El tiempo I ¿Qué hora es? Víctor Ávila.

I

¿Qué hora es?

La Eternidad está enamorada de las obras del tiempo.

William Blake.

Se pide la hora para saber sobre el tiempo. ¿Qué hora es? La pregunta se hace en voz alta y se asiste al presente con sólo saberlo. La exactitud puede variar, casi siempre se trata de un tiempo que acaba de ocurrir, no hace mucho, sólo hace unos segundos, es un tiempo de instante. Pedir la hora se trata de cuando se tuvo la duda de que hora era, también del tiempo que tardó en conseguirla y la respuesta ya nos ha dado otro tiempo, otra hora. Cuando se pide la hora se está pidiendo el tiempo y no otra cosa. En muy rara ocasión uno puede llegar a preguntarse sobre el tiempo que ya pasó, por ejemplo “¿hace dieciocho minutos que hora era?” Cosa absurda sería si no se tiene una finalidad sobre su presente, pues el querer saber que tiempo hizo en el pasado es como querer saber que tiempo hizo hace tiempo, cuando se desconocía el tiempo, pero ahora importa aunque ya haya pasado el tiempo… Sin embargo, sería un poco más sensato, si reconocemos que el paso del tiempo fue el peldaño para un tiempo presente y que al final de esa escalera está el futuro, que no es otra cosa más que el tiempo que sucederá.

Se pregunta también ¿Qué hora tienes? Ninguna. Nunca se tiene una hora, ni el tiempo se detiene para pertenecerle a alguien, entonces, tener la hora es un símbolo que cada quien descifra, pues cree que al preguntar qué hora tiene otra persona, ya se da por hecho que el tiempo es de esa persona y no suyo, desconoce el tiempo en el que vive y niega la posesión que es obvia y que se otorga de forma natural. Más valdría preguntar a los que portan un reloj ¿Qué hora tengo? Cosa graciosa que confundiría al momento dejando pasar más tiempo.

Se debe considerar, en cada reflexión que se haga del/sobre/para el tiempo, que se trata de una progresión y que nuestro tiempo aparente, aquel que suponemos por opinar que conocemos de su medida, nunca será el tiempo real, a veces se acierta y otras tantas es un error de percepción. No hemos logrado descifrar su velocidad, ni acertar sobre el peso que arguye, a favor o en contra, en nuestras vidas.

Al tiempo no lo hemos interpretado con refinamiento, ni siquiera cuando la medida de este es una de las primeras actividades intelectuales de la humanidad. A diferencia de varios hombres, yo aún no tengo el tiempo medido. Ahora les devuelvo su tiempo para que continúen con su presente, si es que tienen la perspicacia de distinguirlo con claridad. Siendo así: en hora buena, usted es un chingón.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Samuel van Hoogstraten – “Hombre con barba asomado a una ventana” (1653, óleo sobre lienzo, 112 x 88 cm, Kunsthistorisches, Viena)Samuel van Hoogstraten – “Hombre con barba asomado a una ventana”(1653, óleo sobre lienzo, 112 x 88 cm, Kunsthistorisches, Viena)

 

 

 

 

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