Us. Jordan Peele. El Conde Filmstrostky.

ADVERTENCIA: Afortunadamente soy negro, lo digo para los que no lo saben, y siendo así, me permito hacer las siguientes observaciones, que en un bajo criterio serían consideradas racistas o estúpidas.

En su primer film “Get out”, Jordan Peele, como director y guionista, hacía notar la intensidad de que su género que era un especie de “suspenso para-y-o de negros” ¿Por qué para-y-o negros, Conde? Preguntarán ustedes. Y les digo, lectores, porque la trama general era sobre el temor que “también existe” de los negros hacia los blancos. Lo repito: los negros también le temen a los blancos. Osea ¿no nada más los blancos le temen a los negros? Así es, los negros también tiene miedos y, al parecer, un miedo particular hacia a los blancos y que no es para menos… Así pues, está lejana, inusual y ridícula percepción en la white-people le valió a “Get Out” el Oscar Incluyente, ese Oscar que quiere decir que no se olvida de la gente marginada, o de los hispanos, o los negros, o los inmigrantes, quien sea menos ellos, ese Oscar que da la academia en EUA para volverse casi una asociación civil, ese Oscar que no vale más que cualquier otro Oscar, porque los Óscares, queridos amigos, no vale ni el prejuicio parcial sobre el cine de mierda que hace EUA para su gente, ósea que no pierdan el tiempo valorando algo que valoró el Oscar, nunca confíen en ese premio, es más, nunca hablen de ese premio, porque, mis estimados lectores, si lo hacen parecen idiotas e ingenuos. En fin, pero que exaltado estoy hoy.

Ahora bien, aclarada esa pendejada de premio, continuemos con “Us”, y es que en esta película, Jordan Peele, ahora nos demuestra otro ángulo, otra visión que también se perdía el americano promedio y que es acerca del miedo, pero ahora del terror de un negro hacia otro negro. ¡Vaya genio! ¡A quién se le iba a ocurrir que entre negros se tienen miedo y más si se trata de ellos mismos! ¡Oh por Dios, que genialidad! Por eso el blanco americano promedio gordo y con calor, le gusta este director, estas películas y extasiado ante tanta verdad demostrada, aplaude y festeja el don de Jordan para contarles sobre los negros y sus miedos, sus temores y sus vidas sin resultar tan “racista”. ¡Bien hecho, Jordan!

Independientemente a la mercadotecnia del cine americano, tenemos que ser sinceros y lo bueno, es que aquí está el Conde para hacerlo, amigos, para decir que es una mierda de película americana. Sin embargo, funciona porque funciona, te asustas porque en verdad te asustas, aparte de que eres un miedoso y te cagas de todo, pero si, es una mierda de película.

Lo único sobresaliente es la actuación de Lupita Nyong´o.

 

1/5 Estrellas.

Pd.- En febrero de 2020 ya hablaré de su gusto cagado por los Óscares y cómo es que ignoran los grandes festivales de cine.

 

El Conde Filmstrostky.

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Huida. Víctor Ávila.

Tan infame como tu galopante sonrisa

voy pronto con la maleta revestida

no admito que tu amor sea intermitente.

 

Que los detalles causen sus memorias

de tus pecosas piernas educándome

de tus órbitas rosadas perturbándome

de tus dedos dentro de mí hasta el final.

 

Y que no me he confiado de las mujeres

me fié en lo masculino que escondían

bendito huracán que envolvía mi pudor.

 

Que me amparaba de tu equilibrio

de la cuerda floja, que se afloja

mientras tú te acaricias sobre mis libros

mientras tú te acaricias sobre mi ausencia.

 

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

*  Rembrandt Harmenszoon van Rijn. The Prophetess Anna. 1631.

Macbeth. Justin Kurzel. El Conde Filmstrostky

Creo que es una de las peores adaptaciones de Macbeth. Quizá por eso el ensayo desesperado de lo surrealista, lo ambiguo y la constante pretensión de querer salvar el film con un trabajo actoral de tintes comerciales, en este caso, conformado por las sabrosuras de Marion, Fassbender, y un tímido David Thewlis. Aun así, sobra todo, duerme mucho y cae en el olvido, en picada y con un sabor amargo.

1/5 Estrellas.

 

El Conde Filmstrostky.

Las lluvias más siniestras. Víctor Ávila.

A Efrén Ávila Moreno.

 

Un hombre de baja estatura, que se llama Friedrich, ve desde su ventana que la lluvia era intermitente y cálida. Que la lluvia regaba a la calle y emanaba calor junto con la tierra que enlodaba a las paredes. Veía que las brisas salpicaban a los árboles en donde los perros se refugiaban empapados, lamidos de su pelaje con los ojos abiertos; están confundidos. El ruido que produce la lluvia en su caída es apretada, como no queriendo llegar al suelo, pero caía en un ruido armonioso. El viento también se oye silbar sobre su ventana que es un cuadrado grande, un marco de madera divido en cuatro con su cristal, pálido, antiguo, casi cadavérico.

Las gotas golpean sobre la ventana y la hace temblar. Friedrich se estremece pero no se aleja, sigue lloviendo y continúa mirando hasta que suena el reloj en medio de la sala anunciando la hora. Friedrich se siente interrumpido y mira el reloj. Arquea sus cejas, el minuto pasado le pareció corto de tiempo. No sintió lo que un minuto dura con regularidad. Friedrich presiente que le han robado un minuto antes de la hora. Quizá por tres o cinco segundos, una exageración supone. Friedrich prende el cigarro que saca desde su abrigo, recuerda que la lluvia vino de repente. Friedrich vuelve a sumirse en sus pensamientos con la lluvia, sobre su ventana y suena el reloj anunciando la misma hora.

Alguien está hurtando el tiempo de Friedrich y él lo sabe.

La lluvia empieza a insistir, a querer llamar la atención de su observador, pero él fuma y mira el reloj, lo reta a que se mueva rápido, ahora sabe que no fue por cinco segundos el último robo, fue por veinte segundos, treinta segundos ¿medio minuto? ¡Medio minuto: un minuto! La lluvia pierde fuerza con lentitud, ya no requiere más su atención, pero el pobre de Friedrich la extraña y mira hacia la ventana dejando de ver el reloj que ahora vuelve a sonar la misma hora anunciada. Lo que antes se le conocía como minuto ha pasado una vez más.

Friedrich se siente inquieto ¿asustado? Sí, tal vez más que eso; está temeroso de que el tiempo se vuelva algo que no tenga medida. Algo triste que no tenga nombre, un nombre así, como la lluvia, la lluvia que ahora sucede en la calle y que él no alcanza a ver. El reloj suena igual. Ya sabemos lo que significa, pero Friedrich no.

La estatura de Friedrich le impide alcanzar el reloj. Lo quisiera tomar y aventar por la ventana, no importa que se rompa, así la lluvia entraría a poner orden al tiempo. A estas horas el minuto dura quince segundos, ¿Quién es el ladrón? Quizá no haya ladrón y el tiempo juega con los hombres pequeños. Quizá sea la lluvia que se escucha en la calle. Suena el reloj y una vez más tortura a Friedrich.

La locura es algo inevitable en momentos así y Friedrich grita sandeces. Le grita a la lluvia, le grita al tiempo y le grita al reloj que vuelve a sonar para recordarle qué un minuto más ha pasado. El tiempo parte.

Friedrich saltando apenas cabe en un minuto de cinco segundos.

El minuto de cuatro segundos cae con la lluvia.

Un minuto sucede en tres parpadeos.

Suena el minuto, suena otra vez.

Friedrich es un segundo.

Friedrich era.

Afuera, todavía, la lluvia mojaba la tarde y humedecía a las personas: las plantaba en la tierra y les brotaba cualquier fruto en sus rostros serios, cualquier flor.

 

 

Víctor Hugo Ávila Velázquez

* Alice Neel. Robert Smithson. 1962

** Cuento publicado en el libro “Las raíces de un oasis”. 2018.

Un asunto de familia. Hirokazu Koreeda. El Conde Filmstrostky.

De este director japonés siempre espero lo mejor. Me gusta ver sus películas en el verano. De preferencia cuando llueve, pues sus obras remontan al paso del tiempo. Una vez más acertó con su argumento, ese que tanto nos ha estado diciendo con cada película que saca. Quizá sea como el pintor que vuelve a pintar el mismo cuadro, pero siempre, mejor. Varía con sus otras historias, sin embargo, no deja de hacer que se me estruje el corazón y lo tenga que volver a devorar.

Pd. También amo a su habitual actor Lily Franky que me levanta una sonrisa a cada gesto que da.

 

4/5 Estrellas.

El Conde Filmstrostky.

Aquarius. Kleber Mendonça Filho. El Conde Filmstrostky.

Larga y hermosa producción de dos horas y pico. Sutilmente separada por capítulos que permiten una caminata de secuencias armoniosa. De gran sonoridad que aprueba la búsqueda del soundtracks para tenderse un día cualquiera sobre las playas. El valor y los personajes tan fuertes como verosímiles. Una película para educar y amar. Nada más que agregar que su total atención.

 

4/5 Estrellas.

El Conde Filmstrostky.

 

La brisa. Cecilia Ávila.

Un hueco húmedo lleno de inquina para flotar en él.

Un soplo fuerte donde te ciega el polvo.

Un sabor de sal en la lengua que escupe la verdad.

Es, en momentos, la sequía de este corazón.

 

Cecilia Ávila Velázquez.

*Storm at sea. Iván Konstantínovich Aivazovsky.