Añoranzas. Miguel González.

Sigo atado a la máquina, no se porque lo siento así, tengo un año que me desprendí de ella, me sigo preocupando por ella hasta en mis sueños, me levanto con una ansiedad fuerte por saber cómo está, me dieron este pequeño departamento donde por fin puedo tener estabilidad en la vida, donde puedo comer hasta cansarme sin que la comida se acabe, los primeros días fueron emocionantes, ya no estaba atado a algo, mis problemas se habían solucionado, pero esa ausencia de problemas me hace añorar mi vida pasada, desde que nací estuve al lado de esa gran máquina, siempre le dábamos mantenimiento, le instalábamos las refacciones para que no fallara, si había un problema con la maquina teníamos que repararla al instante, entonces siempre estaba en funcionamiento, teníamos una rutina diaria y extenuante. Mi generación en cierto punto fue llamada la esclavitud moderna, no teníamos grilletes ni esposas como en los tiempos del feudalismo, sin embargo estábamos atados a las necesidades que nos generaba el sistema y le agregábamos la carga adicional para pretender ser más de lo que éramos, si no hacías esto no te daban el valor como persona, y en consecuencia no eras nadie, varios fueron sucumbiendo en el camino por ser débiles mentales, personas defectuosas les llamábamos nosotros, debo decir que mucha gente eligió las puertas falsas por sus males mentales.

Sin embargo la automatización llegó a nuestra vida, el nuevo sistema hizo que nos desecharan de nuestro lugar de trabajo, ya no éramos personas útiles, los robots tomaron el control, mi única especialidad en la vida se convirtió en hacer nada, me siento frustrado ya que no le encuentro sentido alguno al vivir, con mis nuevo derechos como ciudadano ya no me tengo que preocupar mas por tener una estabilidad económica, el estado de bienestar se hará cargo de nosotros, y vamos a ser libres de hacer lo que se nos plazca, sin embargo, yo no me siento libre con esta nueva condición, estoy acostumbrado al trabajo, estoy acostumbrado a seguir reglas, a que me ordenen, no quiero ser un flojo que no haga nada, suena estúpido, pero quiero que alguien me haga sentir que soy útil, requiero esa energía negativa que me daba ese trabajo esclavizante, ahora yo soy alguien deficiente ante este nuevo ecosistema, mi decadencia ha empezado.

Miguel González.

*Ilustración: Leon Bonnat. Job. 1880.

Ideas arrinconadas en la noche 88. Pablo Jara.

Volver a encontrarme es lo que me aterra, el estruendo de la consciencia, golpea día y noche, ausencia de virtudes presencia de pasiones.

Pablo Jara

*Ilustración: El cuerpo de Abel encontrado por Adán y Eva, 1825, William Blake.

Corazón de niña. Melina Aldana.

Su corazón de niña se quiere salir, se ha cansado de luchar con la herida del abandono, se logra refugiar en los que son su espejo y su sangre.

Tranquila mi niña deja tus arrebatos infantiles, para ir un paso a la vez, respira, mira hacia el mar y sumérgete en esa ola creciente.

Melina Alejandra González Aldana.

*Ilustración: John Singer Sargent. The Daughters of Edward Darley Boit. 1882.

O varar, o naufragar. Víctor Hugo Ávila Velázquez.

Un rosado

atardecer

revelaba

del sostén

a las olas

encalladas

sobre

su piel.

.

Trepidaba

mi corazón

y caía

de sed.

.

O varar,

o naufragar,

en la pasividad

de sus mares.

.

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Ilustración: Ilya Repin. Sadko in the Underwater Kingdom.

El baile. Miguel González.

Nunca se me dio el baile, pero la vi a ella, la vi tan fresca, sus movimientos eran tan libres tan perfectamente efectuados, era espontánea, con su mirada enamoraba a niños, jóvenes, hombres y mujeres por igual, su danza no paraba, una banda musical se acercó para hacer feliz el momento, muchos se unieron al barullo del baile, todos sonreían, reían, se había convertido en una gran fiesta, el carnaval había llegado en otoño, la alegría se desbordaba entre la gente, yo torpe como siempre, entré al barullo, empecé a bailar igual que ella, con movimientos artísticamente bellos, se convirtió en algo imparable, no quise parar porque me daba vida, persona que llegaba, persona que sacaba excelentes pasos de baile, y más bellos aún, nos convertimos en artistas de bailes súbitamente, todos unidos en una coreografía.  Pasó la mañana, pasó la tarde, pasó la noche, pasaron 5 días, fuimos cayendo uno por uno, primero ella, la hermosa, con la cara fatigada, con los pies ensangrentados, con sangre saliendo por su nariz, cayó súbitamente, por la inercia del baile nadie pudo pararse a ayudarla, ahí quedó inconsciente, la muerte llegó por ella unos minutos después. Todos ante esta situación no pudieron detenerse, estábamos en una inercia del universo, un bucle eterno, algo imparable, la belleza pasó a desesperación, los movimientos seguían siendo hermosos pero las miradas de seducción al hacer un pase de baile pasaron a ser expresiones de terror, las caras de los presentes se empezaban a desfigurar, lágrimas de sangre salían por cualquier poro de la piel, los gritos de aliento pasaron a ser gritos de miedo desgarrando la noche, y la muerte esperaba alrededor de la pista de baile donde elegía a su próxima víctima, la vida se esfumó de mí el sexto día.

Miguel González.

*Ilustración: Pieter Brueghel el Viejo. Danza campesina.

Ideas arrinconadas en la noche #166. Pablo Jara.

¿Seré yo para ella?, ella odia esta pregunta, no le gusta como la amo, y aunque uso el cerebro y el corazón, me idealiza en el amor, a mí que la razón siempre me golpea.

Pablo Jara.

*Ilustración: Norman Rockwell.

Drama. Cecilia Ávila.

Vas entrando en el pórtico de lo obsoleto.

No hay poemas y mucho menos flores.

Todo se vuelve drama.

Ve escogiendo la madera de tu baúl.

Ese baúl que también será obsoleto.

Cecilia Ávila Velázquez.

*Ilustración: Ivan Nikolaevich Kramskoi. Jesus in the desert. 1872.

Una pintura. Fernando Escobar.

La vida claro-oscuro y acuarela,

árbol, amor, madre y mujer, bóvedas

azules, feroces insectos, ruidos de

maquinas,

cumbialternativacusticansestral,

hombres, dioses con caras de niños,

sepulcros profundos grises y de concreto,

mármol y lágrimas, flores y lágrimas,

secuencia absoluta, eterna, disposición,

acoplamiento, la vida claro-oscuro y acuarela.

.

Fernando Escobar G.

Ilustración: Michele Poirier Mozzone.

Disonancia. Miguel González.

El frio de la noche me pega en la cara, también está dentro de mí, destruye mi calidez, al final del camino veo una luz tenue, pudiera ser mi salvación o mi fin, no lo sé, para llegar a este punto seria algo revitalizador, me daría energía y sentido a mi vida. He pasado por varias tormentas y pasado por muchas cosas en mi camino, y no parece que esto termine, nunca termina. Cada vez que paso algún infortunio en el camino mi miedo toma control de la situación y todo se vuelve un desastre, la desconfianza de mis habilidades me vuelve un muerto, la atmósfera a mi alrededor se torna gris y sin sentido, la desesperanza toma control, mi energía va menguando, y me va destrozando por dentro como un parasito, alimentándose de mí. Al principio podía lidiar con las aventuras hasta se me hacían excitantes, pero llegue a ese bosque frondoso, lleno de pinos, lleno de oscuridad y me fue consumiendo con cada paso que daba, cada vez que encontraba el sendero, volvía a perderlo, no me concentraba en lo más mínimo, cada día perdido en ese bosque mis hombros se sentían mas pesados, mi cabeza se empezó a llenar de estrés por que no podía descifrar el bosque, no entendía, estaba bloqueado, hubo momentos que lloraba y me arrastraba rogándole a los arboles que me dejaran salir, cada día volteaba hacia el cielo en búsqueda de respuestas sin encontrar nada, mi mente empezaba a jugarme sucio, las puertas falsas se hacían más nítidas con la desesperación, hasta que un día vi una luz a lo lejos, me aferre a ésta, no sé si fue mi imaginación o realmente estaba ahí, no se si pasaron horas y días hasta llegar al final, por fin pude salir de mi mismo, del bosque, no entiendo aun el camino del todo, ese bosque me quitó mi energía y mi paciencia, todo se consumió dentro de mí, mi ambición me pedía buscar un lugar cómodo donde descansar, donde dormir, donde recargarme de energía. Llegué a ese lugar donde estaban cimentados muros a media altura, había escuchado hablar de él, la leyenda decía que me iba a purificar el alma, que me iba a ayudar en el camino, sin embargo no sentí nada, culpe al bosque porque me quito las emociones, me sentí decepcionado de mí, seguí hacia delante, hacia la nada, hacia lo salvaje, sentía la disonancia dentro de mí, la decepción fue creciendo apoderándose como cáncer dentro de mí, sin embargo había algo dentro de mi que no se rendía que me hacía mirar hacia el frente, no fue la esperanza, no fue un ser superior, fue mi yo, el que estaba encerrado en mi pecho, el que siempre esta reprimido, el que no puede salir, en el que no confías hasta que no tienes opción, entonces el te aconseja y toma esa decisión que tu no te atreves, y pone las cosas claras, tu cobardía toma ese papel importante, y empieza a tomar las decisiones mas valientes que puedes pensar, el camino es largo aun, el bosque solo fue algo que movió muchas cosas dentro de ti y la disonancia aún seguía dentro de mí.

Miguel González.

Ilustración: Vasily Shulzhenko. 1949. Attack of the Titans.