Los gemelos y la pérdida. Víctor Ávila

A Enrique Huerta Salazar

El padre de los gemelos, recostado en un montículo de zacate, apuntaba a un venado mientras su cigarrillo se consumía sin ser calado. Moreno, uno de los gemelos, respiraba con agitación mientras miraba hacia el venado esperando a que el balazo fuera certero. Blanco, el otro gemelo, contemplaba a su padre y se acomodaba el sombrero.

– ¡Carajo! – dijo el padre al fallar el tiro.

El padre se levantó y silbó para que se acercara su perro, este llegó jadeante. Le cedió el rifle a Blanco, Moreno pateó el pasto desprendiendo las raíces, tomó una, la puso entre sus labios agrietados y caminaron en busca de una nueva posición.

Caminando bajo el sol que los tostaba, los gemelos miraban los pasos de su padre, Moreno se preguntaba ¿qué demonios lo hacía verse más grande que los otros hombres? Mientras Blanco se preguntaba si su madre aún estaría mojando y peinando a sus rosales… ahora ya le pesaba el rifle en una cuesta.

– Aquí, Blanco, desde aquí, ves esos de allá… mátate uno hijo.

Blanco apuntó, disparó y mató a un venado.

El padre se echó a reír mientras acariciaba la cabeza del perro,  Blanco se volvía a acomodar su sombrero cuando Moreno le arrebató el rifle, exaltándose.

– ¡¿A dónde Papá?!

– Allá… para arriba Moreno, pero primero vamos a ver ese venadito.

Y lo vieron,  notaron que era una venada preñada, y el padre volvió a reír.

Retomando el camino, Moreno subía rápido por la colina junto con el perro, adelantándose a Blanco y a su padre. Cuando ellos lo perdieron de vista en la subida, en la cima se escuchó un disparo y un aullido.

– ¡Dios! ¡Moreno! – dijo Blanco y corrió rebasando a su padre que se había tropezado y descendía por la colina.

Moreno lloraba, su pierna estaba cubierta de sangre que empezaba a secarse con el sol, como la sangre de la cabeza de su padre; que brotaba de un hoyo del tamaño de una bala de caza.

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez.

*Cuento publicado en el libro: Retratos en marco de piedra en el 2010.

** Jules Bastien-Lepage – “La cosecha” (1877, óleo sobre lienzo, 160 x 195 cm, Museo d’Orsay, París).

El uso de la sinrazón. Pablo Jara

Lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro. Dicho popular.

 

Las ofensas de los ofendidos, los ofendidos piensan que los sentimientos solo pertenecen a ellos, los demás son robots, los ofendidos no conocen la palabra dialogo, tampoco conocen la palabra perdón, a ellos sólo les interesa su dolor, seres egoístas que se alimentan de palabras no dichas, les es más fácil destruir que construir, la bandera de la incongruencia es con la que van de avanzada, es este mundo jodido sólo ellos son víctimas, escupen al cielo pretendiendo no saber que pasara, ya sabemos que a cada acción una reacción totalmente opuesta, la ofensa de los ofendidos es el desdén, el valemadrismo, alimentándose de un orgullo por si mismos pisoteado, ya habló Jesús de ellos: ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lucas 6, 41-42).  Los ofendidos no piensan en el futuro porque no tienen percepción del tiempo, y sin duda es mejor ser un vencido del tiempo que un ofendido sin tiempo.

Pablo Jara.

* Kerry James Marshall – “A Portrait of the Artist as a Shadow of His Former Self” (1980, temple sobre papel, 20 x 16 cm).

 

Titulo: ninguno. Melina Aldana.

La omisión decapita las esperanzas, si la verdad es silenciada por el miedo, le quedará un espacio en la garganta y al hacer un fuerte sollozo o una enorme carcajada su alma saldrá disparada y aligerará sus cargas. Si la verdad es callada por placer puro, ya tiene un lugar en cualquiera que sea su infierno.

Melina Alejandra González Aldana.

*Peter Paul Rubens y taller – “Orfeo y Eurídice” (1636-1638, óleo sobre lienzo, 196 x 247 cm, Museo del Prado, Madrid).

 

Había una ventana. Cecilia Ávila.

Había una ventana

Los cuchillos estaban en mi espalda

me rompía en gruesos pedazos

sin llanto me alejaba pesada

por la puerta que estaba cerrada.

 

Cecilia Ávila Velázquez.

*Barkley L. Hendricks – “Lawdy Mama” (1969, pan de oro y óleo sobre lienzo, 136 x 92 cm, The Studio Museum in Harlem, Nueva York).

 

El amor sin título. Emilio Cabral.

Amor no es aquel que pláticas y presumes a la gente, créeme que poco le importa si andas con alguien, amor es el que se anuda en tu pecho, te carcome las entrañas, te corta la cabeza de un tajo, te arrebata tus sentidos, tus sentimientos y el alma, ese es verdadero amor, matarías a alguien por tenerlo, no seas tibio, el amor no es ambiguo, no hay dos caminos en el amor, no hay términos medios, no se trata de una compra-venta, no estás ahí sólo buscando placer, puede doler y puedes sufrir, pero a quien le importa cuando lo haces de verdad, lo haces por amor, no hay que morir de amor ni de tristeza, pero hay que vivir por algo, algo sin intereses de por medio, algo como el amor, no importa si son mil años o son 3 días, ama como si fuera a acabar, en el momento que no lo tengas veras que valió la pena cada una de las cosas, no llorarás por no tenerlo, estarás feliz por haberlo disfrutado, no sufrirás una pérdida ganarás una experiencia y no olvidarás amar, fortalecerás tu forma de amar.

 

Emilio Cabral.

*Francisco de Goya – “El pelele” (1791-1792, óleo sobre lienzo, 267 x 160 cm, Museo del Prado, Madrid).

Para morir bien. Pablo Jara.

No creo en la trascendencia, seré materia, seré este vaso de agua que estoy tomando.

Octavio Paz.

 

La otra noche recordé esa frase que dice “la idea de la extinción me tranquilizó”, llegó a mi memoria mientras me encontraba alterado, acostado a punto de dormir pensaba en la muerte, en mi muerte y algo comenzó a oprimir mi pecho, me levanté y puse los pies en el suelo, la idea de la extinción me tranquilizó, como una flama que no espera a morir para ser incendio, cuando vuelva al polvo, tiren mi ropa y mis zapatos, ya no estaré en esos objetos que ni a posesiones llegan, saquen mis notas y diviértanse con ellas, puede que ahí si me encuentren, hojea mis libros, corrección, hojea esos libros, de nadie y de todos, de algunos saldrá algo, tal vez tuyo o para ti, verdaderos tesoros, los pequeños días guardados, ese puede ser mi paraíso.

 

Pablo Jara.

*Escuela italiana – “Soldado muerto” (siglo XVII, óleo sobre lienzo, 104 x 167 cm, National Gallery, Londres).