandra González Aldana

* Boy with Bird, Peter Paul Rubens. 1616

Mejor callar. Anónimo.

¿En qué momento uno aprende a pensar antes de hablar…? Sí todo ser humano se distingue de los demás seres vivos por su razonamiento ¿Por qué muchas de las veces no pensamos que lo que decimos no es correcto…? Será que somos más instintivos que los mismos animales. ¿Cómo saber en qué momento quedarse callado para evitar herir o cometer un error al hablar…? ¿Se habla de más o simplemente no razonamos? Quisiera ser más razonable y menos impulsiva. Ahora entiendo eso de “es mejor callar” cuando un mal sentimiento ciega nuestra razón.

 

Anónimo.

* Sunset on Mount Diablo, 1877. William Keith.

Un charco de lluvia. Víctor Ávila.

Las nubes se alejaban del sol, huían, cargadas de agua se marchaban más allá del cerro, mientras el sol dejaba visualizar la humedad del pasto y comenzaba a brillar un arcoíris policromático, a los ojos del niño, que no dejaba de mascar la pequeña hebrita de raíz que encontró.

El niño se marchó saltando entre los charcos que reflejaban su cuerpo distorsionado en el campo. A la orilla de una pila de agua había otro charco y en él una niña que se miraba en el reflejo.

El niño se acercó y veía que el charco era poco común, era como un espejo de color amarillento, obscuro, que reflejaba la ausencia de la luz del día. En el reflejo, el rostro del niño, era el de una adolescente con la cara sucia que se tocaba repetidamente la oreja. En el reflejo de la niña se veía una señora mostrando los senos, riendo a carcajadas, como su madre.

La niña se alejó del charco, se desnudó, saltó a la pila de agua y nadó. El niño la imitó, se desnudó y saltó en la pila, salpicando al charco amarillento, y así difuminaron el incongruente reflejo que mostraban las ondas de agua seguidas de ondas más claras.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Melanie and Me Swimming. 1978 Michael Andrews (British,1928–1995).

**Cuento publicado en el libro: Retratos en marco de piedra en el 2010.

Call me by your name. Luca Guadagnino. Víctor Ávila.

El domingo fue el festejo de mi madre por su próximo cumpleaños y entre la verbena, la nostalgia y el mole, mi amor por mi madre me hacía sollozar y pronto lloraba con disimulo, al fin y al cabo, suponía que sería el único momento del día en que lo haría. Así que a la melancolía la disfruté con una copa en la mano y en la otra una tortilla.

Al finalizar la velada, me despedía enjugando mis lágrimas sobre el hombro de mi madre mientras ella sólo miraba su mantel sucio, un mantel manchado de malbec, de cebolla, de arroz y de mole, entonces, les comenté a los últimos invitados que iríamos mi esposa y yo al cine, veríamos Call me by your name. Todos evitaron verme y hasta unos bostezaron, a nadie le importaba acompañarnos, pues al parecer ya estaban un tanto fastidiados de mi alegría pedante y melosa. Continuamos nuestro camino al cine, ebrios y riéndonos de los demás, cantando Torna a Surriento,  hasta que empezó la película.

Tengo que decirles que Call me by your name de Luca es lo mejor que he visto este año, lo mejor que he visto desde hace varios años siendo un poco más estricto.

En el cine no pude contenerme y a cada secuencia, a cada plano o a cada detalle, suspiraba y lloraba, las lágrimas salían entre clamas que me brotaban de la garganta y no se detenían. Estaba desolado, ruinoso y no podía dejar de lamentarme ante tanta belleza. No hablaré del guion, ni de la fotografía, ni de los actores, menos del melodrama, saben que esto es una opinión, yo sólo veía un todo que era redondo y profundo, acertaba en el centro de mis expectativas. Empatizaba con esta arte y reía con los ojos llorosos; estaba feliz de haber encontrado algo de mi agrado, agradecía poder disfrutarla y eso me hacía lloriquear destrozándome por completo. Afortunadamente siempre tuve mi mano sobre la mano de mi esposa que me apretaba cuando sentía que me hundía en la butaca. Siempre la tuve a ella que abrazaba en la oscuridad del cine. Siempre ella, que me besó al dormir, la noche de ayer, después de tanta verdad.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez