Mar. Melina Aldana.

Cuando estoy frente al mar hago tangible lo infinito navegando por profundidad mis pensamientos. Imagino lo que hay en la otra orilla, quizá una isla cerca del triángulo de las bermudas, con un riachuelo que desemboca al mar muerto.

Cuando mis pies palpan con la arena y las rocas, siento algo de satisfacción y al tocar el agua helada, me siento cargada de adrenalina, no tengo frío, lo que si me da es miedo.

Cuando conocí al mar, me recibió con un abrazo enérgico, era una niña, fui envuelta por una enorme ola que me arrastró y revolcó muchos metros.

El escenario fue hermoso, corrientes de agua fugaces a mucha presión, silencio absoluto, fue una lucha, segundos de guerra, supe que no era un pez y que no podía quedarme a vivir en las profundidades de ese lugar.

A menudo sueño con el mar, vienen a cubrirme enormes olas de 30 metros de altura y cuando están a punto de caer despierto.

No creo en supersticiones, pero escuché que los lunares en las palmas de las manos indican que morirás en ahogamiento, yo tengo uno en mi mano izquierda y mi esposo en la mano derecha, justo a la misma distancia de manera de que cuando los unimos se hace uno mismo, ahora que soy madre y que sé lo maravilloso que es alimentar con tu propio cuerpo, me siento tranquila y me gustaría envejecer frente al mar para morir ahí, y pasar una eternidad en lo profundo, justo después de donde se forma el oleaje.

*Peder Severin Krøyer – “Atardecer de verano en la playa de Skagen” (1899, óleo sobre lienzo, 135 x 187 cm, Colección Hirschprung, Copenhague).

Las boquitas. Cynthia Moreno.

Para  mis colegas.

A la una de la tarde,

del día siguiente,

nuestra boca era un pez.

 

En la noche vaciábamos

la humedad a las sombras

de los buenos hombres.

Alguna colega

nos gritaba ¡Vaya, putas,

que hermosas son!

Después se iba navegando

con un pirata.

 

Alborada en la tarde

y el mercado animaba.

Desayunamos

buche con lechuga,

para secar el mar,

de nuestra bocas.

 

Cynthia Moreno.

 

*Thomas Gainsborough – “Las hijas del pintor con un gato” (h. 1760-1761, óleo sobre lienzo, 75 x 62 cm, National Gallery, Londres)

La literatura. Víctor Ávila.

No era el libro, tampoco el editor, mucho menos el autor. No era el leer. Antes fue la escritura, quizá siempre, pero no por alguien, sino por ser. Quizá, también, la literatura se es.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Albert Anker, Rosa e Bertha Gugger, olio su tela, 1883.

Lo que te hace insoportable. Salinas Ulloa.

Lo que te hace insoportable no es la indiferencia que muestras cuando te alejas, insoportable cuando regresas como si no hubieras lanzado granadas, mucha crueldad, mucho veneno hay en eso, y aun así no puedo esconderme y pensar que esto no solía ser yo, hay algo maligno en tu divinidad, porque antes de ti había otras adicciones, y nunca me atormentaron, arrumbé la marihuana y te hiciste y deshiciste de mí, como la tortura de los mil cortes, como la peor droga, ahora puedo decir sabré olvidarte, estoy fumando.

Salinas Ulloa Portugal.

 

Reflexión. Emilio Cabral.

Desde pequeño siempre he mirado las estrellas, por incredulidad podría ser, esperando ver algo diferente de lo que veo todos los días, perdiéndome en el infinito, en ese vacío tan extenso, admirando la mota de polvo en la que vivimos y es todo para nosotros, tal como dijo Carl Sagan con la foto más lejana de la tierra “La tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Considera de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez oíste hablar, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.” Al final esa cosa tan pequeña es nuestro todo, no podemos seguir preocupándonos por cosas tan insignificantes, tan pobres de fondo, por darle tanto valor al dinero, al desprecio y al orgullo, al engrandecer cosas sin sentido, a preocuparse por un cuerpo perfecto, hay muchas cosas que no se pueden cambiar, no tratemos de comernos al mundo, no se trata de tapar el sol con el dedo, se trata de luchar no por un gasolinazo o por una mansión, ni en contra de un gobierno, se trata de luchar por la felicidad, por un bienestar, comienza con respeto, con educación, comienza con un “buenos días” diciendo gracias y por favor, por sonreír, por dejar a un lado todo por alguien o algo que ames, ten palabra y sostenla, protege tus ideales, tus creencias y así tal vez no cambies el mundo, ni siquiera al 1% de la población, pero cambiaras tu mundo, cambiadas tu vida, tu forma de pensar y vivir, cambiaras tu universo y verás que no somos tan insignificantes porque así, aunque no seamos nada, podemos cambiar todo.

Emilio Cabral.

* Giuseppe Pellizza da Volpedo – “Sol naciente” (1904, óleo sobre lienzo, 155 x 155 cm, Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea, Roma).