Dejar en ascuas. Víctor Ávila.

La pintura era de Diego Velázquez por su pincel, sus colores y su lienzo, sin embargo, se trataba del rostro del Papa. La descendencia de Inocencio X apreciaba, de igual forma, su demasiada verdad; Troppo vero! e imparciales y fulminantes le reservaron un encantador lugar en su Palazzo Doria-Pamphili. Resuelta, Cristina de Suecia, se hizo de un facsímil del Retrato de Inocencio, por deleite y también por los favores recibidos en su conversión. Después, como dijo ella, con el tiempo se sabrían los motivos de su abdicación; se presume, de esto, una gran mentira, se dice que fue un juego para la nobleza. Esta ficción y/o farsa se llevaría a la tumba, de la misma forma que lo hizo su confesor: el Padre Slavata. Pero no lo hizo su amigo y heredero universal el Cardenal Azzolino, que atiborrado, de un amor no concernido y ahora muerto, vertió toda su experiencia de criptógrafo para dejar un vasto legado de ascuas sobre cenizas.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

* Retrato del Papa Inocencio X. Diego Velázquez.

 

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