Cera en los oídos

Las campañas electorales ya jodieron a todos, la mayoría hasta al hartazgo, tal vez con excepción de los que están mamando de ella o piensan hacerlo, si sabemos que nada es lo que se dice, que una cuchara tiene más profundidad que los conocimientos de estos candidatos, el poder seduce, no el bien social, las alianzas son cínicas e inmorales, si un partido político está lleno de triquiñuelas, entonces dos partidos ideológicamente opuestos que se unen tan sólo por tener poder por el poder son doblemente inmorales,  candidatos cortados con la misma tijera, grises y acartonados, no removerán ninguna estructura,  si este es el negocio, no vamos a matar a la gallina de los huevos de oro, la bendita democracia de  hagamos bola y tendrás beneficios, eso no suena nada bien para alguien que detesta el estar entre multitudes, que odia el contacto con otros hombres, la dictadura de la mayoría.

Hasta la guerra sucia está desabrida, insípida, ni para enlodar al otro son creativos y eso que tienen años de experiencia, pero que podrían reprobar  de los otros que no sea reprobable en ellos mismos, de acuerdo se ponen para atacarse, estoy seguro que en sus reuniones privadas, esta clase política entre botellas y sonrisas  acordaran fingir, pero no mataran la gallina. Y en las siguientes elecciones otra vez las avenidas atestadas de banderas y melodías pegajosas, tristes ideas, derroche y el mismo juego democrático.

Los Partidos políticos dicen ser diferentes, tener las ideas más brillantes, los mejores candidatos, no importa con quien ni como, los independientes sin la estructura de los partidos no lograran nada, simplemente justificar un poco el juego, pero al final todos son como esas sirenas que seducían con su canto a los marineros, no esperemos que mareados de tanto vaivén puedan elegir acertadamente, es mejor mantenerse alejado o con cera en los oídos.

Por Pablo Jara

guau

Pale Blue Dot o El punto azul pálido.

 

 

Compartido Por Emilio Cabral.

Se comparte este vídeo con fines de expectación. El vídeo no pertenece a Efebos, ni a ninguno de sus lindos colaboradores.

Dejemos que Carl Sagan y el youtubero nos cuenten algo bonito.

CRÉDITOS DEL VÍDEO
-Guión, voz, grabación, edición y producción:
Espelufrio.

Una poca de gracia

“Para bailar la bamba

Se necesita una poca de gracia

Una poca de gracia y otra cosita

Ay arriba y arriba, ay arriba y arriba

y arriba iré, yo no soy marinero

Yo no soy marinero. Soy capitán…”.

La Bamba, Son Jarocho.

 

Cuando era un niño de seis años les canturreaba la Bamba a mis familiares en las reuniones, no la de Ritchie Valens, sino la del son Jarocho. Les cantaba sin pudor y sonreía, mi voz era en ese entonces la de una mujercita tierna y eso hacía más dulce el son. Después, más grande, descubrí la guitarra y lo primero que aprendí a tocar fue el requinto de la Bamba, pero no del son Jarocho, ahora sí, el de Ritchie Valens. Dejé de cantarla porque nunca me castraron y mi voz perdió el timbre y la fuerza hasta ser una súplica gangosa que se desinflaba con el paso de la pubertad… al ser un adulto volvió a medias la voz delgada y alegre, pero el miedo a la burla dominó mis cantos y los privó de ser escuchados por otros. Ocho años de silencio han servido para encontrarme de nuevo con el son Jarocho. Me gusta su regocijo, la verbena de sus letras y el júbilo de no pertenecerle a ninguna patria, ni a ninguna bandera, aunque la historia diga lo contrario. Los sones le pertenecen al hombre que aprendió a escuchar, al hombre que aprendió a cantar.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

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Intestino

Si buscas el amor no escribas acerca de él, las letras no te acercaran a nadie, las frases dulces atraen tanto a abejas como a moscas, para unos miel para otros mierda. Dedícate a sufrir y tendrás mucho que decir, no seas autocomplaciente y ponte a llorar. En este mundo de ciegos tu luz no iluminara nada, siente el gruñir de tus intestinos, las vísceras son como la obra de cien artistas malos, que dicen más que el corazón de un genio.

Pablo Jara.

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Corazones…

El chico se sentó en el banco de aquel parque antiguo y ni siquiera se dio cuenta de que había alguien a su lado. Pasaron 5 minutos hasta que el hombre que le observaba se interesó por él. – ¿Va todo bien, hijo? Preguntó. El joven le miró sorprendido, y movido por la ternura que le inspiraba aquel hombre tan mayor, decidió compartir sus dudas. – ¿Usted cree que tenemos una media naranja? El viejo sonrió y contestó – No. Lo de la naranja es una alteración de la historia real. Lo que sí existe es un único corazón en el mundo que late exactamente al mismo ritmo que el nuestro. Y cuando lo encuentras… todo encaja. Sientes una paz indescriptible y el resto de corazones pasan a un segundo plano. Aquél es, para siempre, el que marca el compás. Hay personas que lo buscan durante toda su vida. Algunas se unen a corazones que son casi iguales al suyo y creen haberlo encontrado, otras se juntan con corazones absolutamente desacompasados y se condenan, para siempre, a sentir que les falta algo. Y son solamente unos pocos los que consiguen encontrarlo. Pero no te engañaré, la mayoría de gente muere sin conocer la sensación de encontrar al corazón que conecta con el suyo. El joven replicó con curiosidad: – Pero, ¿cómo sabemos si es realmente nuestro corazón gemelo? ¿Cómo se distingue? El viejo, mirándole directamente a los ojos, le dijo: – Eso es lo bueno del asunto. Cuando lo encuentras, lo sabes. Es una conexión mucho más allá de lo terrenal. Es un encaje perfecto. Y lo notas. Sólo hay algo de lo que debo avisarte: que los corazones latan exactamente al mismo tiempo, no significa que tengan el mismo número de latidos. Así que, puede ser que un día, uno se pare y el otro siga latiendo. Y esa es, te aseguro, la mayor tristeza que puede sentir un ser humano. – ¿Pero en qué momento pasa? ¿Cuándo se sincronizan? ¿Cómo es posible que haya dos corazones que latan exactamente igual? Preguntaba compulsivamente el chico. – No se sabe a ciencia cierta. Hay quién dice que tiene que ver con la música. Cuentan que hay un día, en el que al escuchar una canción, coincides con alguien en algún lugar del mundo. Esa persona está escuchándola exactamente en el mismo punto que tú. Tiene que ser por separado y no funciona si hay más de dos personas escuchándola. Pero dicen que, si se da esta coincidencia, si solo dos personas en el mundo la escuchan perfectamente sincronizada, sus corazones se fusionan para siempre. Pero eso es solo una leyenda. Fascinado por la historia, el chico sintió curiosidad y preguntó: – Y usted, señor, ¿lo ha encontrado? El hombre bajó la mirada y con un suave hilo de voz, susurró: – Sí. Yo tuve la suerte de encontrarlo. Y vivimos la historia de amor más maravillosa del mundo. Pero, como te dije, el número de latidos casi nunca coincide. Y ahora solo espero que mi corazón decida pararse, porque sé que jamás volveré a encontrar uno que lata al mismo ritmo que el mío. – Lo siento mucho. Dijo el joven. – Solo espero que haya disfrutado mucho de esos años tan maravillosos. – ¿Años? Lo hubiese dado todo por pasar un año a su lado. Tan solo hace una semana que la encontré y ayer se marchó. – ¿En serio? ¡Joder, qué injusto! Toda la vida esperando conocer a alguien con quien vivir y cuando llega… – No hijo. No pasamos la vida esperando conocer a alguien con quien vivir. Pasamos la vida buscando a alguien por quien merezca la pena morir. Y creo que ella, después de mucho sufrimiento, lo encontró. Su razón para que toda su vida hubiera valido la pena fui yo. No puedo ser más feliz.

A Odalys.

Por Alex Pelayo.

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