Aserrín y tabaco. Víctor Ávila.

A Amélie V. Ávila González.

 

Saldré de la cama, me llama el sol y la comida. Las sábanas pesan tanto que las tengo que aventar con los pies. Aserrín y tabaco. Mi padre, su cabello alborotado, mi madre y sus labios pintados, rojo fuerte. Rojos son los huevos después de sacarlos de su cascarón, huevos pasados con sangre, ya no hay huevos, hay leche con café y un pan.

El cielo está azul, mi padre despeinado lija la madera, yo juego con un madero café obscuro. Mi madre con sus labios pintados se va.

Me gusta oler la madera, algunas huelen a plantas, otras huelen a metales, otras huelen a pegamento, otras a resina, muy pocas a canela y las que más me gustan son las que huelen como mi padre, y su cabello despreocupado. “Papá, silba mi canción”, digo y mi padre se quita el tabaco de su boca y silba “Cucurrucucú paloma”, y yo hago bailar la flor que me talló en una maderita de pino. Aserrín y tabaco.

Laboro con mi padre y en su cabello tiene basuritas de madera, le he soplado cuando terminó de tallar, vuelan por la carpintería y ahora también tengo en mi cabello. “Hija, canta mi canción” y le canto “La Llorona”. Me gusta que mi padre llore cuando canto, aserrín y tabaco, y que se acomode su cabello con la mano para apartar sus lágrimas.

Cantando me voy con los pájaros, me gusta que me miren de lado y me silben  cosas. Me gusta mirar los huevitos que han puesto, dentro de su nido se mueven. Me gusta también perseguir a la bruja, la gallina que pone huevos pasados. Empiezo a sentirme triste.

Y comienza a arder la carpintería, a quemarse todo rápido, muy rápido, la madera truena, se consume, aserrín y tabaco, no veo, el humo ha nublado todo, la bruja corre, la siento pasar entre mis piernas. Lloro, me tiro, y en el suelo está mi padre, su cabello no está despeinado, no hay cabello, su cabeza está caliente y mojada. Aserrín y tabaco. Nos sacan del taller.

Quiero salir de la cama, no me llama el sol ni la comida, me llama el silbido de mi padre, “Cucurrucucú paloma”. Llego hacia él, soy su paloma tallada que no se consumió en el fuego. “Hija, canta mi canción” dice y le canto, llora, nada le podrá disimular sus lágrimas ahora…Aserrín y tabaco.

***

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Cuento publicado en el libro: Retratos en marco de piedra en el 2010.

**Saint Joseph Charpentier. Georges de La Tour, 1642.

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