Romances postreros. Víctor Ávila.

Siendo esqueletos se nos ha eternizado la conciencia; sin ser, sabemos que aún somos. Penan los yerros cometidos, hacen guardia contra la armonía: el absurdo descanso de los muertos es estar expectante de que nunca jamás acabaremos de sucumbir. Cuando extinguías a mi corazón, con tu hálito muerto en vida, me hundía en tu trena. Siendo esqueletos sin armadura, la piel era la puerta de lo propio. Siendo esqueletos ya no tenemos ojos y con los huesos de mis manos toco adentro de tu caja torácica y no encuentro nada, adentro de tu cráneo, tampoco. En tu pelvis, no. Castañeo la mandíbula y resoplo, tus huesos se tornan cenizas que inhalo. Tú estás dentro de mí, ya me entiendes y hueles lo que me pudre. Ahora que estás ahí, flaca ¿quieres amarme de una puta vez y después prender un cigarrillo para mí?

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* BL. Stowe 17.

Mr. Six. Guan Hu. El Conde Filmstrostky.

Los chinos, el cine chino, el melodrama chino, pero las chinas. Un drama o simple acción: un hombre hecho, y no tan derecho en su juventud, siendo casi un anciano lucha por no perder las viejas convicciones y/o las costumbres o el hijo. Él viejo pelea por la fe que tiene en lo que es cree que es lo correcto o lo bueno… contra, lo que él piensa que es lo malo, sin ser tan malo o sin importar si es la verdad o lo falso; así de ambiguo, recordemos, es senectud. Pero las chinas… ellas se lucen con sus sonrisas al espectador y se nos antoja el arroz al vapor. La violencia y la pasión ocurren, suceden con honor o con el afanoso decoro de contienda digna y valerosa. La belleza de ser un héroe: un héroe antiguo, el héroe chino, me saca las lágrimas: todos luchamos por algo o por alguien. Un film largo como una espada de mafioso y absurda como los ideales de viejo lobo. Una película de la cual tendría que hablar del final para justificar el añoro, pero no lo haré, pues quedó un tanto seco el arroz.

Pd. Que bien está Xu Qing a sus 48 años.

3/5 Estrellas.

El Conde Filmstrostky.

Vejez. Jaime Torres Bodet.

Me inclino hacia lo azul de ese reflejo

que, de la llama que perece, nace.

Y, de pronto, en cristal, lámpara, espejo,

miro cómo la noche me rehace.

 

¡Tribus de lo que fui! Duro entrecejo;

paralitica voz; ojo en que yace

-última luz- un último consejo.

Ardor como ése, gélido, me place.

 

Luces guillotinadas… Viejas voces

sangrando en los fonógrafos suspensos…

Segado de paréntesis veloces,

 

libro en que palpo otra presencia mía.

¡Tribus de lo que fui! ¡Trágicos censos!

El cuerpo es un fantasma que me espía.

 

*Jaime Mario Torres Bodet (1902-1974) Nace en la ciudad de México. Diplomático, funcionario público, escritor, ensayista y poeta.

**Comparte Víctor Hugo Ávila Velázquez

*** Fowler 1870 Vasily Grigorevich Perov (Russian 1834  –  1882)

Niña de Mayo. Melina Aldana.

Adorada niña de Mayo sigue aturdiendo al mundo con tus risas escandalosas

Continúa meciéndote en las olas lentas del mar y sonríe cuando duermes

Destruye calamidades con esa serenidad que solo tú emanas

Pinta, pinta siempre, pinta todos los días, explora tus talentos, nadie ve el mundo como tu

Confía en tu instinto

Siéntete hermosísima todos los días, porque esta es la verdad absoluta

El amor lo es todo

Y recuerda que mi corazón es tuyo desde un 19 de Mayo de 2006.

 

Melina Alejandra González Aldana.

*Mamita te amo. Amélie Victoria Ávila González.

La eternidad del recuerdo. Melina Aldana.

Olores, sabores, sensaciones y personas todo en sincronía bombeado en fluido continuo y constante, así se mantiene al corazón vivo. Hay lugares a los que no hace falta volver y también hay sitios a los que sí, porque hay un eco de recuerdos, navegamos por ahí sin banderas del tiempo, hemos hecho tantas reconstrucciones que ya no queda esencia de lo que fue la verdad, sin embargo el pasar el mayor número de veces justo ahí, produce éxtasis, felicidad a conveniencia pura. Sería trágico perder la memoria es lo único capaz de destruir la eternidad del recuerdo.

 

Melina Alejandra González Aldana.

* Norma Beatriz Domínguez, Buenos Aires, “Recuerdos”.

En una hoja de papel. Emilio Cabral.

“Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelaran, y hasta después de haberse revelado, no serán conscientes. Ese es el problema.”

1984. George Orwell.

 

Hoy tengo ganas de escribir, dejar mis pensamientos plasmados, venderme y rebajarme, escribir todo lo que se, todo lo que siento, olvidar todo  y comenzar de nuevo, gritar, reír y llorar mientras escribo mi vida, prostituir mis sentimientos y sobajarlos para que todos se enteren de mi más precisada pertenecía, declararé la guerra a mis enemigos y mi amor a mis platónicos, hoy tengo ganas de escribir hasta quedarme sin fuerzas, todo lo que se y todo lo que pienso, todas las personas que conozco, los teléfonos y sus cumpleaños,  todos mis amores y desamores, las decepciones y los recuerdos, pienso escribir hasta morir, llorar hasta borrar el grafito con mis lágrimas, agotar los lápices, llenar mis manos de virutas, manchar mi alma y deshacerme de mi, olvidarme de lo que soy, quedar en blanco y gritar, desahogar mi mente, desvirtuar mi conciencia, llorar sin razón, sentirme vacío, olvidar mis creencias, dejar de ser yo y morir en una hoja de papel.

Emilio Cabral.

*Manos dibujando. Escher. Litografía, 1948.

A mi madre. Víctor Ávila.

De bebé

sonreía

a las nubes

blancas o rosadas,

grises y naranjas,

en todas ellas

reconocía su mímica,

el gesto grato

de otras madres.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* Hans Memling – “Matrimonio místico de Santa Catalina. Retablo de San Juan Bautista y San Juan Evangelista”.

 

Las moscas. Cecilia Ávila.

Llueve mucho mejor  si truena el cielo.

Si hay obscuridad total  y los niños llorosos temen.

Un cielo que arda de noche y se vuelva rojo sangre.

Llueve mucho mejor si no hay a quién rezarle.

Si no hay velas a la mano y sólo fósforos mojados.

Si sólo hay poca vida y un puñado de moscas a tu lado.

 

Cecilia Ávila Velázquez

*Edvard Munch, Three Women. (Norwegian 1863 – 1944)

Perdiendo la razón. Emilio Cabral.

“La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón”.

León Tolstoi.

Una nota sin título, un libro sin pasta, un cuerpo sin alma, no me volví un miserable, pero si un hipócrita, el destino nos llevó y nos dejó, nos juntó y nos separó, se burló de nosotros, con una risa que resonaba en nuestra mente, mientras nuestros lazos se separaban e incrédulamente volvimos a juntar, creyendo que le ganaríamos al destino, que nos burlaríamos de él, para que se terminara burlando de nosotros, separándonos tajantemente. El inmenso espacio, la eternidad del tiempo que nos juntó y también nos separó y ahora pareces más lejana de lo que eras antes de conocerte. Tan sólo fue un adiós, que no me quiere hacerte olvidar, dejar de amar, no me deja estar con alguien más,  me volvió un hipócrita por no querer estar con alguien que no pueda amar como a ti, que me separa de las personas que me hacen feliz como tú me hacías feliz, me alejo del juicio mental, de la de la felicidad sin banalidad, del sexo sin amor y del amor sin valor, no dejaré de ser yo, ni dejaré de buscar otro amor, pero tú te quedarás en mi corazón mientras yo pierdo la razón.

 

Emilio Cabral.

*Caravaggio – David con la testa di Golia.

Pérfida canción. Víctor Ávila.

Pensaba en ti y una anciana silbaba una canción al marchar por la calle. No pude continuar con tu pensamiento por la melancolía de su música y fui al encuentro de ella, a seguir las promesas de la vieja. Ella me abrazó y me besó, sus labios tensos me supieron a piedra, como si mordiera los escombros de tu casa. Ella me guiñó un ojo lloroso y siguió con su melodía, marchando con un estandarte blanco, adoraba desnuda y ligera a la luna. La acompañé durante dos noches y ya no hubo besos, ya no hubo más abrazos, tampoco guiños lacrimosos, sólo sus ojos rojos fijos sobre los míos que trataban de volver a imaginarte, sin poder conseguirlo: por siempre jamás pensarte.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* Medieval Beguines.