Los pequeños detalles. Alex Pelayo.

Hay muchas cosas de ella que me gustan, por ejemplo el color avellana de sus ojos o esa cascada de pelo que cae hasta mitad de espalda. Podría decirse que me apasiona su mirada y que su sonrisa me hace sentir ternura y amor. Pero tengo que decir que en realidad son los pequeños detalles los que me hacen enamorarme cada día más de ella.

Esos pequeños detalles de los que ella apenas es consciente y que la hacen ser perfecta para mí. Uno de ellos es esa manera que tiene de colocarlo todo en perfecto orden y equilibrio a su paso; es muy graciosa por qué cuando está estudiando o haciendo algo que requiere que este concentrada siempre tiene esa manera adorable de sacar la punta de la lengua, mordiéndosela suavemente. O cuando se mordisquea el labio inferior cuando está inquieta o preocupada. Puedo saber exactamente lo que le gusta porque siempre se le escapa un pequeño mmm, es una especie de susurro mientras cierra los ojos con cada bocado. ¿Sabrá ella lo dulce y divertida que es la manera que tiene de hacer gestos cuando cree que nadie la mira?

A veces cuando estamos reunidos con nuestros compañeros simplemente me gusta mirarla por unos segundos, sabiendo que es feliz y que se siente en paz sólo por el color rosado de sus mejillas o por la sonrisa sincera que tiene, escuchando las historias que los demás tienen que contar. ¿Y esos suspiros que a veces se escapan entre sus labios? Le gusta olerse el pelo, lo hace a menudo, agarra un mechón, lo huele y luego, como no, lo coloca en su sitio.

Sé que mis ojos nunca se cansaran de su belleza y que seguiré enamorado de cada uno de esos detalles que la hacen ser tan única y especial. Me pregunto si yo también tendré algún tic que le haga sentir como yo me siento. La he visto dormida a mi lado, sonriente como siempre. ¿Soñará conmigo? ¿Soñará con una vida juntos, tanto como yo lo haga?

Por Alex Pelayo.

Hope 1886 by George Frederic Watts 1817-1904

George Frederic Watts – “Hope” (1886, óleo sobre lienzo, 142 x 111 cm, Tate Britain, Londres)

Crítica del conservador contemporáneo. Enrique Husim.

Antes yo era tan tonto e ingenuo que consideraba inteligentes a las personas porque sabían mucho de literatura, arte y de teatro, y  es que cuando te topas con alguien que sabe de esas cosas, pues te cuesta trabajo llegar a averiguar si es estúpido o no. En el caso de algunas personas me llevó muchos años darme cuenta de lo estúpidos que son, de lo habladores que son, de lo ignorantes que son. Aun así, la culpa es mía, pues creo que lo hubiera sabido mucho antes si no hubiera pasado tanto tiempo con ellos admirándolos y tratando de entender su enfoque y apreciación, ahora comprendo ese enfoque, es insulso y comercialmente ridículo. Por eso es que no me impresiona cuando dicen que se graduaron de artes visuales, no me impresiona cuando dicen que ganaron el premio Nacional de Poesía Aguascalientes, no me impresiona cuando dicen que salieron de los talleres de apreciación y creación literaria del estado, etc… No me mal entiendan, está muy bien que terminen sus proyectos artísticos y literarios, es solo que yo, en lo personal no los entiendo, no entiendo su arte moderno, ni su literatura contemporánea, mi apreciación es distinta.

Enrique Husim.

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Espera. Oliverio Girondo.

Esperaba,
esperaba
y todavía
y siempre
esperando,
esperando
con todas las arterias,
con el sacro,
el cansancio,
la esperanza,
la médula;
distendido,
exaltado,
apurando la espera,
por vocación,
por vicio,
sin desmayo,
ni tregua.

Para qué extenuarme en alumbrar recuerdos
que son pura ceniza?
Por muy lejos que mire:
la espera es ya conmigo,
y yo estoy con la espera…
escuchando sus ecos,
asomado al paisaje de sus falsas ventanas,
descendiendo sus huecas escaleras de herrumbre,
ante sus chimeneas,
sus muros desolados,
sus rítmicas goteras,
esperando,
esperando,
entregando a esa espera
interminable,
absurda,
voraz,
desesperada.

Sólo yo…
Sí!
yo sólo
sé hasta dónde he esperado,
qué ráfagas de espera arrasaron mis nervios;
con qué ardor,
y qué fiebre
esperé
esperaba,
cada vez con más ansias
de esperar y de espera.

Ah! el hartazgo y el hambre de seguir esperando,
de no apartar un gesto de esa espera insaciable,
de vivirla en mis venas,
y respirar en ella
la realidad,
el sueño,
el olvido,
el recuerdo;
sin importarme nada,
no saber qué esperaba:
siempre haberlo ignorado!
cada vez más resuelto a prolongar la espera,
y a esperar,
y esperar,
y seguir esperando
con tal de no acercarme
a la aridez inerte,
a la desesperanza
de no esperar ya nada;
de no poder, siquiera,
continuar esperando.

Oliverio Girondo.

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*Oliverio Girondo (1891-1967) nace en Buenos Aires, Argentina. Poeta.

**Comparte Melina Alejandra González Aldana.

***Herbert Badham – “Breakfast Piece” (1936, óleo sobre tabla, 83 x 71 cm, Art Gallery of New South Wales, Sydney).

 

8 ½ de Federico Fellini. El Conde Filmstrosky.

Advertí la existencia del cine de Federico Fellini gracias a un comentario de Almodóvar por el año de 2002, yo casi tenía los 16 años y empezaba a amar las películas italianas, francesas y españolas. Esa vez leyendo una entrevista que se le hacía a Almodóvar sobre su reciente película Hable con ella, mencionaba de forma vaga y discreta a Fellini, algo sobre cierta influencia en su película… Investigue un poco más enterándome del latente poder cinematográfico que poseía Fellini sobre algunos sobresalientes directores de cine y sentí el deseo de ver su arte, así que me propuse apreciar alguna de sus películas un día de esos. Pero no ocurrió hasta once años después, en el 2013. Se presentó 8 ½, al azar, un día cualquiera, apareció en una página de cine que frecuento y decidí verla esperando algo agradable, desconocía la trama, actores, argumento, etc. Sólo le sabía a Fellini su grandeza contada por otros, la descargué y al finalizar un domingo la vi. Antes de llegar a la mitad de 8 ½  ya lloraba por nostalgia de una Italia que nunca he visto, lloraba con recelo a la vida, lloraba ante lo absurdo, después me limpiaba los ojos, miraba a Marcello Mastroianni y recordaba ser yo en otro tiempo, entonces volvía a llorar, después admiraba y escuchaba, en su vulgar italiano, a Sandra Milo y la amé más que a las otras hermosas mujeres de Fellini, como Anouk Aimée y sus ojos tristes o a Claudia Cardinale con sus lindos labios y esa forma de hacer enterarnos de su bondadoso pecho. Lloraba de felicidad y fumaba mucho. Entendí el delicado e irónico gusto de Almodóvar y Fellini por las mujeres, cosa que no se trata de influencias, sino de placeres. Disfruté de 8 ½ como muchas otras películas me han colmado de felicidad. Estoy orgulloso de ver algo de Fellini en estas edades, más pequeño quizá lo malinterpretaría… pero no, yo amo a Fellini y a su cine, amo a la Italia que él veía y lo que me embriaga de placer es saber que tengo mucho cine del Federico Fellini para el resto de mi vida si me voy con calma.

5/5 Estrellas.

El Conde Filmstrosky.

 

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En los comentarios comparto un link que los llevará a su descarga. (No es de mi propiedad, ni de los chicos sexys de Efebos.)

 

Debimos atenernos. Pablo Jara.

No debemos atenernos al autoengaño, eso no servirá en el segundo final, alejarnos de la razón para encontrarnos con el mito, la historia ha demostrado que lo llamado racional ha dejado más muertes que lo irracional, ser así ante la muerte es la victoria, el imaginarse muerto nos puede sofocar, pero hay que admitirlo, somos mortales, no delires, no lo olvides y vivirás feliz.

Por Pablo Jara.

Nebuchadnezzar 1795-c. 1805 by William Blake 1757-1827
Nebuchadnezzar. William Blake.

Lo que otro precisa. Emilio Cabral.

La soledad es incómoda porque quieres escapar de ti mismo, de olvidarte. El silencio te incomoda sin sentido, sientes paranoia, prefieres estar leyendo, escribiendo, bebiendo, para no enterarte de quien eres, salir de tu realidad. Ya no te cuestionas, ya no reflexionas, no formas tus propias ideas y terminas tomando las de otros, cuestionando lo que todos se cuestionan y pensando en lo que todos piensan. Cayendo en la sociedad donde quieren que pienses que sí lo haces. Así que si la soledad te incomoda en tu vida, no tienes lo que quieres, tienes lo que otro precisa.

Por Emilio Cabral.

Exactitud-y-Precisión

A peces. Alex Pelayo.

No he parado de dar vueltas en tu pecera. Siempre he estado enamorado de ti. Desde que me trajiste en una bolsita con agua a tu pecera. Siempre tan encantadora, una pecera para mí sólo. Tan bonita, tan limpia, un barco hundido y un tesoro medio enterrado. Sé que no soy el primero, sé que te quiero. Que me gusta cuando te acercas a darme comida, esos manjares en laminitas. Y vienes despreocupada, semidesnuda con una toalla rodeando lo justo de tu feminismo. E irremediablemente, estoy mojado, de arriba a abajo. Me gusta verte leer, con esa lamparita al lado del escritorio donde te sientas. Y cuando te duermes entre un verso y otro. Paso horas memorizando tu cuerpo y tu rostro. Voy de un lado a otro. Rezo todos los días para que un milagro, me convierta en tritón. Aunque me conformo con vivir contigo, sin decir nada. Porque si llego a ser un tritón, algún día, podrás besarme, tocar, desear y rezar para que algún día deje de ser un simple tritón. Es posible que no ocurra, sólo soy un pez enamorado que quiere ser tritón. Estoy enamorado desde aquel día en que me trajiste en una bolsita.

Alex Pelayo.

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