Romances postreros. Víctor Ávila.

Siendo esqueletos se nos ha eternizado la conciencia; sin ser, sabemos que aún somos. Penan los yerros cometidos, hacen guardia contra la armonía: el absurdo descanso de los muertos es estar expectante de que nunca jamás acabaremos de sucumbir. Cuando extinguías a mi corazón, con tu hálito muerto en vida, me hundía en tu trena. Siendo esqueletos sin armadura, la piel era la puerta de lo propio. Siendo esqueletos ya no tenemos ojos y con los huesos de mis manos toco adentro de tu caja torácica y no encuentro nada, adentro de tu cráneo, tampoco. En tu pelvis, no. Castañeo la mandíbula y resoplo, tus huesos se tornan cenizas que inhalo. Tú estás dentro de mí, ya me entiendes y hueles lo que me pudre. Ahora que estás ahí, flaca ¿quieres amarme de una puta vez y después prender un cigarrillo para mí?

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* BL. Stowe 17.

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