Acto de circo. Melina Aldana.

Al subir a la gran ruleta de madera no ato mis pies y las cintas de las muñecas las dejo un poco flojas, de esta manera aseguro mi escape cuando yo lo decida.
Empiezo a girar y los rostros se pierden convirtiéndose en luces fugaces, cierro mis ojos y viajo por infinitas estaciones.
Los accidentes no me preocupan ya me han atravesado algunos cuchillos y ninguno me ha matado. Para mí, son más peligrosas las dosis de auto decepción.

 

Melina Alejandra González Aldana.

* Edgar Degas – “Miss La La en el Circo Fernando” (1879, óleo sobre lienzo, 117 x 77 cm, National Gallery, Londres).

 

Corazón que no siente. Salinas Ulloa.

Volví a ver a esa morrita y recordé todo, esperándola a la salida de la secu, la siete,  me gustaba admirarla y dos veces al día tenía chance de verla, la primera ella entrando y yo saliendo, la otra 7:45 de lunes a viernes, la seguía de lejos, montado en mi rila para huir en cuanto me viera, pero lo bastante cerca como para seguir admirándola, nunca pude hablarle, esa cobardía día a día me perseguía, así durante dos años, mucha agua corrió y después de un puño de años la vi saliendo del mercado, escoltada por tres chamacos  y cargada de bolsas, reconocí su mirada, de los demás no había ya nada, y por el pasado le ofrecí mi ayuda, mamacita ¿te ayudo?, se dio vuelta, me escaneó de pies a cabeza deteniéndose en mis ojos por unos segundos para sólo gritarme ¡Nunca se te quitó lo mariguano! Y se alejó velozmente, lejos de estar avergonzado, sonriente levanté el porro que había arrojado al suelo y caminé muy Felipe, ella sabía de mí.

 

Salinas Ulloa.

*Mercado fragmento mural. Diego Rivera. Palacio Nacional

La persecución. Pablo Jara.

Todo se trata de eso, todos perseguimos algo, están los que lo intentan sin obtener lo que desean, o los que lo logran pero no les importa, y los que ni idea tiene de que persiguen, cuando camino por calles donde hay demasiada gente me entretengo en observar rostros, me siento en la plaza a observar cientos de ellos, trato de adivinar o descubrir si alcanzaron lo que buscaban, o si aún no lo logran, se nota en la mirada, todo gira alrededor de ello, y en medio nosotros, lidiando con personas sin corazón que no han entendido la vida, yo, una parte de lo que perseguía ahora la resguardo en casa. ¿tu, si sabes lo que persigues?

 

Pablo Jara.

*Alexei Sundukov – “La cola” (1986, óleo sobre lienzo, Museo Estatal Ruso, San Petersburgo).

 

Flores marchitas. Pablo Jara.

Tal vez hoy sea tu cumpleaños. Tal vez no tengas nada que festejar. Las flores no sirven para los muertos y para los vivos todo se marchita velozmente. Pasaran treinta o más años y la creación no se detendrá. El tiempo sólo debe servir para mejorar, no aprender, no necesariamente sé es mejor cuando se aprende. Recuerdo que desperté alterado, soñé con el frío diciembre o con este día. No llegué a enero. Desperté.

Pablo Jara.

 

*Winter stream. Laszlo Neogrady. (1900, 1962).

 

Fluir. Pablo Jara.

Así como el placer de la escritura me permite matar osos a golpes, o ganar una pelea callejera contra cinco, también me permite montarme en olas inmensas para dejarme caer por horas, sin ningún temor, la caída convertida en inicio, las palabras me llevan de un lugar a otro, como en un baile, fluyo como pez en el agua, me acerco a todo, sin alejarme de nada, fluir en ellas mientras la vida me lleva es mi forma de ir en su contra, no divido en tiempo, divido en fracciones.

Pablo Jara.

De nuevo extraños. Emilio Cabral.

Como un último suspiro, una última bocanada al cigarro, un último trago del nuevo abstemio, así fue nuestro último beso, con un sabor amargo, sin muchas palabras, con una mirada sincera y un cuerpo olvidado, miramos nuestras almas, conocimos todo uno del otro, con un poco de misericordia, sin vehemencia ni rencor tomamos nuestras manos y nos besamos, terminando ese abrazo que queríamos que fuera eterno, las cosas fueron fáciles en sus tiempos, tiempos malos y tiempos buenos, a quien le importa, pero al final nos ganó, nos consumimos completamente, simplemente agachamos la mirada, con una ligera sonrisa con la boca entre abierta para no hacerlo tan agrio o ácido, fue como una pequeña cucharada de azúcar en ese sorbo del americano, un poco de dulzura entre el alimento putrefacto, las cosas estaban perdidas y fue un gesto amable, un adiós sin palabras y un hasta nunca tácito, no lloramos, ni juzgamos, lo aceptamos, sabíamos que habíamos hecho lo posible, lo disfrutamos desde el primer día y esto nos hizo ahora de nuevo extraños sin amor, así nos despedimos con un último te quiero, una última mirada, un último beso, un último abrazo y un último adiós.

Emilio Cabral.

*Landscape with the Fall of Icarus. Pieter Brueghel the Elder (1526/1530–1569) Royal Museums of Fine Arts of Belgium, Brussels.

Ellas. Salinas Ulloa.

Caminando de regreso  matando un porro silencioso, sin nadie alrededor  y yo sólo pienso en ellas, ellas me llaman misógino. Yo sin saber qué diablos es eso pienso mucho en ellas, y veo la piltrafa que dejaron de mí, me observo y recuerdo al monas, siempre con su trozo de estopa en mano, goteando tinher, inhalando hasta llenar sus pulmones y voltear su cerebro, algo pasaba, iniciaba la metamorfosis, desorbitado tiraba la estopa al asfalto, una relación muy peligrosa, como la mía con ellas, yo me sentí como esa piltrafa de estopa.

Salinas Ulloa Portugal.

* Peter Paul Rubens – “Saturno devorando a un hijo” (1636-1638, óleo sobre lienzo, 182 x 87 cm, Museo del Prado, Madrid).

 

 

¿Cuándo murió Fidel? Pablo Jara

“No hay nada más difícil que defender a la Libertad de los libertarios” Octavio Paz.

Por lo regular no me voy a la ligera, ni para donde sopla el viento, menos para donde tira la mayoría, lamentablemente me pongo a razonar, me enojo y me da por recordar, a la bestia que vive en mi trato de calmarla con razones, aunque regularmente sale a cubierta, la controlo más que en el pasado, me avergonzaría hablar sin pensar,  podría estar engañándome y dándome una impresión equivocada, y aunque hay personas que hablan sin pensar o sin conocimientos  no llegan a incomodarme, sin embargo no puedo dejar de gruñir aunque sea un poco ante las personas que conociendo la historia, la de vencedores y la de los vencidos se hacen de la vista gorda y celebran hechos opuestos a la libertad que dicen pregonar.

A los treinta y tres años llego al poder Fidel, si, como héroe, comandando a los barbones, liberando a su pueblo, y sí, todo suena muy bonito, pero Fidel murió de noventa años, la mayor parte de ella disfrutando las mieles de una revolución que como la Mexicana no sirvió de nada a la mayoría, mis compatriotas odian a Porfirio Díaz por haber estado como todopoderoso por poco más de treinta años y jodiendo a la raza, y del  Comandante no dicen nada, incluso lo enaltecen, prohombre, enamorados y celosos del poder, ambos ejecutando  esa ley porfirista de “Mátalos en caliente” y “después averiguas”, frase que representa la represión a todo tipo de oposición bajo el gobierno de estos dos hombres, y aunque hay ocasiones en que parece que no la tenemos, hay que festejar que yo tenga la libertad de escribir estas palabras, algo que los cubanos no pueden hacer, así que cuando murió Fidel yo no puedo celebrar, no pude lamentarme tampoco.

Pablo Jara.

 

Vaya lío. Víctor Ávila.

 

En el diccionario de María Moliner se lee sobre la voluntad: Facultad del alma con la que quiere o elige unas cosas y rechaza otras, y gobierna los actos del ser animado por ella. Mientras que Schopenhauer opina “La voluntad es el impulso ciego, oscuro, y vigoroso. Sin justicia y sin sentido.”

Vaya lío si hablara de mis sentimientos. Pero escribo sobre la literatura.

He estado leyendo, o al menos tratando, a la novela. Sus marañas me llevan a confundir su propósito y doy mera interpretación fallida. Estoy gobernado por el relato; no se trata de extensión, sino de lo delicado, su tiro y su acierto.

En un impulso voy a lo arbitrario y a la simpleza. Soy, en ocasiones, de voluntades breves o efímeras.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Cornelis Cornelisz. Van Haarlem – “La caída de los titanes” (1588-1590, óleo sobre lienzo, 239 x 307 cm, Statens Museum for Kunst, Copenhague).