Mr. Six. Guan Hu. Víctor Ávila.

Los chinos, el cine chino, el melodrama chino, pero las chinas. Un drama o simple acción: un hombre hecho, y no tan derecho en su juventud, siendo casi un anciano lucha por no perder las viejas convicciones y/o las costumbres o el hijo. Él viejo pelea por la fe que tiene en lo que es cree que es lo correcto o lo bueno… contra, lo que él piensa que es lo malo, sin ser tan malo o sin importar si es la verdad o lo falso; así de ambiguo, recordemos, es senectud. Pero las chinas… ellas se lucen con sus sonrisas al espectador y se nos antoja el arroz al vapor. La violencia y la pasión ocurren, suceden con honor o con el afanoso decoro de contienda digna y valerosa. La belleza de ser un héroe: un héroe antiguo, el héroe chino, me saca las lágrimas: todos luchamos por algo o por alguien. Un film largo como una espada de mafioso y absurda como los ideales de viejo lobo. Una película de la cual tendría que hablar del final para justificar el añoro, pero no lo haré, pues quedó un tanto seco el arroz.

Pd. Que bien está Xu Qing a sus 48 años.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Vejez. Jaime Torres Bodet.

Me inclino hacia lo azul de ese reflejo

que, de la llama que perece, nace.

Y, de pronto, en cristal, lámpara, espejo,

miro cómo la noche me rehace.

 

¡Tribus de lo que fui! Duro entrecejo;

paralitica voz; ojo en que yace

-última luz- un último consejo.

Ardor como ése, gélido, me place.

 

Luces guillotinadas… Viejas voces

sangrando en los fonógrafos suspensos…

Segado de paréntesis veloces,

 

libro en que palpo otra presencia mía.

¡Tribus de lo que fui! ¡Trágicos censos!

El cuerpo es un fantasma que me espía.

 

*Jaime Mario Torres Bodet (1902-1974) Nace en la ciudad de México. Diplomático, funcionario público, escritor, ensayista y poeta.

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*** Fowler 1870 Vasily Grigorevich Perov (Russian 1834  –  1882)

Niña de Mayo. Melina Aldana.

Adorada niña de Mayo sigue aturdiendo al mundo con tus risas escandalosas

Continúa meciéndote en las olas lentas del mar y sonríe cuando duermes

Destruye calamidades con esa serenidad que solo tú emanas

Pinta, pinta siempre, pinta todos los días, explora tus talentos, nadie ve el mundo como tu

Confía en tu instinto

Siéntete hermosísima todos los días, porque esta es la verdad absoluta

El amor lo es todo

Y recuerda que mi corazón es tuyo desde un 19 de Mayo de 2006.

 

Melina Alejandra González Aldana.

*Mamita te amo. Amélie Victoria Ávila González.

Aserrín y tabaco. Víctor Ávila.

A Amélie V. Ávila González.

 

Saldré de la cama, me llama el sol y la comida. Las sábanas pesan tanto que las tengo que aventar con los pies. Aserrín y tabaco. Mi padre, su cabello alborotado, mi madre y sus labios pintados, rojo fuerte. Rojos son los huevos después de sacarlos de su cascarón, huevos pasados con sangre, ya no hay huevos, hay leche con café y un pan.

El cielo está azul, mi padre despeinado lija la madera, yo juego con un madero café obscuro. Mi madre con sus labios pintados se va.

Me gusta oler la madera, algunas huelen a plantas, otras huelen a metales, otras huelen a pegamento, otras a resina, muy pocas a canela y las que más me gustan son las que huelen como mi padre, y su cabello despreocupado. “Papá, silba mi canción”, digo y mi padre se quita el tabaco de su boca y silba “Cucurrucucú paloma”, y yo hago bailar la flor que me talló en una maderita de pino. Aserrín y tabaco.

Laboro con mi padre y en su cabello tiene basuritas de madera, le he soplado cuando terminó de tallar, vuelan por la carpintería y ahora también tengo en mi cabello. “Hija, canta mi canción” y le canto “La Llorona”. Me gusta que mi padre llore cuando canto, aserrín y tabaco, y que se acomode su cabello con la mano para apartar sus lágrimas.

Cantando me voy con los pájaros, me gusta que me miren de lado y me silben  cosas. Me gusta mirar los huevitos que han puesto, dentro de su nido se mueven. Me gusta también perseguir a la bruja, la gallina que pone huevos pasados. Empiezo a sentirme triste.

Y comienza a arder la carpintería, a quemarse todo rápido, muy rápido, la madera truena, se consume, aserrín y tabaco, no veo, el humo ha nublado todo, la bruja corre, la siento pasar entre mis piernas. Lloro, me tiro, y en el suelo está mi padre, su cabello no está despeinado, no hay cabello, su cabeza está caliente y mojada. Aserrín y tabaco. Nos sacan del taller.

Quiero salir de la cama, no me llama el sol ni la comida, me llama el silbido de mi padre, “Cucurrucucú paloma”. Llego hacia él, soy su paloma tallada que no se consumió en el fuego. “Hija, canta mi canción” dice y le canto, llora, nada le podrá disimular sus lágrimas ahora…Aserrín y tabaco.

***

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Cuento publicado en el libro: Retratos en marco de piedra en el 2010.

**Saint Joseph Charpentier. Georges de La Tour, 1642.

La eternidad del recuerdo. Melina Aldana.

Olores, sabores, sensaciones y personas todo en sincronía bombeado en fluido continuo y constante, así se mantiene al corazón vivo. Hay lugares a los que no hace falta volver y también hay sitios a los que sí, porque hay un eco de recuerdos, navegamos por ahí sin banderas del tiempo, hemos hecho tantas reconstrucciones que ya no queda esencia de lo que fue la verdad, sin embargo el pasar el mayor número de veces justo ahí, produce éxtasis, felicidad a conveniencia pura. Sería trágico perder la memoria es lo único capaz de destruir la eternidad del recuerdo.

 

Melina Alejandra González Aldana.

* Norma Beatriz Domínguez, Buenos Aires, “Recuerdos”.

En una hoja de papel. Emilio Cabral.

“Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelaran, y hasta después de haberse revelado, no serán conscientes. Ese es el problema.”

1984. George Orwell.

 

Hoy tengo ganas de escribir, dejar mis pensamientos plasmados, venderme y rebajarme, escribir todo lo que se, todo lo que siento, olvidar todo  y comenzar de nuevo, gritar, reír y llorar mientras escribo mi vida, prostituir mis sentimientos y sobajarlos para que todos se enteren de mi más precisada pertenecía, declararé la guerra a mis enemigos y mi amor a mis platónicos, hoy tengo ganas de escribir hasta quedarme sin fuerzas, todo lo que se y todo lo que pienso, todas las personas que conozco, los teléfonos y sus cumpleaños,  todos mis amores y desamores, las decepciones y los recuerdos, pienso escribir hasta morir, llorar hasta borrar el grafito con mis lágrimas, agotar los lápices, llenar mis manos de virutas, manchar mi alma y deshacerme de mi, olvidarme de lo que soy, quedar en blanco y gritar, desahogar mi mente, desvirtuar mi conciencia, llorar sin razón, sentirme vacío, olvidar mis creencias, dejar de ser yo y morir en una hoja de papel.

Emilio Cabral.

*Manos dibujando. Escher. Litografía, 1948.

A mi madre. Víctor Ávila.

De bebé

sonreía

a las nubes

blancas o rosadas,

grises y naranjas,

en todas ellas

reconocía su mímica,

el gesto grato

de otras madres.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* Hans Memling – “Matrimonio místico de Santa Catalina. Retablo de San Juan Bautista y San Juan Evangelista”.