Mal. Cecilia Ávila.

Mal

 

Pensé que eras bien

saludando con bien

pasas de vez en cuando

dejando estela de amor

traición de bien

claro entendimiento

a ojos ciegos

opacos de cotidianidad

opacos

de bien.

 

Cecilia Ávila Velázquez.

*Antonius Retabel, ca. 1505.

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Romance del enamorado y la muerte. Anónimo.

Romance del enamorado y la muerte. Anónimo.

 

Un sueño soñaba anoche

soñito del alma mía,

soñaba con mis amores,

que en mis brazos los tenía.

Vi entrar señora tan blanca,

muy más que la nieve fría.

—¿Por dónde has entrado, amor?

¿Cómo has entrado, mi vida?

Las puertas están cerradas,

ventanas y celosías.

—No soy el amor, amante:

la Muerte que Dios te envía.

—¡Ay, Muerte tan rigurosa,

déjame vivir un día!

—Un día no puede ser,

una hora tienes de vida.

 

Muy deprisa se calzaba,

más deprisa se vestía;

ya se va para la calle,

en donde su amor vivía.

 

—¡Ábreme la puerta, blanca,

ábreme la puerta, niña!

—¿Cómo te podré yo abrir

si la ocasión no es venida?

Mi padre no fue al palacio,

mi madre no está dormida.

—Si no me abres esta noche,

ya no me abrirás, querida;

la Muerte me está buscando,

junto a ti vida sería.

—Vete bajo la ventana

donde labraba y cosía,

te echaré cordón de seda

para que subas arriba,

y si el cordón no alcanzare,

mis trenzas añadiría.

 

La fina seda se rompe;

la muerte que allí venía:

—Vamos, el enamorado,

que la hora ya está cumplida.

 

*Anónimo. Hurtado de Antología Poética en Español. “ROMANCES NOVELESCOS Y LÍRICOS. SIGLO XV-XVI”.

**Comparte Víctor Hugo Ávila Velázquez.

***Panel of Parentino’s Temptations of St. Anthony.

Ludi floreales. Víctor Ávila.

Si conocías el dulce rito de la divertida Flora,

los festivos juegos y la licencia del vulgo,

¿por qué, severo Catón, viniste al teatro?

¿Acaso habías venido solo para marcharte?

Epigramas. Marco Valerio Marcial.

Volvió a fracasar el plebeyo en el juego floral. Creerse buen participe de la primavera lo devolvió de los cortejos con torpeza y vergüenza a sus aprensivos cabales. El séquito opuesto, entre alabanzas, lo embelesaba por ser el hombre más solitario de la República Romana, el que abandonado por todos, no florecía por las malas cosechas del pasado. Antes, la Monarquía Romana, le había desconocido su origen y en perpetua ruina siempre se encaminaba, la cual, su retoño reía en secreto; la calamidad del desprecio o el creer que al menos era acompañado por una fingida descendencia.

Moriría mucho antes de ver el Imperio, pues la vejez ya rasguñaba ese obsceno andar que era ridiculizado, por el mismo, al meter sus narices donde no debía.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* Tooth Puller, 1609 Florence, Italy. Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571 – 1610).

The 9th Life of Louis Drax. Alexander Aja. Víctor Ávila

Lloramos y después nos abrazamos. De esta película es la fantasía, embriagada de realidad, la que nos puso así. El no tomarse muy en serio lo real o lo que sucede, sino lo contrario, lo que no pasa jamás; es la situación emotiva. Se sabe que el recurso de “mejorar” la realidad, para la propia conveniencia, es un instinto básico y lo que se vio en esta película fue ese punto que nadie quiere mirar y lo ha hecho inesperadamente Alexander Aja.

Al director de Horns (un film peculiar, basada en una obra de Joe Hill el hijo S. King, del año 2013, donde lo único decente es Daniel Radcliffe) le fascina dar giros entre etiquetas y géneros en cada película nueva que proyecta, ahora sorprende, y no como esa vez cuando salió su película llamada Pirañas 3D (el 3D es parte de su título) hoy con, The 9th Life of Louis Drax, se luce para conmover.

La cursilería y el empalague no es lo que busca Alexander Aja, eso queda en el helado de piñón con lágrimas que comí-bebí mientras maldecía a la puta de la mamá del personaje principal.

*** asteriscos.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Estas son las últimas palabras que te escribo. Emilio Cabral.

No significa que te olvidé, sabes que no soy un cobarde, si me alejé fue para que encontraras un hombre mejor que yo en tu vida, de nada servía que tuvieras un amigo como yo, todos cometemos errores y yo ya no soy uno de los tuyos, que va, tuvimos una muy buena relación, a veces pienso en que hicimos mal, siento que nuestro único error fue amarnos de más, siempre has sido mi musa, escribí sobre tu belleza, tus virtudes, lo que me hacías sentir, nuestro amor, la felicidad, así como también cada decepción, como cada tortura, era como un latigazo en la espalda y nuestro adiós, traté de escribir todo, pero por obvias razones no pude, necesitaría más que una enciclopedia, se me acabarían las palabras, mi vocabulario no es tan extenso para escribir todo lo que sentía contigo, por eso cambiaré de musa…. y a ti, a ti te guardaré con celo en mis recuerdos, en un estante especial reservado para ti, no quiero prostituir tu recuerdo en unos cuantos poemas, perdido valor en cada palabra, mejor te llevaré en mi mente hasta que mi edad me lo permita, hasta que no me acuerde ni de mi propio nombre, te guardaré para mí y sólo para mí, no quiero tratar de explicar porque aún te amo a cada persona que conozco, por eso estás son las últimas palabras que te escribo, no te amaré por siempre pero te amaré hasta que la eternidad me lo permita, fue un gusto tenerte a mi lado, fue un gusto estar contigo y ahora es un gusto llevarte en mi corazón, llevarte como un recuerdo, porque la felicidad siempre es efímera, pero más efímero fue nuestro amor.

 

Emilio Cabral

* Widow 1865 Konstantin Yegorovich Makovsky (Russian, 1839 – 1915).

Fricción. Melina Aldana.

Toda fricción se manifiesta con un roce. El que es por diferencia de opinión, tiende a ser una prueba para ver si quedó atrás el instinto animal de los principios de la evolución humana,  si usted ya no es una bestia podrá disuadir de su pensar la molestia y armará una lista de argumentos para defender su postura, quizá no sea necesario decirla en voz alta, quizá, sólo la guarde en su cabeza.

Por otro lado, la fricción de piel con piel, lo sumergirá en los instintos más bajos, volverá a ser animal y en un big bang de placer se le mostrará en una línea del tiempo el origen del ser.

 

Melina Alejandra González Aldana.

*Leonardo Alenza – “Sátira del suicidio romántico por amor” (h. 1839, óleo sobre lienzo, 35 x 26 cm, Museo del Romanticismo, Madrid).