El peine. Germain Nouveau

La toalla es una sierva,

El jabón es un servidor,

y la esponja es una sabia;

Pero el peine es un gran señor.

 

Sí, es un gran señor, Señora,

De los más nobles por la alteza

y por la limpieza del alma,

¡Sí, el peine es un gran señor!

 

¿Cómo?, se atreve a decir en voz alta

Sucio como un … ¡De todo corazón,

Responda!, ¿quién tiene la culpa?

¡ Pero el peine es un gran señal’!

 

Sí, si no está limpio, el peine,

¿Quién tiene la culpa?, ¿su autor?

¡No es más bien de la tiña!

Pues … el peine es un gran señor.

 

La culpa, es de quien le deja

Desarrollarse en su horror.

Es la culpa … de nuestra pereza.

Él, el peine es un gran señor.

 

Sí, nuestra mano es su vasalla,

y si está sucia, por desgracia,

El se coñ … ríe un poco de estar sucio,

Pues el peine es un gran señor.

 

Sólo quiere limpiar la cabeza

Si la mano de su cepillador

Le limpia los dientes, repito,

Si el peine es un gran señor.

 

Sí, es un gran señor, el peine,

Sin ser arrogante ni burlón,

Su divisa sería: «no me digno»

Pues el peine es un gran señor.

 

Gran señor su desdén nos azota,

Portador de espada, él es reídor,

Pues, esta espada es una aguja,

Si el peine es un gran señor.

 

Esta aguja, hábil y amable,

La devuelve limpia como una flor,

En los dedos de la chiquilla

Donde el peine es un gran señor.

 

Pues que yo diga o que tú digas

Que es sucio, pico de oro,

Él no hace caso de las tonterías,

 

Pues el peine es un gran señor.

En cuanto a mí, no quiero decirlo:

Eso carecería … de sabor y además haría sonreír;

No … , el peine es un gran señor.

 

Sobre tus dientes finos y sin roña,

Cada mañana yo tengo ese honor,

Mi bello peine, yo te beso,

y soy tu servidor.

 Valentines.

Germain Nouveau.

 

*Germain Marie Bernard Nouveau (1851-1920) Nace en Pourrières, Francia. Poeta del movimiento simbolista.

**Comparte Víctor H. Ávila Velázquez.

*** Hashiguchi Goyo – Woman in Blue Combing Her Hair – Walters 1920.

Split de M. Night Shyamalan. Víctor Ávila.

Esperar, de dos años en dos años para cada película de este cineasta, me pone nervioso y un poco más a Amélie así  como a Melina, pues esperábamos Split desde su repentina promoción ya que, como he escrito antes; somos buenos y fieles seguidores de su cine, tanto por la contemporaneidad como por gusto. Hemos crecido con M. Night Shyamalan y lo queremos tanto como si fuera parte de la familia, el tío indio-estadounidense que viene a visitarnos de vez en cuando. Ahora escribe este thriller de esa forma tan armoniosa como a él le encanta, ya conocemos bien esa cadencia enajenada que ha plasmado en sus filmes. El género fantástico siempre ha sido lo suyo rozando siempre con ese dogma, el bien y el mal: lo sobrenatural. Saber llevar una historia o dos de la mano, sin perder de vista cada una, es la delicia de esta historia.

Así como la relación de psicólogo-paciente en películas y sones de trama, como Split, o The Sixth Sense, o The Village, M. Night ha sabido llevar muy bien su correspondencia de cineasta-espectador. Agradecidos somos por ello.

James McAvoy ha estado admirable con sus diversos personajes en Split y por supuesto, Anya Taylor-Joy, genial y hermosa (apuesto una linda carrera para ella, su papel en The VVitch. 2015 me cautivó). Y por supuesto aplaudimos el clásico cameo del M. Night Shyamalan donde luce muy apuesto con esa discreción de siempre en sus breves papeles dentro de sus films.

Split no fue la decepción esta vez y la acompañé con pistaches y un merlot 2014, de contrabando por supuesto, en la oscuridad del cine.

Un-Casi-Spoiler: Estaría de más escribir algunas palabras sobre un breve dialogo al final de Split y la posible unión de otro film del Señorito Shyamalan que hizo algunos años, así que no lo haré hasta llegado el momento.

**** asteriscos.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

 

Sin título. Mónica Elena.

Podría distinguir la maravilla de verte a los ojos, aun entre escombros de muebles rotos y proyectos olvidados. Podría recordarte tres veces, de principio a fin, aun si quisiera fulminante dejar de quererte. Podría distinguir esa maravilla; en la alegría de tu rostro y la alegría del mío siempre en reflejo de tus ojos aun convalecientes. Con ese poder de distinguirlo todo, todo, me pregunto. ¿Qué de todo el universo que se asoma y esconde en segundos, es para mí? Un segundo es como una hora, una semana puede ser toda la vida hasta los huesos, el polvo. Un segundo puede no existir, hasta la próxima vida. Y mientras flotar, flotar, flotar, flotar.

Mónica Elena Montero.

*William Holman Hunt – “The Awakening Conscience” (1853, óleo sobre lienzo, 106×85 cm, Tate Britain, Londres).

 

Estos es un sin sentido. Emilio Cabral.

¿Qué pienso? No lo sé, es una difícil situación, es un mar de incertidumbre donde yo me encuentro en la orilla, ¿que si tengo miedo? Sí, pero que importa, el miedo es natural, soy una persona, no una máquina, ni un ente sin sentimientos, tengo debilidad, tengo fortaleza, cometo errores como todos, escribir no me hace escritor, pero me relaja, leer no multiplica mi conocimiento como si fuera un exponencial, tal vez al final no sirva de nada y se quede ahí en el espacio, sin razón, para que nos hacemos los importantes por saber más o menos, esto es un sin sentido, no tiene pies ni cabeza, solo son ideas al aire con ganas de explicar porque odio la vida, la presunción y el orgullo, al final todo termina igual, enterrados 3 metros bajo tierra o en una urna que muestran con orgullo en la sala una vida de mierda, que será olvidada en el insensible tiempo, tal vez te reconozcan y pases para posteridad, por personas que te recordarán y tendrán el mismo puto final, ¿quién sabe cuál sea nuestro propósito? ¿Quién sabe quién lo hará mejor? O ¿quién lo hará bien y quién lo hará mal? Todas son suposiciones de cómo vivir bien, entre reglas que nosotros mismos inventamos para siempre tener razón, es inmacular nuestra ignorancia, como el niño que esconde la mano después de aventar la piedra, tratando de tapar el sol con un dedo, ¿qué pasa si no hago nada? ¿Si muero mañana? ¿Qué pasa si no me importa un carajo? Son tantas preguntas que al final no me importan y sigo haciendo lo mismo día tras día, como si fuera una película, buscando el amor en otras personas, buscando la razón en las cosas, creyendo que estoy bien porque nada me interesa, mientras otros se revuelcan en su avaricia y su miseria, al final para que todos tengamos el mismo destino como si fuera una mala película, como si te contarán el final de tu libro y no hubiera nada que hacer, todos buscando la felicidad en cosas más mortales que nosotros, materiales y dándoles un valor inexistente, pero al final ¿a quién le importa? Al final ¿que pienso? Pienso en mi incertidumbre, en mi poca y pequeña existencia en una fracción de la infinidad del tiempo, sin sentirme solo porque todos me acompañan en esto, disfrutando la vida como si fuera una droga, olvidándome toda la mierda y haciendo que valga la pena, dándole un inicio y haciendo una buena historia para que valga el final, que importa si me olvidan mañana, si mis palabras se pierden en la eternidad, mi felicidad es más grande que mi necesidad de reconocimiento y mi ego. Se feliz, ten coraje, ten paciencia y haz que valga la pena.

Emilio Cabral.

*Fotografía: Henri Cartier-Bresson, Hyères, 1932.

10 camisas de hierro. Melina Aldana.

10 camisas de hierro para un alma de acero, fue tu obsequio para jurar “amor eterno”. Eran tiempos de aburrimiento cuando aprendí a levitar mi mente, aquí soy libre y hay bifurcación de pensamientos. Tú, dejas de tener rostro y sólo eres un cuerpo. Siento un malestar y veo como me agitas de lado a lado, lucho para no regresar, no me vence el dolor en el cuerpo, lo que me derrotan son tus lágrimas de amor. Perdí la noción, ha pasado mucho tiempo, me entero de tu pacto con el diablo, y regreso para estar a tu lado. He vuelto a sentir paz.

 

Melina Alejandra González Aldana.

*Édouard Manet – “En el invernadero” (1878-1879, óleo sobre lienzo, 115 x 150 cm, Alte Nationalgalerie, Berlín).

Los gemelos y la pérdida. Víctor Ávila

A Enrique Huerta Salazar

El padre de los gemelos, recostado en un montículo de zacate, apuntaba a un venado mientras su cigarrillo se consumía sin ser calado. Moreno, uno de los gemelos, respiraba con agitación mientras miraba hacia el venado esperando a que el balazo fuera certero. Blanco, el otro gemelo, contemplaba a su padre y se acomodaba el sombrero.

– ¡Carajo! – dijo el padre al fallar el tiro.

El padre se levantó y silbó para que se acercara su perro, este llegó jadeante. Le cedió el rifle a Blanco, Moreno pateó el pasto desprendiendo las raíces, tomó una, la puso entre sus labios agrietados y caminaron en busca de una nueva posición.

Caminando bajo el sol que los tostaba, los gemelos miraban los pasos de su padre, Moreno se preguntaba ¿qué demonios lo hacía verse más grande que los otros hombres? Mientras Blanco se preguntaba si su madre aún estaría mojando y peinando a sus rosales… ahora ya le pesaba el rifle en una cuesta.

– Aquí, Blanco, desde aquí, ves esos de allá… mátate uno hijo.

Blanco apuntó, disparó y mató a un venado.

El padre se echó a reír mientras acariciaba la cabeza del perro,  Blanco se volvía a acomodar su sombrero cuando Moreno le arrebató el rifle, exaltándose.

– ¡¿A dónde Papá?!

– Allá… para arriba Moreno, pero primero vamos a ver ese venadito.

Y lo vieron,  notaron que era una venada preñada, y el padre volvió a reír.

Retomando el camino, Moreno subía rápido por la colina junto con el perro, adelantándose a Blanco y a su padre. Cuando ellos lo perdieron de vista en la subida, en la cima se escuchó un disparo y un aullido.

– ¡Dios! ¡Moreno! – dijo Blanco y corrió rebasando a su padre que se había tropezado y descendía por la colina.

Moreno lloraba, su pierna estaba cubierta de sangre que empezaba a secarse con el sol, como la sangre de la cabeza de su padre; que brotaba de un hoyo del tamaño de una bala de caza.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Cuento publicado en el libro: Retratos en marco de piedra en el 2010.

** Jules Bastien-Lepage – “La cosecha” (1877, óleo sobre lienzo, 160 x 195 cm, Museo d’Orsay, París).

El uso de la sinrazón. Pablo Jara

Lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro. Dicho popular.

 

Las ofensas de los ofendidos, los ofendidos piensan que los sentimientos solo pertenecen a ellos, los demás son robots, los ofendidos no conocen la palabra dialogo, tampoco conocen la palabra perdón, a ellos sólo les interesa su dolor, seres egoístas que se alimentan de palabras no dichas, les es más fácil destruir que construir, la bandera de la incongruencia es con la que van de avanzada, es este mundo jodido sólo ellos son víctimas, escupen al cielo pretendiendo no saber que pasara, ya sabemos que a cada acción una reacción totalmente opuesta, la ofensa de los ofendidos es el desdén, el valemadrismo, alimentándose de un orgullo por si mismos pisoteado, ya habló Jesús de ellos: ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lucas 6, 41-42).  Los ofendidos no piensan en el futuro porque no tienen percepción del tiempo, y sin duda es mejor ser un vencido del tiempo que un ofendido sin tiempo.

Pablo Jara.

* Kerry James Marshall – “A Portrait of the Artist as a Shadow of His Former Self” (1980, temple sobre papel, 20 x 16 cm).