Escríbelo, encadénate y libérate. Pablo Jara.

Para ser verdaderos es preciso que seamos tal y como nos imaginan los desconocidos.

Salvador Elizondo.

Escribir para uno mismo es igual que escribir para desconocidos, debe ser sencillo pues para ellos solo eres palabras y más palabras, pero eso tal vez sea lo único que somos y a la vez todo lo que somos, solo unas cuantas palabras nos definen ¿entonces por qué mostrar lo que escribes?, sobre todo con quien no tenemos trato, razones habrá por montones, se trata de ser lo que escribes ya que las escritura nos delata, si lo haces honestamente te revelará aunque no lo pretendas, y eso no debe ser problema si nos sentamos a escribir pensando en nadie más que en uno mismo, enclaustrado en mí puedo mostrarme más que estando en multitudes, encerrado en mí no me importa lo que de mi salga, de eso se trata, de verse uno mismo como un desconocido que tiene algo que decirse, y todos tenemos algo que decir, quien escribe lanza la primera piedra, con la que probablemente será golpeado, así que no importa que digas ni como lo hagas, a un desconocido no lo puedes engañar, debe ser tu propia mano la que te describa.

Pablo Jara.

*Rafael Coronel. Serigrafia-92-x-70-cm-ed-22-de-100.

 

Sin título. Melina Aldana.

La primera vez que me casé contigo mostraste 10 maneras diferentes de como amarte.
La segunda vez que nos casamos  te mostraste desnudo y vi 100 maneras para no amarte más.
Mi elección fue escribir cada una de tus arrugas hasta que alguno de los dos se enamore de la muerte.
Mientras ese momento llega, disfrutaré tus manos tan simétricas  que me dan calor en momentos de tempestad.
También me escarificaré al corazón cada historia, porque ya no queda espacio en la memoria.
Gracias por regalarme esa templanza heredada a la primera de nuestras hijas y gracias por darle esa forma craneal tan peculiar y sobre todo el gusto musical a la segunda hija.
Sé lo que es no despertar junto a ti,  creo que jamás me gustaría sentir ese vacío, el destino nos favorece amor mío, sigamos gozando.

 

Melina Alejandra González Aldana.

*Anónimo pompeyano – “Terentius Neo y su esposa” (50-79 d.C, pintura al fresco, 65 x 58 cm, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles).

Canción. Allen Ginsberg.

Canción

Allen Ginsberg

El peso del mundo

es el amor.

Debajo de la carga

de la soledad,

debajo de la carga

de la insatisfacción

el peso,

el peso que llevamos

es el amor.

¿Quién lo puede negar?

En sueños

toca

el cuerpo,

en los pensamientos

construye

un milagro,

en la imaginación

se angustia

hasta nacer

humano-

mira desde el corazón

ardiendo de pureza-

porque el peso del mundo

es el amor,

pero llevamos la carga

con agotamiento,

y así es que debemos descansar

en los brazos del amor

al fin,

debemos descansar en los brazos

del amor.

No hay descanso

sin amor,

no hay sueño

sin sueños

de amor-

estés loco o tiritando

obsesionado con ángeles

o máquinas,

el último deseo

es amor

-no puede ser amargo,

no puede negarse,

no lo podemos retener

si se niega:

su carga es demasiado pesada

-debe dar

sin recibir

como el pensamiento

se da

en soledad

con toda la excelencia

de su exceso.

Los cuerpos cálidos

brillan juntos

en la oscuridad,

la mano se mueve

al centro

de la carne,

la piel tiembla

de felicidad

y el alma viene

alegre al ojo-

sí, sí,

eso es

lo que quería,

lo que siempre quise,

lo que siempre quise,

regresar

al cuerpo

en donde nací.

 

San José, 1954.

*Pablo Picasso – “Bebedora de absenta” (1901, óleo sobre lienzo, 73 x 54 cm, Museo Hermitage, San Petersburgo).

**Comparte Melina Alejandra Gonzalez Aldana.

Olvídate. Emilio Cabral.

Mujer olvídate de esos cuentos de hadas,  de amores eternos y de Príncipes azules, mujer no te hagas a la idea de perfecciones, olvídate de prejuicios, del “que dirán”, olvídate de tu cuerpo, no necesito que seas delgada o tengas grandes curvas, olvídate de todo y amemos, amemos no eternamente, amemos lo que queramos amar, no nos preocupemos del tiempo. Mujer yo no soy el hombre perfecto, pero tampoco quiero a la mujer perfecta, sal sin maquillaje, no me importa, no es indispensable para ver tu alma, para amarte sin prejuicios. No seas mi felicidad mujer, ni si quiera te empeñes en hacerme más feliz, mejor compartamos nuestras felicidades y porque no, también las tristezas, olvidémonos de todo mujer, amemos sin pensar, sin decir ni una sola palabra, no me pongas apodos, no me tomes de la mano, no me beses en público, no publiques tonterías en Facebook, una mirada tuya me basta para saber cuánto me amas. Mujer quédate a mi lado el tiempo suficiente, al final cuando nos tengamos que alejar y perder, no serás un recuerdo, ni una historia que contar, no habrá rencor, ni falsedad, seguirás siendo parte de mi vida y mujer si quieres olvídame, pero no te olvides de como amar.

 

Emilio Cabral.

* Akseli Gallen-Kallela – “Niño con cuervo” (1884, óleo sobre lienzo, 80 x 72 cm, Ateneum, Helsinki).

 

Dentro del ventanal. Cecilia Ávila.

Cuando era más jovencita un día visite a mi abuelita muy de mañana. Recuerdo el clima perfectamente, ya que era una bella estampa de luz para mí y lo que me sucedería años más adelante lo haría inolvidable. El sol era tiernito, marcaba un suave calor en mi piel y le daba unos colores naranjas atoronjados a la casita de mis abuelitos. Ya de principio sabias que había amor ahí dentro. Al llegar ya se escuchaban a los pajaritos cantar fuertemente, vivos, llenos de energía. Había cuatro o más especies distintas. ¡Cómo el gustaban! Además tenía pericos. Uno ya muy viejo que poco después moriría, pero que lo tenía desde que yo era muy pequeña. Toqué la puerta blanca que tenía un pequeño ventanal que me dio la fotografía de aves y su enorme jaula blanca. No tardó mucho en aparecer mi abuelita sin sus lentes. Raramente la veía sin ellos. Pero lo que era fascinante, era verla con su cabellito suelto, blanquito y muy largo. Bello. Mientras me reconocía y preguntaba quién tocaba yo alcanzaba a oler todo ahí dentro aunque yo estuviera afuera. Los olores de una casita vieja y limpia, ya que era una hora donde ella y mi tía comenzaban los quehaceres del día. Jamás olvidaré que la vi bonita,  con un mandil diferente al anterior. Cuando entré a su casa le besé la mejilla, tierna, suave, arrugada libremente y olí su vejez. Quisiera pensar que ella escogía esa música que daba un acogedor ambiente a la fresca mañana. Se oía a Javier Solís o quizás era José Alfredo Jiménez. ¡Qué cosa más bonita era eso! La seguí a la sala para ver que hacía. No se sentó. Se puso cerca de la escalera y le gritó a mi tía que bajara. Yo feliz por haber ido tan temprano y descubrir esos detalles. Ella me guio hacia la cocina mientras se recogía su débil cabello canosito, y sin que me diera cuenta, ya lo había trenzado tan perfectamente y me percate que sólo uso dos o tres pasadores, sacados de su mandil para sujetar su trenza… ¡Dios! A eso le llamo herencias en vida. Me emocioné por ir a su cocina y puse una sonrisa que ella no notó y quería comerme todo lo que ahí hubiera, yo era regordeta y muy feliz. Sólo había que esperar. La pequeña tele de la cocina estaba apagada. Sabía que si la prendía estarían las películas en blanco y negro de los ídolos de México. Pero sólo ella caminó hacia su estufa y puso agua caliente para darme café y ofrecerme un pan con nata y azúcar.

Ahí se corta mi memoria.

Ahora, que por las frías mañanas que esta época me ofrece, esos mismos colores y esa estampa de luz que recuerdo,  pongo muy temprano esa misma música y escucho atentamente el canto fuerte y vivo del canario blanco que heredé de mi abuela, con su bella trenza y sus lentes, después de su partida.

Cecilia Ávila Velázquez.

Ejercer el poder. Pablo Jara.

Ejercer el poder corrompe, someterse al poder degrada. Mijail Bakunin

“You Never Got Me Down Ray” Jake LaMotta

 

Por lo regular estamos nadando entre pirañas, en un mar de privilegios e injusticias, donde el chueco avanza más rápido y por lo regular ganando, ¿porque se tuerce? ¿Dónde se pudrió ese Ser? suponiendo que todos vengamos a este mundo en verdad inocentes, tenemos entonces que culpar al entorno o la vida que a cada quien le toca rodar, semillas mal plantadas dan frutos podridos, necios sin temor a morir, sin conocer lo que es morir, avanzan despreciando y alardeando sin conocer su final, con una idea errónea del amor, sin conocer el amor, ellos simplemente no estarán listos, moral torcida, lo inmoral les es gratificante, lo disfrutan, a diario observo el ritual de ese hombre de persignarse tres veces seguidas, besar la cruz antes de iniciar su día laboral, protegiéndose para poder joder en paz, con la ley de si no eres mi amigo eres mi enemigo, por unos cuantos pesos joden, ¿y así veneran a su dios?, estoy seguro que cualquier dios que se respete no alentaría este actuar y si ese dios existiese sería necesario abolirlo como diría ese anarquista ruso, y aunque dicen que las cosas caen por su propio peso, me enojaría no ver su caída desde primera fila y sin embargo pensar en ello me empobrece, torciendo algo en mí, y ¿entonces cómo podría escribir de ellos?, el placer de la escritura.

 

Pablo Jara.

 

Celopatías Arrítmicas. Melina Aldana.

Al poner  un pie al exterior sabremos muchas cosas. Por ejemplo: si le pican los rayos del sol causándole una comezón incómoda pero tolerable, sabrá que es primavera y las aves sabrán también que ha llegado la canícula, porque perderán su pudor cuando se queden sin plumas.

Cuando la humedad nos arribe como un anuncio precautorio y algunas gotas de agua se sientan por nuestro rostro, sabremos que llegó el verano y con él los zancudos, sólo las hembras se posaran de humano en humano enterrando ese aguijón, transmitiendo  muchas enfermedades, buscando la supervivencia, si usted es pinchado sentirá esa comezón incomoda pero tolerable aun.

Ha llegado el otoño porque mi árbol enfermó de calvicie y dejó todo el asfalto cubierto de sus cabellos amarillos, se sabe porque cada año veo sufrir a la humanidad, por síntomas  como: las celopatías arrítmicas, las personas se vuelven locas en temas de amor, la pelea por el control los destruye, quedan hechos pedazos, mutilan y torturan herida sobre herida, sus delirios se vuelven peligrosos. Entristezco, quisiera encontrar un cura y no la sé.

Lo que sí sé, es que la posesión tiene que ser tangible, por lo tanto, la posesión entre humanos no existe. Algo que nunca será tangible y será más fuerte que la posesión es el compromiso.

Uso un abrigo y sé que ha llegado Diciembre. Hay tanto que celebrar.

 

Por: Melina Alejandra González Aldana.

*John Everett Millais – “Hojas de otoño” (1856, óleo sobre lienzo, 104 x 74 cm, Manchester City Art Gallery).