Mother! Darren Aronofsky. Víctor Ávila

Darren A. me a recuerda un compañero, ultra-católico-cristiano, que tenía en la educación primaria, en la cual, por fortuna, nos enseñaban los libros sagrados y a mí, al encantarme esa ficción, era un fiel devoto a la participación de clase y lo hacía cuestionando su veracidad, torciendo y comprando la originalidad de los textos, y mencionando lo ambiguo de la formación en al que se nos instruían. Esto ocasionaba, en mi compañero fanático cierto repudio hacia mí y cada que tenía ocasión fuera de clase, buscaba fastidiarme. A veces, seguido de un pelotazo, me gritaba ¡Maldito moro! o bien, a la hora del almuerzo, su guarrido de puerco atormentaba mis oídos, escupía mi comida y en los lavabos, después de una actividad recreativa, me forzaban a un salvaje bautismo junto con sus apóstoles, que eran un grupo de niños obesos que le seguían sus más absurdos e idiotas juegos. Yo no entendía si toda esa burla era por el color de mi piel dorada, o porque ya estaba enterado de mi ascendencia árabe, o bien, por su limitada posición ideológica… hasta llegué a pensar que sólo tenía ganas de comunicarse con alguien más ¡decir su cerrada opinión y ser escuchado por alguien! pero nadie lo quería atender, y en su inconformidad por lo que los otros creían, formaba su propia religión, con una triste interpretación… Entonces, lo único que pude suponer, ante sus ataques y rabietas, fue que me enfrentaba a un imbécil atorado en algún momento de la historia o de la cultura, así que sólo soporté. Ese imbécil me recuerda a Darren Aronofsky con su insistencia sobre el tema, el gran tema que nadie quiere ver cómo lo ve él, con su compleja interpretación y su mensaje ambiguo, de cual sólo tengo que opinar, porque soy un ser humano tolerante, que me ha encantado su película y ¡qué ricos y frescos estaban los cacahuates que comí mientras la veía y qué rica está Lawrence, tan tierna como un cordero y qué hombre tan chulo es Bardem! ¡Papá Dios está orgulloso de su representación en el cine, así como en la tierra, como en los libros sagrados y apócrifos! ¡Qué gloriosas son sus historias que se siguen contando en el mundo! Y que Dios bendiga a Ed Harris por su gran trabajo como actor porque yo también le mordería la costilla a sus 67 años.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

 

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