Vejez. Jaime Torres Bodet.

Me inclino hacia lo azul de ese reflejo

que, de la llama que perece, nace.

Y, de pronto, en cristal, lámpara, espejo,

miro cómo la noche me rehace.

 

¡Tribus de lo que fui! Duro entrecejo;

paralitica voz; ojo en que yace

-última luz- un último consejo.

Ardor como ése, gélido, me place.

 

Luces guillotinadas… Viejas voces

sangrando en los fonógrafos suspensos…

Segado de paréntesis veloces,

 

libro en que palpo otra presencia mía.

¡Tribus de lo que fui! ¡Trágicos censos!

El cuerpo es un fantasma que me espía.

 

*Jaime Mario Torres Bodet (1902-1974) Nace en la ciudad de México. Diplomático, funcionario público, escritor, ensayista y poeta.

**Comparte Víctor Hugo Ávila Velázquez

*** Fowler 1870 Vasily Grigorevich Perov (Russian 1834  –  1882)

Niña de Mayo. Melina Aldana.

Adorada niña de Mayo sigue aturdiendo al mundo con tus risas escandalosas

Continúa meciéndote en las olas lentas del mar y sonríe cuando duermes

Destruye calamidades con esa serenidad que solo tú emanas

Pinta, pinta siempre, pinta todos los días, explora tus talentos, nadie ve el mundo como tu

Confía en tu instinto

Siéntete hermosísima todos los días, porque esta es la verdad absoluta

El amor lo es todo

Y recuerda que mi corazón es tuyo desde un 19 de Mayo de 2006.

 

Melina Alejandra González Aldana.

*Mamita te amo. Amélie Victoria Ávila González.

La eternidad del recuerdo. Melina Aldana.

Olores, sabores, sensaciones y personas todo en sincronía bombeado en fluido continuo y constante, así se mantiene al corazón vivo. Hay lugares a los que no hace falta volver y también hay sitios a los que sí, porque hay un eco de recuerdos, navegamos por ahí sin banderas del tiempo, hemos hecho tantas reconstrucciones que ya no queda esencia de lo que fue la verdad, sin embargo el pasar el mayor número de veces justo ahí, produce éxtasis, felicidad a conveniencia pura. Sería trágico perder la memoria es lo único capaz de destruir la eternidad del recuerdo.

 

Melina Alejandra González Aldana.

* Norma Beatriz Domínguez, Buenos Aires, “Recuerdos”.

En una hoja de papel. Emilio Cabral.

“Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelaran, y hasta después de haberse revelado, no serán conscientes. Ese es el problema.”

1984. George Orwell.

 

Hoy tengo ganas de escribir, dejar mis pensamientos plasmados, venderme y rebajarme, escribir todo lo que se, todo lo que siento, olvidar todo  y comenzar de nuevo, gritar, reír y llorar mientras escribo mi vida, prostituir mis sentimientos y sobajarlos para que todos se enteren de mi más precisada pertenecía, declararé la guerra a mis enemigos y mi amor a mis platónicos, hoy tengo ganas de escribir hasta quedarme sin fuerzas, todo lo que se y todo lo que pienso, todas las personas que conozco, los teléfonos y sus cumpleaños,  todos mis amores y desamores, las decepciones y los recuerdos, pienso escribir hasta morir, llorar hasta borrar el grafito con mis lágrimas, agotar los lápices, llenar mis manos de virutas, manchar mi alma y deshacerme de mi, olvidarme de lo que soy, quedar en blanco y gritar, desahogar mi mente, desvirtuar mi conciencia, llorar sin razón, sentirme vacío, olvidar mis creencias, dejar de ser yo y morir en una hoja de papel.

Emilio Cabral.

*Manos dibujando. Escher. Litografía, 1948.

Las moscas. Cecilia Ávila.

Llueve mucho mejor  si truena el cielo.

Si hay obscuridad total  y los niños llorosos temen.

Un cielo que arda de noche y se vuelva rojo sangre.

Llueve mucho mejor si no hay a quién rezarle.

Si no hay velas a la mano y sólo fósforos mojados.

Si sólo hay poca vida y un puñado de moscas a tu lado.

 

Cecilia Ávila Velázquez

*Edvard Munch, Three Women. (Norwegian 1863 – 1944)

Perdiendo la razón. Emilio Cabral.

“La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón”.

León Tolstoi.

Una nota sin título, un libro sin pasta, un cuerpo sin alma, no me volví un miserable, pero si un hipócrita, el destino nos llevó y nos dejó, nos juntó y nos separó, se burló de nosotros, con una risa que resonaba en nuestra mente, mientras nuestros lazos se separaban e incrédulamente volvimos a juntar, creyendo que le ganaríamos al destino, que nos burlaríamos de él, para que se terminara burlando de nosotros, separándonos tajantemente. El inmenso espacio, la eternidad del tiempo que nos juntó y también nos separó y ahora pareces más lejana de lo que eras antes de conocerte. Tan sólo fue un adiós, que no me quiere hacerte olvidar, dejar de amar, no me deja estar con alguien más,  me volvió un hipócrita por no querer estar con alguien que no pueda amar como a ti, que me separa de las personas que me hacen feliz como tú me hacías feliz, me alejo del juicio mental, de la de la felicidad sin banalidad, del sexo sin amor y del amor sin valor, no dejaré de ser yo, ni dejaré de buscar otro amor, pero tú te quedarás en mi corazón mientras yo pierdo la razón.

 

Emilio Cabral.

*Caravaggio – David con la testa di Golia.

La belleza de Rita. Pablo Jara.

Rita le reclama a Lautaro el que escriba tantas estupideces, siempre enterrado entre letras polvorientas, le gritaba que iba a quedarse loco, Lautaro después de leer sus notas mentales  pensaba en Poe, en Kafka, en ese tipo de locura, no entendía a Rita, eso a quién le podría gustar, Lautaro sólo fuma y escucha, sabe que ella no se ha sumergido en el dolor, no ha visto esas oscuras profundidades, es mejor abrirse paso entre montañas de mierda que volar sobre un jardín de exquisitas flores, Rita habla y él sólo escucha, ella se retira satisfecha, engañada, es una idea creer que triunfa pero Lautaro no pelea batallas tan sencillas, no toma los mangos bajos, mejor se coloca frente al espejo, frente al enemigo, Rita frente al espejo sólo observa su belleza.

 

Pablo Jara.

* Crazy Hat Day gone wrong.

Estar y no estar. Enrique Husim.

Era casi media noche, realmente no recuerdo bien la hora que era, fumaba cigarrillos Marlboro, los mismos que llevo fumando desde los hermosos 90’s cuando una sensación rara comenzó a rondar por mis pensamientos, acomodaba mis libros de Salinger y Soseki en ese momento, pues siempre gusto de releer algunos renglones a pesar de haberlos leído hace tiempo o de tener un libro comenzado en mi buró.

Sentía la sensación de no estar realmente en donde estaba, me encontraba en mi recamara, bajo el techo protector de mi hogar, pero sentía que no estaba realmente, algo raro tomando en cuenta el que estoy vivo… Pero… Y ¿si no lo estoy?

— ¿Bueno?

— Hola, soy yo, disculpa que te llame a esta hora.

— ¿Quién eres disculpa?

— Soy Enrique.

— ¡Ah, hola! Es muy tarde ¿pasa algo?

— No realmente, es sólo que quisiera preguntarte algo.

— A ver dime…

— ¿Cuándo fue la última vez que me viste?

— Uy pues hace ya casi como dos años ¿por qué?

— Sólo quería saber, por curiosidad.

— ¿Estas bien?

— Si, muchas gracias por contestarme a estas deshoras.

— Y… ¿Sólo has llamado para esto?

— Si, discúlpame, últimamente tengo la cabeza hecha un lio.

— Me despertaste, Enrique, al menos invítame un helado mañana.

— No tengo dinero disculpa, pero en cuanto pueda te invito.

— Bueno, ya duérmete y deja de estar despertando a la gente, espero mi helado.

— Si, descansa.

Era verdad, había gastado mis últimos 50 pesos en una cajetilla de cigarrillos, no me importaba mucho en ese momento no tener dinero para afrontar la mañana siguiente y así fue entonces en todos los días, eso es algo raro en mi pues siempre gusto de comer bien y beber bien y para hacerlo se requiere del cochino dinero. Justo en ese momento me dirigí al baño y encendí otro cigarro, preste atención al sonido de la noche, los grillos y el ir y venir de los autos me calmaron un poco la sensación de no estar ahí, abrí el pequeño balcón de mi casa y miré a una pareja de novios que andaban de la mano bajo la luz del alumbrado público, él parecía uno de esos hombres que no se callan la boca jamás, ella parecía de esas mujeres que gustan de oír historias.

De pronto sonó mi teléfono, conteste, era Omar…

— Wey, ¿estas despierto?

— Si, ¿qué pasa?

— ¿Cuándo fue la última vez que te vi?

(Solté una risita)

— Déjame recordar… Hace como 15 días we ¿Por qué?

— Es que de pronto tengo la sensación de estar y no estar.

(Solté otra risita)

— Vaya, me pasa justamente lo mismo.

— ¿Será que quizá se deba a nuestra falta de sentido en la vida?

— No creo, perdedores lo hemos sido siempre.

— Entonces… ¿qué se te ocurre, viejo amigo?

— Pienso más bien que no estamos vivos, ni tu saliste con vida de aquella piscina pública y ni yo lo hice del mar de Nayarit.

— ¿Y cómo explicas nuestro día a día?

— Como los de Bruce Willis en la película 6to sentido.

— Jajajaja ¡vete a la verga!

— Tú preguntaste.

— Ya mejor me voy a dormir.

— Sale.

Para cuando le colgué a Omar me percaté que ya casi estaban por dar las 3 de la madrugada, la hora mágica preferida para las brujas, la hora marcada y favorita del puto chamuco, de pronto pensé por un momento en invocar al diablo, habría sido interesante verme en una situación así frente a semejante personaje y poderle preguntar el porqué de la sensación tan extraña que tengo, esa de sentir estar y no estar, pero en fin, volví al baño a lavarme los dientes, enjuagué mi cara y me dirigí a mi habitación, me quité los zapatos y los coloqué a un costado de mi cama, me quité mi pantalón y lo doblé con cuidado colocándolo sobre una silla, mi camisa la coloqué de manera cuidadosa sobre mis libros del buró junto a un cenicero a rebosar de colillas, al poco rato me quedé dormido.

— Hola, Enrique. — Una voz grave salió de entre la esquina más oscura de mi recamara.

— ¿Quién anda ahí? ¿Quién eres? — Dije, volví a sentir la sensación de estar y no estar.

— La razón por la que te sientes así es porque casi no duermes, casi no comes, no sales de tu maldita casa y lees pura pendejada, estas a un paso de volverte loco, muchacho. —Contestó la voz grave de la cual comenzaba a vislumbrarle la silueta.

— ¿Eres el diablo verdad? — le dije sin rodeos mientras hacía por prender la pequeña lámpara de mi buro para tener de nuevo el alivio de la luz, pero él me pidió que no, que no era necesario, que sólo había venido para eso y que ya se marchaba.

A la mañana siguiente, tuve que contarles a todos mi encuentro con el diablo, le platique a mis familiares y amigos, después a los del trabajo, a los barrenderos, a los del supermercado, a los limosneros, a los perros y gatos, hasta que al final se lo platique a los doctores, médicos especialistas en la salud mental que me veían periódicamente en sus breves visitas al nosocomio en el que ahora me encuentro… Donde sigo sintiéndome con la sensación de estar y no estar.

Enrique Husim.

 

*Giuseppe Arcimboldo – “Cuatro estaciones en una cabeza” (h. 1590, óleo sobre tabla, 60 x 44 cm, National Gallery of Art, Washington).

Hoy es. Pablo Jara.

No crearas nada, negros son tus ojos y nunca creyeron en nada, vivir no es fracasar, mis manos lentas y mis pensamientos livianos, pretendiendo predicar con el ejemplo, jugando al error del contrario, no escribirás ni guerra ni paz, no importa lo que estés haciendo, ella derrama alcohol cuando pasa frente a mí, un suicidio ejemplar, y mientras tanto yo cada vez más ciego y el olfato trabajando, memoria y olfato, no como la vista, ojos clasistas sexistas y racistas, oídos pretenciosos, suena la música que no conoces, sueño los sueños de mi enemigo, sueño los sueños de mi amada, la paz durará sólo una noche, y saldré a buscarla para iniciar con ella otra guerra, y mientras se acerca mi corazón parece estacar, pienso que será mejor la retirada, la derrota no cansa pero si la humillación, es mejor la guerra contra el mundo.

 

Pablo Jara.

*The Wood of the Self Murderers. The Harpies and the Suicides. Dantes, Divine Comedy. by William Blake, 1824.

El año

En la puerta del sol

como el año que fue

otra vez el champagne y las uvas

y el alquitrán, de alfombra están.

Ignacio Cano.

 

 

Efebos congratuló no sólo una opinión, sino varias, de lo que habita con el tiempo. Durante este año el equipo editorial agradece a sus colaboradores y lectores por las cosechas. Bebemos este vino a su salud. Continuamos y cantamos lo que es posible, que hay ojos y oídos, que el arte está.

 

Efebos Editorial.

 

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**Monje admirando el vino.